Hoy en día muchos de nosotros sentimos como si nos estuviéramos ahogando en información.  ¿No es cierto que nuestro mundo está inundado por un nuevo tejido de comunicaciones, la mayoría de ellas digitales? Como Eric Schmidt, presidente de Google, dijo en su célebre frase: en 2010-11 la raza humana generaba en dos días tanta información como la totalidad de lo registrado en los anales de la historia. Esto supone una cantidad increíble de información fluyendo por las venas de nuestras culturas interconectadas. La pregunta es: ¿afecta esto a nuestro sentido de la realidad?

La respuesta es “Si”. Ahora bien: ¿cómo y por qué?

En el curso de los últimos siglos, en las naciones occidentales y septentrionales, ha habido un rápido desarrollo cultural que ha impuesto simultáneamente una manera de pensar lineal, basada en la lógica. Desde que nuestras ciencias modernas han descubierto el fenómeno del “cerebro dividido”, esta manera de pensar se ha etiquetado como una perspectiva del cerebro izquierdo. La    perspectiva dominante del cerebro izquierdo ha contribuido a crear en nuestras mentes un mundo separado de nosotros mismos – “ahí fuera” – y desde esta posición sentimos apropiado manipular y controlar nuestro medio ambiente. Esta perspectiva fue descrita acertadamente por Francis Bacon (el así llamado “padre de la ciencia moderna”) como la habilidad, y necesidad,  de forzar a la Naturaleza a revelar sus secretos. Pero esta perspectiva, que ha ido adquiriendo influencia a lo largo de los siglos y es, en la actualidad, nuestra mentalidad dominante, también sirve para “desencantar” el mundo – para alejarnos hacia una posición de observador distante, separado. Nuestra interacción con el mundo que nos rodea se ha convertido en gran medida en pasiva. En consecuencia, hemos sufrido una disminución de la función imaginativa: nos sumergimos menos en el mundo y nos colocamos como atisbándolo desde sus márgenes – o aún peor, desde un pedestal.

Nuestras modernas culturas occidentales han validado y reforzado este modelo que se ha convertido en la columna vertebral de cómo la mayoría de nosotros percibimos las noticias, la información, las instrucciones, etc. Como a observadores pasivos se nos da la información de maneras aceptables para los medios de comunicación, y almacenamos, apilamos y archivamos estos datos, pero reaccionamos poco ante ellos. Ha llegado a ser la característica habitual de nuestras complicadas vidas, y nos permite abordar los impactos, sucesos y obligaciones crecientes de nuestra existencia. Sin embargo, al mismo tiempo, nos insensibiliza frente al hondo valor emocional y la profundidad de esos impactos. En otras palabras, nos hemos desencantado y divorciado de nuestro vibrante entorno vital.

En un mundo rico en datos nos estamos volviendo cada vez más carentes de sentido. Muchos de nosotros estamos invadidos por un sentimiento de que no “contactamos” adecuadamente con nuestras vidas, de que solo tenemos la sensación  de estar de paso. Aunque este ha sido un mecanismo satisfactorio de defensa para hacer frente a un mundo complejo, incierto, y a menudo inestable, hace muy poco por comprometernos de manera consciente, compasiva, o creativa con nuestra realidad participativa. A menudo vemos el mundo como abstracto, como si estuviésemos separados y aislados de los acontecimientos y de los “hilos invisibles” que nos unen a todos de forma inextricable. Estamos ávidos de realidad porque rara vez experimentamos participación e intimidad con un mundo vibrante (solo a veces mediante lo que se han denominado “experiencias cumbre”). La capacidad de percibir y relacionarse con el mundo ha sido reemplazada fundamentalmente por una realidad pasiva que nos proporciona,  a nosotros – los “consumidores”, un cierto decorado de realidad.  Más aún, es un decorado de la realidad que conlleva parámetros culturales estrictos y un pensamiento único. No resulta sorprendente que haya personas que se complazcan en situaciones límite – deporte, intoxicación, brutalidad, locura – para conseguir una sensación perdida de vitalidad y dinamismo. Experimentando esos momentos “eufóricos” en nuestras vidas es como, a menudo, nos damos cuenta de que nuestra existencia es mucho más interesante y “conectada” de lo que damos crédito. Desafortunadamente, muchas de esas epifanías proceden de conmociones, tales como cuestiones de salud o un trágico sentimiento de pérdida. Sin embargo, la buena noticia es que puede estar emergiendo el resurgimiento de una conexión participativa con nuestro mundo.

La increíble cantidad de información que estamos produciendo hoy en día corresponde en gran parte a gente que “cuelga” videos en YouTube, envía mensajes, expone sus ideas en blogs y páginas web, y participa en redes sociales. La revolución eléctrica que nos trajo la radio y la televisión nos enseñó como sentarnos cómodamente y recibir pasivamente la información. La revolución digital que, en solo un par de décadas, ha aumentado de manera espectacular nos urge a sumergirnos en su flujo. Navegamos por Internet, miramos y enviamos imágenes a nuestros amigos, vemos un rio de de vídeos, hacemos nuestros propios vídeos, subimos nuestros experimentos musicales, etc. La lista de formas de participar crece día a día. En lugar de estar a merced de la información, como haríamos de acuerdo al viejo modelo, deberíamos darle la vuelta a esta relación y usar el medio para crear y desarrollar nuestras propias formas de expresión, comunicación, y testimonio. Tenemos la oportunidad de participar e involucrarnos con nuestro sentido de la realidad cultural. Deberíamos estar buscando la información que nos da fuerza, tendiendo la mano a individuos y grupos afines, organizándonos y fortaleciendo nuestro sentido de nosotros mismos y nuestros valores. Y entonces, por supuesto, salir al encuentro de nuestras nuevas conexiones y comunidades (si ello es posible) – o, al menos, ir a pasear por la Naturaleza y reflexionar sobre nuestros nuevos pensamientos creativos.

La consciencia humana, nuestros pensamientos y estados mentales, están entrelazados

[1] con nuestras vidas; podemos proyectar nuestro pensamiento consciente, como un rayo laser, sobre el mundo. Cada uno de nosotros posee la capacidad de darse cuenta de los impactos que absorbe, considerarlos, y “sentir” una respuesta en lugar de proporcionar una reacción automática. Permaneciendo pasivos y aburridos no añadimos nada a nuestro entorno. En cambio, la energía y las actitudes vibrantes, apasionadas y decididas dinamizan el significado de nuestra realidad inmediata.

Para realizar un cambio duradero en los próximos años muchos de nosotros necesitaremos despertar de nuestro letargo y aferramiento a la realidad, tender la mano a nuestro mundo, reconocer nuestra inmersión creativa, y comprometernos enérgicamente con nuestras vidas. Podemos unirnos al  diálogo global.

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Entrelazamiento_cu%C3%A1ntico

Kingsley L. Dennis

Descargar pdf – Aferrase a la Realidad