La erosión de la percepción

«No es el cuerpo sino el alma la que se convierte en sujeto de la dominación tecno-social»
Franco Berardi

Las modernas sociedades tecnológicas se están convirtiendo progresivamente en una forma de abstracción. Esto se ha etiquetado oficialmente como la «erosión de la percepción colectiva de los hechos objetivos». Yo lo llamo la continuación del colapso del consenso sobre la realidad (CCR); debido al mismo, mucha gente se siente cada vez más distanciada de sus acciones y enmudece ante sus responsabilidades.

Somos testigos del despliegue de perturbaciones e inquietudes que estallan por todo el globo, en nuestras naciones y dentro de nuestras propias comunidades, y aun así las contemplamos con una sensación de algo surreal: somos incapaces de desentrañar lo que verdaderamente se despliega a nuestro alrededor. Nuestra burbuja personalizada de percepción-protección muta y se tambalea, y a partir de ello nos esforzamos por dar forma a una sensación de significado. Mucha gente está sufriendo una disonancia cognitiva; y aunque no sepa lo que quiere decir esta frase, lo está experimentando cada vez con más frecuencia. Como se dice, las cosas han dejado de tener sentido, aunque esto haya estado ocurriendo durante mucho tiempo, y ahora muchos se estén poniendo al día. Es como si nos hubiéramos convertido en jugadores abstractos dentro de una especie de juego simulado: estamos siendo movidos a lo largo y ancho del tablero de juego mientras nos recostamos y observamos pasivamente desde nuestros sillones.

Nos hemos mudado a los dominios de las abstracciones. Ahora, muchos de nuestros símbolos de conexión se mediatizan digitalmente a través de los medios sociales. Nuestro sentido de la realidad se procesa a través de la burbuja del títere de programación en expansión llamada esfera de la información: la infoesfera.

El mundo que conocemos está mutando hacia una estructura que funciona con información programada. Un mundo de información separada y procesada y objetos –de «cosas» abstractas»– está intentando fusionarse con nuestra mente colectiva. Es la acción de un patógeno mental colectivo similar a un campo.

Hay una sensación de que un cierto desarraigo se ha deslizado en el mundo, un desarraigo de incertidumbre frenética mezclado con una salvación tecnológica desesperada. A medida que las antiguas formas sociales establecidas se disuelven más rápido de lo que las nuevas pueden reemplazarlas, las cosas se han vuelto más parecidas a un líquido. Lo que tenemos ahora aún no es capaz de formarse o mantener su configuración. Da la sensación de que hay una confusión rampante que entra en la burbuja de realidad del mundo. Mucha gente no está realmente segura de lo que está pasando «en» o «con» el mundo, y nadie nos dice nada.

Nuestros sistemas sociales y políticos parecen tan repletos de locura abstracta en parte porque han perdido su relación con algo tangible o remotamente veraz. Ahora muchos de nosotros corremos solo para mantenernos quietos. El escritor Elías Canetti reconoció está situación y escribió: «Un pensamiento atormentador, como si, hasta cierto punto, la historia hubiera dejado de ser “real”. Sin darnos cuenta de ello, de repente toda la humanidad abandonó la realidad; todo lo sucedido desde entonces supuestamente no era verdad; pero presuntamente no nos dábamos cuenta».[i]

Apenas nos hemos fijado en que actualmente vivimos rodeados por una mentalidad conectiva que aún tiene que transformarse en una inteligencia colectiva. Estar conectados significa que podemos ser dirigidos y arreados hacia un pensamiento colectivo que acompaña a la narrativa dominante consensuada, que hoy día se denomina «pensamiento correcto», sea lo que sea que signifique eso. Pero es un medio eficaz de dirigirse hacia un comportamiento consensuado, al tiempo que se suprimen las ideas alternativas. Es algo que se está haciendo endémico en nuestras redes sociales. En lugar de destruir tales ideas a la vista de todos, a menudo es más fácil y eficaz desacreditarlas junto con quien(es) las difunden. Como es bien sabido, cada cultura busca promover y condicionar aquellas ideas que apoyan y mantienen su legitimidad. Lo que cada sociedad teme es huir de su visión predominante del mundo. El patógeno mental que representa esta narrativa dominante intentará toda suerte de manipulaciones y maniobras para mantener el consenso social, pese a las fluideces actuales. Hoy día, la persona contemporánea vive bajo esta norma colectiva, y para que no haga demasiadas preguntas se les proporciona una vida de abstracción y distracción crecientes. Como dice la filósofa Chantal Delsol, la persona moderna «busca un tipo de felicidad predecible y lista para llevar a precio de ganga».[ii] Desafortunadamente, este tipo de felicidad social ya no es barata. Adherirse a la nueva realidad programada tendrá un coste elevado para la libertad de percepción individual.

