En la civilización industrial avanzada prevalece una cómoda, apacible y razonable ausencia de libertad, símbolo del progreso técnico.

Herbert Marcuse.

Como Noam Chomsky señalaba, tanto en el “viejo” como en el “nuevo” orden mundial el objetivo central ha girado alrededor de la cuestión del control: “La principal tarea de cualquier estado dominado por determinados  sectores de la sociedad doméstica es el control de la población y, por lo tanto, funciona en primer lugar de acuerdo con sus intereses…”

[1] Esos “determinados sectores” a los que se refiere son la elite minoritaria que busca  estrategias de control para “maquinar” los asuntos nacionales e internacionales en línea con sus objetivos. Y esos objetivos están basados, en su mayor parte, en la avaricia y el poder; y en la necesidad de mantener a las masas contentas y dóciles.

La construcción de lo que  Marcuse denomina ausencia de libertad democrática a menudo se lleva a cabo mediante el racionalismo científico. Con frecuencia, el patrón que se adopta para presentar las agendas específicas más apropiadas para las estructuras jerárquicas de poder utiliza como vehículo un desfile de pensamiento racional. Y es en el racionalismo de la elite tecnocrática establecida donde la gobernanza global ha encontrado su expresión más articulada. Una de esas formas es el corporativismo y el crecimiento de los conglomerados (en un artículo previo que publiqué ya exploraba los conglomerados mediáticos). Un ejemplo concreto de corporativismo y control social puede encontrarse en los sistemas alimentarios globales, en los modos con los que son monopolizados y gestionados.

El control y la gestión de los suministros alimentarios globales ha sido una prioridad política y corporativa durante décadas, siendo los conglomerados radicados en EEUU los que llevan la voz cantante. Como figura política de la elite en el poder, Henry Kissinger en 1970 llamaba la atención: “Controlad el petróleo y controlareis las naciones; controlad la comida y controlareis a la gente”. Investigaciones recientes colocan a las compañías multinacionales detrás del impulso dirigido a controlar los suministros alimentarios globales.

La Conferencia Mundial sobre Alimentación, celebrada en Naciones Unidas en 1974, ponía de manifiesto la necesidad de mantener suficientes reservas mundiales de cereales, especialmente desde que el precio de los cereales en el mundo había aumentado dramáticamente debido al inmenso aumento del precio del petróleo durante la crisis de los primeros años 70 (en un cierto momento los precios del petróleo a nivel mundial aumentaron el 400 por cien). La estrategia de exportación de los EEUU en los años 70 fue controlar aún más los suministros alimentarios. Esto condujo a movimientos destinados a consolidar el poder, ya que el 95 por ciento de todas las reservas mundiales de cereales estaban controladas por seis corporaciones multinacionales de negocios agrarios – Cargill Grain Company; Continental Grain Company; Cook Industries, Inc; Dreyfus; Bunge Company; y Archer Daniels Midland – todas ellas compañías estadounidenses.  La estrategia a largo plazo de los EEUU era dominar el mercado global de los cereales y demás productos agrícolas, como declaraba Richard Nixon en los primeros años 70. Esa política coincidió con la salida del dólar fuera del estándar oro en Agosto de 1971, con el objetivo de conseguir que las exportaciones de grano de los EEUU se hiciesen competitivas en el resto del mundo. Sin embargo, para que los EEUU llegaran a ser los productores más competitivos a nivel mundial en los negocios agrícolas, había que reemplazar los tradicionales cultivos americanos de base familiar por las inmensas “granjas-factorías” de producción, tan extendidas en la actualidad.  En otras palabras, la agricultura tradicional fue sistemáticamente reemplazada por los negocios de producción agrícola por medio de cambios en la política doméstica. Por ejemplo, los programas de granjas domésticas que previamente habían protegido a las pequeñas granjas que tenían menores ingresos fueron desapareciendo paulatinamente durante el mandato de Nixon. A renglón seguido, esta política se exportó a los países en desarrollo en una apuesta por hacer los negocios agrarios de EEUU más competitivos y hacerse con los mercados extranjeros:

Como si fuese el disparo de inicio de una guerra no declarada, la administración Nixon comenzó el proceso de destrucción de la producción doméstica de alimentos en los países subdesarrollados, con el objetivo de crear un nuevo y vasto mercado global para la exportación “eficiente” de alimentos americanos.  Nixon también usó el sistema comercial de post guerra conocido como el ‘General Agreement on Tariffs and Trade’ (GATT) (Acuerdo General sobre Tarifas y Negocios) para promover esta nueva agenda global de negocios de exportación agrícola [2]

En el informe de Henry Kissinger de 1974 “National Security Study Memorandum 200″ (NSSM 200), él mismo apuntaba directamente hacia la ayuda alimentaria como “un instrumento de poder nacional.[3] Durante los años 70 la política cambió  hacia un aumento de la desregulación, lo que suponía un aumento de la regulación privada por parte de las enormes y poderosas corporaciones globales. Esto llevó a un incremento de las fusiones corporativas  y a un aumento de las corporaciones transnacionales (que, aún hoy en día, a menudo tienen productos interiores brutos más grandes que muchos estados nación). [4]

