¿Podemos encontrar por fin nuestro camino de vuelta a casa?

 

Si no te conviertes en el océano, estarás mareado toda tu vida.

 Leonard Cohen

 

Se dice que, en general, el individuo tiende a sentirse infeliz no por lo que sabe sino por lo que no sabe. En otras palabras, tenemos que recordar, volvernos a conectar.

La humanidad ha estado durante mucho tiempo en una era de añoranza, y esta desconexión, esta separación, está en la raíz de muchos de nuestros males sociales.  Estamos en crisis, individual y colectivamente, y anímicamente; es una crisis del corazón, y la sociedad refleja estos quebrantamientos. Este anhelo de retorno, reunión, reconexión (como sea que queramos nombrarlo) ha estado en el núcleo del inveterado impulso «espiritual» o de desarrollo. El camino de conexión profunda, de comunicación esencial entre el Ser y la Fuente nunca es fácil ni automático; debe reconocerse y admitirse. Un buen médico no ofrece un remedio sin antes comprender lo que enferma al paciente; un buen doctor también sabe que el paciente lleva dentro de sí el potencial de curarse.

En la vida todo está en proceso. Nada es estático y todas las cosas, toda la vida, están en movimiento. Pero hay diferentes maneras en las que este movimiento puede operar. Puede ser gradual o puede acelerarse. Tomemos la analogía de la bellota y la oruga. La bellota, como sabemos, lleva dentro de sí toda la información que requiere para crecer y llegar a ser un roble. Lo que necesita del exterior es tiempo y condiciones ambientales favorables. Con ello puede gradualmente, a lo largo de muchas generaciones, crecer desde la bellota en el suelo hasta el gran roble que se extiende hacia el cielo. Es un proceso gradual que se mueve siguiendo un ritmo natural. Podemos decir que esto representa el sendero general de la evolución natural. Luego está la oruga.

También la oruga contiene dentro de sí toda la información que necesita para su futuro crecimiento. Puede que no sea plenamente consciente de ello, pero si sigue su instinto llegará a un punto en su vida donde sentirá la necesidad de hacer un cambio. Entrará en el estado de crisálida y, si las condiciones internas son favorables, terminará por emerger como una mariposa. Es decir, experimentará una transformación radical en algo nuevo. No será una extensión de su antiguo ser, como el roble lo es de la bellota, sino que se transformará en un nuevo estado del ser: si las condiciones internas son favorables.

Lo que esta analogía nos cuenta es que hay un crecimiento evolutivo gradual, así como transformaciones evolutivas rápidas. Tal como es en el caso de la oruga, así puede ser en el de la humanidad. Podemos elegir ser receptores de las condiciones ambientales que pertenecen al desarrollo gradual a lo largo de generaciones. O podemos hacer un esfuerzo consciente, concertado para utilizar las condiciones internas y desencadenar una transformación rápida y radical de nuestro ser.

Buckminster Fuller dijo en una ocasión: «No hay nada en una oruga que nos diga que va a ser una mariposa». Los signos externos no son fácilmente distinguibles. No hay señales de neón que anuncien la capacidad interior de transformarse; pero esta existe. El programa para trascendernos a nosotros mismos está escrito en nuestro código; lo que se requiere para desbloquearlo es intención correcta. Hay momentos, épocas en el viaje evolutivo humano en los cuales se requieren cambios significativos en la consciencia, la comprensión y el conocimiento. Justo ahora estamos viviendo una de esos periodos monumentales de transición. Y lo que es más, deberíamos ser conscientes de ello para no convertirnos en nuestro propio obstáculo.

Se dice que cuando la gente intenta enérgicamente adivinar una carta o el número de un dado cometerá tantos errores que llega a ser estadísticamente imposible que se equivoque tantas veces. ¿Y por qué es así? Lo que los psicólogos han demostrado es que, de hecho, la gente acierta la mayor parte de las veces, pero algún «censor interno» evita que lo admita, y en realidad lo bloquea de suerte que hace que se equivoque. ¡Tenemos un detector incorporado que en lugar de darnos la razón realmente funciona para demostrar que estamos equivocados! Una parte de la personalidad humana busca activamente proteger las formas existentes de pensamiento de una persona –su estatus quo y su sentido de familiaridad– para que no traspase los límites más allá de su condicionamiento o programación social.

No soy el único que siente que ha llegado el momento, incluso que estamos más que maduros, para que llegue un cambio. Nuestros modos de entender y nuestros parámetros de pensamiento han empezado a cambiar –o se ven forzados a hacerlo– por las condiciones cambiantes. Las grietas en los paradigmas dominantes de pensamiento se están haciendo obvias para que la mayoría las vea.

En el mundo moderno, la gente está comenzando a comprender, fuera de la terminología religiosa, el concepto de la Realidad absoluta única. Ahora la ciencia está confirmando lo que los místicos y los sabios han dicho a lo largo de los siglos.  Las ciencias cuánticas han validado que existe un campo cuántico subyacente, al que a veces se han referido como vacío cuántico, plénum, matrix, o incluso campo akásico. Desde este campo colectivo subyacente se manifiesta toda la materialidad.  Es decir, toda existencia material está básica e inextricablemente interconectada; y toda la vida está conectada con el mismo campo subyacente. Más aún, este campo «unificado» subyacente no solo es energético sino también consciente. Según la antigua comprensión védica: todo es Brahman. No hay nada que no sea Brahman, porque fuera de Brahman no existe nada, porque todo es el antiguo Brahman. Dentro de una mente unificada, todo está en comunicación –o comunión– consigo mismo. Después de todo, ¿por qué nosotros los humanos, como seres físicos-animados que somos, no deberíamos ser capaces de comunicarnos con la Fuente Unificada a partir de la cual nos manifestamos?

Es hora de sanar nuestra fragmentación y polarización. Ya no podemos seguir encontrando cohesión en nuestras burbujas de existencia separadas. Es como si estuviésemos tratando de aferrarnos desesperadamente a una orilla cuando de hecho somos el océano, y eso hiciese que nos mareásemos. Como Leonard Cohen tan acertadamente expone: Si no te conviertes en el océano, estarás mareado toda tu vida. Estamos sintiendo ese mareo entre nosotros mismos y por todo el mundo. Hemos estado haciendo colectivamente cosas erróneas durante tanto tiempo que pensamos que renquear es la manera de andar. Es tiempo de enderezarse y de que nos pongamos derechos. Tenemos que encontrar equilibrio y cohesión en nuestro interior y dentro de nuestras diversas sociedades globales. Pero, en primer lugar, dentro de cada uno de nosotros. Tenemos que hacer que esas condiciones internas nos sean favorables de manera que podamos acelerar nuestro desarrollo fuera del estado actual de crisálida.

Ahora, para nosotros, la pregunta es: ¿podemos encontrar nuestro camino de vuelta a casa?  ¿Cuáles son las implicaciones para el ser humano, en cuanto a propósito y sentido, de reconocer que toda existencia es una manifestación de una fuente unificada subyacente? ¿Cuáles son nuestras responsabilidades? ¿Cómo repercutirá esto sobre nuestro futuro humano? ¿Cómo podemos enriquecer nuestras vidas? Son interrogantes significativos de nuestro tiempo: y el tiempo es ahora.

Es hora de realizar nuestro camino de vuelta a casa. Hemos estado tomando el camino equivocado durante demasiado tiempo y no podemos permitirnos seguir extraviándonos más. Es hora de llegar a casa: de llevarnos a nosotros mismos a casa.