Ahora, la inteligencia social significa tener la capacidad de entender la «mente consensuada» colectiva por lo que es. El gran sistema presiona hacia una mayor automatización de la vida social humana, y eso también incluye todos los patrones de pensamiento. Aumentar la abstracción de los mecanismos de la vida social nos aporta una mayor automatización. Como decía Elías Canetti: de repente, abandonamos la realidad, y todo lo que pasa desde entonces supuestamente no es cierto. Los símbolos de esta abstracción se están haciendo cada vez más fuertes. Una de las formas simbólicas más grande es nuestro intercambio económico. Desde hace mucho tiempo el dinero ha sido objeto de abstracción. Desde que los procesos como el sistema financiero se hicieron abstractos y se volvieron intangibles, maduraron para la automatización. El paso a una economía sin dinero en efectivo y hacia las criptodivisas es un ejemplo de esto.

La infosfera, el paisaje mediático moderno, y ahora la economía digitalizada, están formando el nuevo conglomerado de una realidad abstracta. Son como esferas fantasmales que nos someten cada vez más a nuevas formas de relaciones de poder que se estandarizarán. Como dice el filósofo italiano Franco Berardi: «La abstracción financiera se basa en la operatividad sin rostro de automatismos incrustados en dinámicas sociales sin alma. Realmente nadie se hace cargo, nadie está tomando decisiones conscientes».[iii]

Quizá no estemos tomando decisiones conscientes, pero cierto tipo de mente ciertamente lo hace. Franco Berardi nos alerta diciendo: «No es el cuerpo sino el alma la que se convierte en sujeto de la dominación tecno-social»
El virus que nosotros tenemos que vigilar es aquel que domina nuestro pensamiento y programa nuestras percepciones. Pretende extenderse por todo el globo a través de incontables sociedades y culturas. Convierte nuestra deuda en un arma para mantenernos alineados de manera que no podamos pronunciarnos en contra de la dominación mental. La nueva visión del mundo que llega y que remplazará nuestro actual colapso de la realidad utilizará formas simbólicas de poder, tales como la salud, la seguridad y la economía, como herramientas para nuestra represión psíquica y social. Como dice el periodista italiano Ezio Mauro:

«Estoy en deuda, dependo de imágenes y conceptos. Soy un ciudadano-cliente: en realidad un consumidor. Compro y recibo ideas pre-procesadas y difundidas de maneras que son funcionales para la narrativa de otra persona. No se me pide que haga ningún tipo de esfuerzo a cambio de renunciar a mi derecho a cualquier forma de autonomía. …Soy incapaz de dar forma a una visión del mundo. A la larga, ni siquiera tendré una imagen de mí mismo en conexión con otros».[iv]

¿No es así como el patógeno mental nos ve, se ve a sí mismo? Estamos siendo manipulados para regalar nuestro derecho a crear nuestra propia visión del mundo. Debemos hacer algo sobre esto antes de que nos convirtamos mentalmente en esclavos de una visión abstracta del mundo, y de la realidad, no elaborada por nosotros. Pronto nos veremos forzados a aceptar una sustitución consensuada de la realidad que será extremadamente peligrosa para nuestras vidas como individuos independientes, de pensamiento libre.

Ver el asunto no nos libera del anzuelo. Al contrario, solo señala el inicio. Conocer la situación y darnos cuenta de su urgencia, es el comienzo de nuestro trabajo, no el final.
Ha llegado la hora de hacernos conscientes de lo que está sucediendo justo ahora. Es hora de conseguir una visión clara, libre de programación social; de reconocer nuestras heridas para hallar su sanación; de volvernos hacia nosotros mismos. Como al pueblo indígena de Bioko le gusta decir: «Acerquémonos al fuego, para poder ver lo que estamos diciendo».

Ahora el fuego arde con fuerza desde dentro de nosotros.

[i] Tomado de su colección de escritos personales desde 1942 hasta 1972 llamada The Human Province.[ii] Delsol, Chantal. 2003. Icarus Fallen: The Search for Meaning in an Uncertain World. Wilmington, DE: ISI Books, pag. 214[iii] Berardi, Franco. 2015. AND: Phenomenology of the End. South Pasadena, CA: Semiotext(e), pag. 338[iv] Bauman, Zygmunt; Mauro, Ezio. 2016. Babel. Cambridge: Polity Press, pag. 74-5

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