¿Podemos sanar por fin nuestro trauma colectivo?

 

«Un pájaro pintado en una jaula»

Aurobindo

¿Por qué justo ahora hay tantas cosas en el mundo que son perjudiciales para nuestro bienestar? Se diría que, de muchas maneras y a muy diferentes niveles, es obvio que hay algo básicamente erróneo en cómo está el mundo. Somos una especie de carácter noble, con un gran espíritu, y con un alma sagrada. La mayoría de la gente solo desea en sus corazones el mejoramiento de los demás: la equidad, la compasión y la comunión. Y aun así lo que vemos que pasa en el mundo no es otra cosa que una auténtica locura. Tenemos que decirlo tal como es: estamos experimentando un trauma colectivo a escala global.

En mi trabajo reciente he propuesto la posibilidad de que cierto tipo de infección o contagio mental y/o inconsciente haya producido una forma de irracionalidad –o «locura»– que actualmente ha llegado a normalizarse en nuestro interior de tal manera que apenas reconocemos su presencia.[i] Más aún, esta «presencia» se ha integrado en diversas formas de condicionamiento social (o quizá incluso las produzca) con el fin de ocultar su existencia. Esta locura normalizada usurpa los patrones genuinos de pensamiento, con el resultado de que cuando todos compartimos la psicosis colectiva la locura del mundo parece una «característica normal» de la civilización humana. Y a aquellas personas que están «despiertas» respecto a la irracionalidad y la locura se las considera «chifladas». He aquí un cuento esclarecedor:

Había una vez un rey sabio y poderoso que gobernaba en una remota ciudad de un lejano reino. Y al rey se le temía tanto por su poder como por su amor a la sabiduría. En el corazón de la ciudad había un pozo cuya agua era fresca y cristalina, y todos los habitantes bebían de ese pozo, incluso el rey y sus cortesanos, porque en la ciudad no había otro pozo.  Una noche mientras todos estaban dormidos, una bruja entró en la ciudad, vertió en el pozo siete gotas de un extraño líquido y dijo:

«A partir de ahora, quienquiera que beba esta agua enloquecerá».

A la mañana siguiente todos los habitantes bebieron agua del pozo, excepto el rey y su lord chambelán, y enseguida todos se volvieron locos, tal como la bruja había predicho. Durante ese día, toda la gente recorría los estrechos callejones y las plazas públicas cuchicheando entre sí:

«El rey está loco. Nuestro rey y su lord chambelán han perdido la razón. Como es natural, no podemos ser gobernados por un rey loco. ¡Debemos destronarlo!».

Esa noche el rey mandó que le trajesen una copa de oro con agua del pozo. Y cuando se la trajeron, el rey y su lord chambelán bebieron mucho. Poco después hubo un gran regocijo en aquella distante ciudad porque el rey y su lord chambelán habían recuperado la razón.

 

El rey y su amor por la sabiduría (la mente genuina) se corrompieron por las venenosas gotas del líquido de la bruja (infección/contagio) lo que resultó en la epidemia masiva de insensatez (irracionalidad/locura). Podemos decir que esta mente corrupta se ha convertido en la narrativa dominante que influye en el comportamiento social. Esta enfermedad de irracionalidad es un contagio que infecta las mentes individuales y grupales, así como inocula todo el conjunto de nuestros sistemas sociales.

La «mente cultural» colectiva se configura continuamente por las narrativas socioculturales dominantes que normalizan nuestros patrones mentales y emocionales de conducta. A continuación, estas normas se transfieren a mitos culturales que sirven para transmitir y reforzar los sistemas de creencias de la mentalidad de masas. Terminamos por validar nuestro propio pensamiento corrupto mediante afirmaciones inconscientes. Esta semilla de psicosis, una vez plantada, aspira a propagarse y fortalecerse a fin de legitimar su propia existencia «lógica». Como un cáncer mental se congracia con nuestras propias conexiones neuronales, más como un infiltrado que como un forastero, de manera que no reparamos en su presencia tóxica. Pero ahí, en las profundidades de cualquier persona sensible/sensitiva, persiste una molesta sensación de que algo no-está-del-todo-bien.

