El mundo en el que vivimos está cambiando rápidamente. El estado normal de las cosas ya no es fijo y estable como solíamos considerar a veces nuestras vidas, sino fluido y cambiante. Los dichos de Heráclito nos recuerdan este proceso: ‘Todo cambia, nada es’, ‘Nada es permanente excepto el cambio’, ‘Todo fluye, nada permanece’. Las civilizaciones manifiestan cambio, movimiento, paradojas, ambiguedades, y contradicciones. La sociedad no puede aceptar estancarse, de lo contrario  se derrumbará. Una sociedad viva requiere un continuo movimiento de energía y adaptación.

Nunca se pensó que el mundo que ahora habitamos llegase a ser nuestro destino, o que fuese apto para una situación permanente, simplemente porque no es sostenible. En especial, los últimos 150 años han sido un viaje acelerado, alimentado por una dependencia excesiva de un crecimiento constante y una explotación que jamás podría ser sostenible a largo plazo. La razón por la cual la sociedad humana (en términos relativos) ha llegado tan lejos y tan rápido, es que hemos experimentado una racha de crecimiento sin precedentes que hemos explotado al máximo. Como un cohete espacial que quemase su combustible impulsor para entrar en órbita, nuestras sociedades (especialmente aquellas que se desarrollaron a partir de la revolución industrial) han estado quemando el combustible durante los últimos 150 años para llegar a donde estamos. Ya estamos en la órbita global – aún nos queda algo de ese precioso combustible. O mejor dicho, combustible del mismo tipo y origen. Sin embargo, otro asunto que generalmente se ha pasado por alto es que la visión desde la órbita es extraordinariamente diferente de lo que se ve desde tierra. La situación de conjunto se puede ver mejor. La visión desde el espacio tiene un profundo impacto en nuestras percepciones – nos desplaza desde un lugar de percepción limitada, pegado a tierra, a un lugar de percepción expandida. En primer lugar, en cualquier caso,  antes de que las nuevas percepciones puedan empezar a entrar en juego y alterar la manera en la que vemos las cosas, es necesario que aceptemos que estamos en órbita – en un nuevo “espacio” – . Un asunto esencial al que nos enfrentamos es que la humanidad, en general, está tan condicionada que muchos quieren recuperar un cierto estatus quo, incluso después de que se haya desvanecido. El cambio está ocurriendo a mayor velocidad de la que pueden mantener nuestros libros de texto, incluso más deprisa de lo que se enseña en nuestros sistemas educativos. Desde donde estamos nunca podemos retroceder puesto que no existe un mundo al que volver. Ya no existe – se ha transformado mientras hemos estado viviendo en él. Como peces que nadan en el rio, el agua no es nunca la misma, fluye continuamente. Ningún pez nada dos veces en el mismo lugar, a menos que el agua esté  embalsada o  estancada.

Durante las dos próximas décadas, un factor esencial es que tres generaciones de personas compartirán una concienciación activada del cambio de percepción emergente. Los que eran adolescentes y jóvenes durante la Convergencia Armónica de 1987, que oyeron hablar de ella y quizás hasta respaldaron el acontecimiento, estuvieron entre las primeras oleadas que sintonizaron con el cambio de las nuevas energías. Sus padres, que pertenecían a la generación de la guerra, en su gran mayoría han sido incapaces de reajustarse al cambio energético.

La generación de la “Convergencia Armónica” que quizás tenía entonces entre 15 y 30 años, estará ahora en el rango entre 40 y 55 años. Muchos de ellos ya habrán formado una familia y por tanto sembrado una nueva generación, que estará dentro del rango de los 15 a los 30 años (si consideramos los 25 como la edad promedio para empezar una familia). En estos momentos, esta segunda generación, al haber nacido en un planeta con un signo energético diferente, es la más “conscientemente lúcida”  del cambio perceptivo y energético que está sucediendo. Es decir, llegaron “diseñados” para el cambio. Durante las dos próximas décadas, esta generación consciente sembrará una tercera generación cuyos componentes,  a su vez, se convertirán incluso en mayores agentes del cambio puesto que todos llegarán con un rango completamente diferente de consciencia, totalmente ajustada a las nuevas energías del siglo XXI. Por lo tanto, hacia el 2030, veremos algo como esto:

  • t Generación: 58–73
  • 2ª Generación: 33–48
  • 3ª Generación: 8–23

La 3ª generación marcará el inicio de una nueva sociedad que surgirá de las cenizas de la actual, y parecerá incomprensible e inaceptable tanto para la  generación más vieja como para la gente que ahora forma parte de la generación más joven. Esta es la razón por la que yo la denomino como Generación Fénix, ya que surgirá de las cenizas de nuestros antiguos sistemas sociales. Muchos de los jóvenes de hoy, divididos entre delincuentes y progresistas de pensamiento vanguardista, parecerán en gran medida ineficaces, exactamente como el viejo sistema que se derrumba nos parece hoy jerárquico, hipócrita e idiotizante. La ‘generación fénix’ rehusará  aceptar los sistemas de creencias dogmáticamente mantenidos por las  sociedades actuales; exhibirá un marco de referencia más allá del estuche que nos está asfixiando. La ‘generación fénix’ tendrá una perspectiva y un conjunto de percepciones modificadas. No se adaptarán al cambio – nacerán como cambio. Son los agentes, íntegramente diseñados, necesarios para dar a luz a las nuevas estructuras sociales. También representarán el pensamiento nuevo – la nueva consciencia – que caracterizará nuestras nuevas sociedades globales.