A medida que las grandes corporaciones de negocios agrícolas iban creando su monopolio de producción, almacenamiento y distribución de alimentos, las granjas domésticas más pequeñas iban a la bancarrota y al cierre. (Aunque esta tendencia ocurría predominantemente dentro de EEUU, más adelante se extendió a otros países desarrollados, que se vieron forzados  a “modernizar” su industria agrícola para competir en el comercio global). Por ejemplo, entre 1979 y 1998, el número de agricultores en EEUU disminuyó en 3000.000, y hacia el final de los años 90 la agricultura (en EEUU al menos) estaba dominada por los grandes intereses de los negocios comerciales  de agricultura. Los EEUU también llevaron a cabo una política exterior de oferta de asistencia financiera “para los países en desarrollo, a través del Banco Mundial, como devolución por la apertura de sus mercados a las importaciones baratas de alimentos y semillas híbridas” [5]

A principios del siglo 21, los suministros mundiales de cereales  estaban bajo el control de unos pocos monopolios radicados en EEUU. Cuatro grandes compañías agroquímicas y de semillas – Monsanto, Novartis, Dow Chemical y DuPont – controlaban más del 75 por ciento de la ventas de semillas de maíz de EEUU y el 60 por ciento de las de semillas de soja. Con el surgimiento de gigantescas compañías agroquímicas y de semillas, el ganado podía ser alimentado con una dieta con un gran contenido en fármacos destinados a estimular un aumento de su crecimiento. Se ha estimado que en años recientes los mayores usuarios de antibióticos y productos farmacológicos similares no han sido los humanos, sino los animales, que consumieron el 70 por ciento de todos los antibióticos farmacéuticos. Las estadísticas muestran, de manera bastante escandalosa que, entre 1954 y 2005, el uso de antibióticos por parte de los negocios agrícolas estadounidenses aumentó desde 500.000 a 40 millones de libras (un incremento, en peso, de 80 veces). Como consecuencia, el Centro para el Control de Enfermedades de EEUU ha informado de un incremento “epidémico” en humanos de enfermedades relacionadas con los alimentos, como resultado de la ingesta de carne que contenía grandes cantidades de antibióticos. Un investigador de la Universidad de Harvard, Ray Goldberg, que puso en marcha un grupo de investigación para examinar la revolución en el mundo de los negocios alimentarios (incluyendo los organismos genéticamente modificados), informaba: “la revolución genética nos está conduciendo hacia una convergencia industrial de los negocios de alimentación, salud, medicina, fibras y energía” [6]

El corporativismo y el ascenso de los conglomerados son solo un ejemplo de la centralización de las instituciones sociales que permite la promulgación de sus agendas en nuestras sociedades. El suministro global de alimentos es solo un aspecto de un conjunto de estructuras encubiertas, que operan tanto dentro como entre las naciones estado y que sirve para introducir en nuestras vidas una ausencia de libertad democrática. Otras estructuras incluyen, aunque no se limitan a ellas, las instituciones financieras y los bancos centrales, los cárteles energéticos, los monopolios farmacéuticos, los emporios mediáticos y de comunicación, y los centros de recolección de datos. Nuestros cada vez más restringidos ambientes sociales son manejados en la actualidad por una forma altamente organizada de técnica social.

Las modernas sociedades tecnocráticas están cada vez más orquestadas alrededor de las cuestiones centrales del poder y el control. En consecuencia, se necesita tecnología (el producto de la técnica social) para regular y manipular aún más la libre expresión de la actividad humana. Históricamente, la disciplina social se fue inculcando en las masas mediante ejecuciones públicas y amenazas físicas muy evidentes. En nuestros días, esto ha cambiado a formas más encubiertas de control e influencia. Por ejemplo, el futuro distópico final podría describirse como sigue:

No habrá un campo de concentración universal, porque no será culpable de ninguna atrocidad. No parecerá demencial, porque todo estará ordenado y las deshonras de la pasión humana desaparecerán entre destellos cromados.  Ya no habrá nada que ganar y nada que perder. Nuestros instintos profundos y nuestras más secretas pasiones serán analizadas, publicadas y explotadas. Seremos recompensados con todo aquello que nuestros corazones siempre han deseado. Y el lujo supremo de la sociedad tecnológica será concedernos la gratificación de la revuelta inútil y la sonrisa de aquiescencia. [7]

Por tanto, debemos estar atentos para darnos cuenta de que la ilusión de libertad puede ser utilizada como una poderosa forma de control y dominación. El “derecho democrático” a “elecciones libres y limpias” equivale a “la libre elección de amos no suprime los amos o los esclavos”.[8] Joseph Goebbels (ministro nazi alemán de propaganda) era perfectamente consciente de este potencial cuando declaraba: “Ustedes son libres de buscar su salvación tal y como la entiendan, siempre que no hagan nada para cambiar el orden social”. Esto no equivale sino a correr dando vueltas a nuestro corralito. La expresión extrema de ello es una sociedad donde el potencial revolucionario/reaccionario deja de existir. Esto podría no estar muy alejado de nuestra realidad social actual,  con la entrada en vigor (en EEUU y en otros lugares) de muchas leyes nuevas que restringen las reuniones públicas y el derecho a protestar.