Entonces esta realidad corrupta llega a internalizarse de manera que la gente se adapta a una forma de «nueva normalidad» y a cualquiera que diga lo que piensa o cuestione este «paradigma de normalidad» se le considera raro, excéntrico o, en el peor de los casos, un hereje chiflado. Una categoría atribuida más recientemente a tales personas es la de «teóricos de la conspiración» que es un menosprecio para descartar a las personas con ideas o pensamientos contrarios a esta «norma». Y aquellas personas que parecen aceptar e incentivar tales normas son rápidamente conducidas «al redil» y apoyadas por los sistemas ortodoxos establecidos. La mayoría de quienes apoyan y propagan la enfermedad de la irracionalidad no están en tratamiento psiquiátrico sino que gestionan la mayor parte de nuestras instituciones sociales, políticas y financieras. Una gran mayoría de los portadores asintomáticos, desconocedores de este contagio mental, también se pueden encontrar en las calles, las tiendas, y por todas partes en la sociedad.  Los puestos de gran poder, en especial, representan esta irracionalidad, y a menudo a sabiendas, ya que esta apoya y fortalece la continuidad de su propia estructura de poder. Una mente irracional corrompe, pero una mente irracional en una posición de poder corrompe por completo.

La mente irracional

La presencia de la mente irracional es como una enfermedad del alma, y se manifiesta como una perturbación en el inconsciente colectivo. Justo como cualquier otro virus o agente patógeno, busca extenderse por sí mismo infectando tantos portadores como sea posible. Aquellas personas que portan la mente irracional (ya sea a sabiendas o no)  actúan como transmisores y amplificadores, reforzando su frecuencia dentro de la consciencia colectiva. Una «posesión» colectiva también puede denominarse epidemia psíquica, o perturbación en el campo. Tales trastornos pueden tener diversos efectos sobre la salud mental y el bienestar de la gente. Con el tiempo, esta mentalidad desequilibrada se estabiliza en una forma de trauma que luego se proyecta externamente.

La gente que lo padece puede llevarlo dentro de sí misma como un trauma «indefinible», y es común que esto derive hacia el alcoholismo, las búsquedas hedonistas, las adicciones, y otras dependencias como una manera de hacer frente, o escapar, a una sensación de hastío, apatía, o simplemente de desengaño del mundo. Cuando una persona se siente traumatizada, se hace vulnerable a una programación mental adicional y a una variedad de influencias y persuasiones externas. También puede ser algo muy sutil. Nuestras sociedades modernas se han construido sigilosamente con maneras de aprovechar esta vulnerabilidad a la influencia y la persuasión externas. El monje Thomas Merton dijo que las sociedades modernas sufren una crisis de cordura:

«Los problemas de las naciones son los problemas de la gente mentalmente trastornada, pero magnificados un millar de veces porque tienen la plena aprobación imperturbable de una sociedad esquizoide, unas estructuras nacionales esquizoides y unos complejos militares y empresariales esquizoides.»[ii]

Si las instituciones modernas están infectadas por un sistema corrupto e irracional de patrones de pensamiento, en tal caso, como sugiere Merton, esta inestabilidad se amplificará y empeorará. Los traumas individuales son aprobados y apoyados institucionalmente dentro de una cultura que ha fundamentado sus normas sociales en tales irracionalidades. Lo irracional se ha abierto paso y se ha implantado como la «norma racional estándar». Quizá no sea de extrañar que la gente sea tan susceptible a esta corrupción mental cuando le llega vestida con piel de cordero. Como siempre ocurre, las personas más vulnerables son normalmente aquellas que están condicionadas a la autoridad y/o la pasividad. Este rasgo, desafortunadamente, es uno de los primeros que se implantan a través de la escolarización obligatoria.

De igual modo, las personas que son fácilmente influenciables por las opiniones externas y que son propensas al pensamiento de grupo, están entre los primeros que entregan su independencia mental a fuentes externas. La mente irracional se aprovecha de esos individuos de «pensamiento grupal» ya que la «mente de masas» de la humanidad ayuda a la transmisión y la proliferación del trauma psíquico. Como el famoso psiquiatra R.D. Laing dijo en una ocasión: «el estado de alienación, de estar dormido, de haber perdido el juicio, es el estado del hombre normal… los hombres normales quizá hayan matado 100.000.000 de sus semejantes en los últimos cincuenta años».[iii] Tal vez la percepción consciente sea nuestro mayor antídoto frente a la mente irracional.