El mundo está sobreviviendo y moviéndose más allá de los sistemas mecánicos, y dejando atrás la hipocresía de la ‘espiritualidad’ comercial que condiciona a la gente a aceptar grotescas pretensiones y fantasías. La ‘generación fénix’ es probable que comprenda que la sociedad y la espiritualidad son mútuamente complementarias, y que ambas requieren visión combinada con disciplina y acción en orden a que el futuro se revele.

Como expresa el dicho: Unas pocas personas transformadas pueden transformar millones; millones de personas no transformadas no pueden hacer – o ser – practicamente nada. 

Kingsley L. Dennis

 

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RESPUESTA A KINGSLEY

La Generación del Amor . . . . .

En mi última carta, “Recordando quienes somos realmente” (Remembering Who We REALLY Are) mencionaba que a comienzos de este año había leído la publicación de Kingsley Dennis   ( http://www.huffingtonpost.com/kingsley-dennis-phd/change-the-world_b_1259401.html )   que hablaba sobre la que él denominaba Generación Fenix.

En su carta, Kingsley hace referencia al cambio de consciencia de las tres generaciones que comenzaban con aquellos que eran jóvenes adultos durante la convergencia armónica.

Él divide las generaciones como sigue:

1ª Generación – Nacida después de 1957

2ª Generación –  Nacida después de 1982

3ª Generación – La generación actual

Kingsley sugiere que los miembros de la 3ª generación, la Generación Fénix, más que adaptarse al cambio, al igual que las dos generaciones precedentes, nacen COMO cambio.

Aquello me impactó: quizás podríamos promover la definición de las generaciones asignándoles nombres diferentes de los tradicionales, tipo Generación X, al igual que Kinsley hacía con la tercera Generación.

1ª Generación

Yo me referiría a este grupo como la Generación del Miedo.

Sus padres, nacidos en el mundo de la posguerra, estaban firmemente resueltos a no   volver jamás a experimentar la “penuria”. La Generación del Miedo (mi generación) estaba, por tanto, condicionada para creer que cada uno debería seguir el Plan: ir a una buena escuela, conseguir un buen trabajo, comprar una casa bonita, asegurarse de tener un gran plan de pensión y no olvidarse de acumular algunas inversiones.

Se les enseñó que la llave para un futuro de abundancia era el CRECIMIENTO. Esto, a su vez, les llevó al MIEDO a que si no seguían el Plan se quedarían estancados en un mundo externo en continua expansión, nunca poseerían su propia casa y ello les conduciría a una jubilación asolada por la pobreza

En este escenario de el crecimiento es bueno esta generación buscaba continuamente ensanchar su mundo personal externo. Conseguir una subida de sueldo, comprar una casa nueva. Recibir un dinero extra, aumentar la cuantía de su fondo de jubilación. Si el crecimiento exponencial continuo destruye el planeta, eso debe preocupar a las futuras generaciones, no a la nuestra.

Para esta generación la simplicidad, el decrecimiento y la espiritualidad, todas ellas representaban la posibilidad de un futuro de pobreza, algo que la Generación del Miedo, impulsada por lo externo, no tenía posibilidad de valorar.

2ª Generación

Después de la Generación del Miedo vino la Generación de la Desilusión.

Inicialmente vista como desenfocada, indolente y fácil de distraer, esta generación está entrando ahora en su vida adulta. Cuando eran niños tuvieron la mayoría de las posesiones materiales que deseaban. Empezaron siguiendo el Plan al contemplar las recompensas conferidas a sus padres.

Sin embargo, cuando dejaron el colegio o la universidad descubrieron que la disponibilidad y la calidad de los trabajos se habían reducido drásticamente. Enfrentados al hecho de ser la primera generación que tenía peores perspectivas de empleo que sus padres, eso les llevó a la cólera y la desilusión.

Esta desilusión comprende además una serie de factores tales como:

  • Precios de la vivienda que están completamente fuera de su alcance
  • Generaciones anteriores que están emitiendo dinero (tomándolo prestado del futuro de esta generación)
  • La continua obsesión con el CRECIMIENTO que pone en entredicho su futuro durante el tiempo que les queda de vida

Enfrentados a este nuevo paradigma gritan contra la máquina – SOMOS EL 99%

3ª Generación

Esta generación nació en un nuevo siglo con una nueva consciencia. Saben instintivamente que somos el 100% – mi pensamiento probablemente coincidiría con el nombre elegido por Kingsley, la Generación Fénix. Sin embargo, lo que siento y de lo que soy testigo a diario me guía a usar la frase la Generación del Amor.

Los niños de hoy en día no ven separación, se sienten confusos con la competición, tienen dificultades para comprender la palabra escasez y no sienten miedo. Están provistos de una mayor consciencia.

La Generación del Miedo está intentando perpetuar el modelo actual, la Generación de la Desilusión está luchando para cambiar el modelo pero la Generación del Amor ES el nuevo modelo para la humanidad.

Las generaciones previas tienen dos elecciones; quitarse de en medio o …….

“Prestar atención, sentirse asombrados y contárselo a otra gente”

Respuesta – Andy Greening

Descargar pdf – La Generación Fénix