Tal como sugiero en un artículo previo, existe un enorme interés por establecer quién tiene acceso y a qué información. La información es crucial para la gestión de una matriz de control social. Muchos países son tan susceptibles acerca de este asunto que priorizan el control, la accesibilidad y el flujo de información. Esto es aplicable no solo a países abiertamente restrictivos como China (“El gran cortafuegos”), sino también a las así llamadas naciones democráticas como Estados Unidos, Australia y los estados europeos. Los recientes intentos de regular la actividad de Internet, tales como el Acuerdo Internacional Antifalsificación (ACTA) y el Acuerdo Para Detener la Piratería en Línea (SOPA), son ejemplos de esta progresiva y realmente  peligrosa apropiación del flujo libre de información. A pesar del rápido aumento de nuevos espacios de información independientes y alternativos (gracias fundamentalmente a Internet), la triste realidad es que la mayoría de la gente aún sigue viviendo un embargo de información tremendamente manipulado.

El control sobre el flujo y el contenido de la información es una particularidad de la técnica social que caracteriza a cualquier sociedad que se desplaza hacia una progresiva digitalización. En gran medida, la producción del control social tiene que ver con la gestión de la información. Y es por ello que, de maneras sutiles e ingeniosas, las sociedades modernas están compitiendo para establecer estructuras más eficientes de embargo de la información. Tal comportamiento institucional no se restringe a las sociedades desarrolladas sino que también se manifiesta en aquellas que están en vías de desarrollo:

La tecnología sirve para instaurar nuevas formas de control y cohesión social más eficaces y placenteras. La tendencia totalitaria de estos controles parece reafirmarse aún más en otro sentido – extendiéndose a las áreas menos desarrolladas e incluso preindustriales del mundo. [9]

El papel crucial de la tecnología destinada al control de las masas fue descrito muy claramente por quien durante un tiempo fue Consejero Nacional de Seguridad de los EEUU Zbigniew Brzezinski. Brzezinski deliberaba acerca de cómo la sociedad de la información debería suministrar un “foco de diversión” como los “espectáculos con espectadores”, por ejemplo, los deportes de masas y los principales medios de comunicación, con el objetivo de suministrar “un opiáceo para las masas cada vez más desprovistas de sentido”. Y continuaba diciendo, “Puede que se necesiten nuevas formas de control social para limitar el ejercicio indiscriminado por parte de las personas de sus nuevas posibilidades”. [10] Brzezinski, como experto de alto nivel en asuntos políticos, se daba cuenta del aumento de la consciencia de la gente y de cómo eso podría afectar a la capacidad de las estructuras de poder para mantener la máscara de la democracia. Brzezinski escribió “por primera vez está empezando a manifestarse una consciencia humana global, aunque dicha consciencia solo está empezando a convertirse en una fuerza influyente. Todavía carece de identidad, cohesión y enfoque”[11]

El objetivo de la información abierta y del libre flujo del pensamiento debería ser, por tanto, establecer una sociedad civil genuina que exteriorice identidad, cohesión y enfoque. No hacerlo sería ponernos directamente en manos de la técnica social que proyecta nuestra pacificación y nuestra pérdida de sentido y poder personal. Tengo la esperanza de que nuestro programa no incluya aceptar ese juego y de que, en lugar de ello, busque el empoderamiento, la integridad individual y colectiva y un sentido real de propósito cívico. Mientras nuestros canales de comunicación permanezcan abiertos  … por ahora  … usémoslos para esos fines.

Notas a pie de página:

[1] Chomsky, Noam, “World Orders, Old and New,” London: Pluto Press, 1997.

[2] Engdahl, F W, “Seeds of Destruction: The Hidden Agenda of Genetic Manipulation,” Global Research, 2007.

[3] Ibid.

[4] Un estudio de la Universidad de Harvard, financiado por la Fundación Rockefeller y Ford, titulado “Harvard Economic Research Project on the Structure of the American Economy” y dirigido por Wassily Leontief, ayudó a identificar los intereses y expansiones de las corporaciones estadounidenses.

[5] Engdahl, F W, “Seeds of Destruction: The Hidden Agenda of Genetic Manipulation,” Global Research, 2007.

[6] Ibid.

[7] Ellul, Jacques, “The Technological Society,” New York: Vintage Books, 1964.

[8] Marcuse, Herbert, “One-Dimensional Man: Studies in the Ideology of Advanced Industrial Society,” Oxford: Routledge, 2007/1964.

[9] Ibid.

[10] Brzezinski, Zbigniew, “Between Two Ages: America’s Role in the Technetronic Era,” New York: Viking, 1970.

[11] Ibid.

Descargar pdf – Ausencia de libertad democrática