Si vamos a adquirir una perspectiva más amplia quizá sea importante observar los grandes eventos, las acciones humanas, la propaganda, las perturbaciones sociales, las luchas de poder, y todo lo demás, desde el punto de vista del trauma colectivo de la mente irracional. Los modernos patrones de pensamiento humano han sido condicionados en torno a rasgos tales como la codicia, la competición, la ambición,  el materialismo y el egoísmo; todas son características que señalan una carencia de autenticidad. La mente irracional busca desarrollar dentro del individuo mayores grados de falta de veracidad y ausencia de empatía. La escena mundial está plagada de semejantes personalidades.

El peligro de la mente irracional es que la resistencia también puede ayudar a propagarla. Es decir, la gente que comienza a oponerse a esta mentalidad corrupta a fin de sobrevivir, a menudo se encuentra adoptando sus valores. Es el tipo de pensamiento de «si no puedes vencerlos, únete a ellos». Parecería que la humanidad está luchando colectivamente para despertar de su propio estado de sueño traumático.

 

Bajo el hechizo irracional

A menudo los místicos, los sabios y las tradiciones de sabiduría han dicho que la humanidad está dormida colectivamente. La ignorancia que tenemos de este estado, y la ausencia de un conocimiento real del mismo, indica que estamos dormidos. Cuanto más cultivemos esta mente irracional dentro de nuestras sociedades y culturas, más personas se comportarán y vivirán como autómatas. Viviremos dentro de un rango más ajustado de estímulos condicionados que programan las opiniones específicas y los patrones de pensamiento que validan el control de lo irracional sobre nosotros. Una persona que está más condicionada a obedecer es más susceptible a la sumisión y al control externo. Esta podría ser ciertamente la razón por la cual nuestros sistemas de autoridad establecen órdenes rígidas de control y obediencia, por ejemplo cuando viajamos, pasamos por los aeropuertos, o somos seguidos y localizados, etcétera. Puede parecerse a una preparación para un comportamiento automatizado como requisito para una mente automática. El pensador George Gurdjieff escribió:

«Las culturas contemporáneas requieren autómatas. E indudablemente la gente está perdiendo sus hábitos adquiridos de independencia y convirtiéndose en autómatas, en piezas de las máquinas… El hombre se está volviendo un esclavo voluntario. Ya no necesita cadenas. Empieza a encariñarse con su esclavitud, a enorgullecerse de ella. Y esto es la cosa más terrible que le puede suceder a un hombre»[iv].

Adoptando la mentalidad de la mente irracional, estamos participando en nuestra propia supresión y promoviendo la conducta de un autómata. Tenemos que reconocer que muchos de nuestros sistemas sociales de turno se han establecido para corroborar y reforzar la mentalidad consensuada. Nuestro despertar genuino de este trauma no puede proceder de ningún «movimiento de masas» sino solo de aquellas personas que pueden pensar y actuar independientemente.

El primer paso que podemos dar es aceptar la posibilidad de que el contagio de la mente irracional exista. El texto gnóstico El Evangelio de Felipe dice: «Mientras que la raíz de la maldad está oculta, es fuerte. Pero cuando se la reconoce se disuelve. Cuando se revela, perece…». El peligro reside en nuestra distracción, en nuestro desconocimiento. Actualmente es necesario ver la mente irracional por lo que es: su reconocimiento y confirmación son clave. Si no podemos aportar armonía y sentido común al mundo que nos rodea, al menos deberíamos hacerlo para nosotros mismos. Es hora de despertar de este sueño maldito y sanar por fin nuestro trauma individual y colectivo.

 

[i] Véase Healing the Wounded Mind: The Psychosis of the Modern World and the Search for the Self.

 [ii] Citado en Levy, Paul. 2013. Dispelling Wetiko: Breaking the Curse of Evil. Berkeley, CA: North Atlantic Books.

[iii] Citado en Levy, Paul. 2013. Dispelling Wetiko: Breaking the Curse of Evil. Berkeley, CA: North Atlantic Books.

[iv] Ouspensky, PD. 1950. In Search of the Miraculous: Fragments of an Unknown Teaching. London:

Routledge & Kegan Paul.