¿Una oportunidad para encontrar nuestra consciencia tranquila?

 

Una manera apropiada de iniciar este breve ensayo es con una cita de un poema. En este caso, un extracto de Si…de Rudyard Kipling.

Si puedes conservar tu cabeza cuando en torno tuyo

Todos pierden la suya y te culpan,

Si puedes confiar en ti mismo

Cuando todos los hombres dudan de ti,

Pero tienes en cuenta sus incertidumbres;

Si puedes esperar y no cansarte de la espera,

O si te mienten, no respondes con mentiras,

O si te odian, no incurres en el odio …

Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella …

 

Dos cosas en particular destacan para mí en este poema. Una es el acto de, tal como se dice, «mantenerse firme»; y la otra el de tolerar y permitir que los otros sean quienes son. En este periodo actual de inquietud y malestar crecientes, cada vez es más fácil para cualquiera de nosotros perder el control sobre nuestro centro y también de perderlo con los demás. La disonancia está aumentando en las relaciones sociales, y es probable que este aspecto se vaya cargando cada vez más de tensión. Los humanos, como seres sociales, somos relacionales por naturaleza, y de forma natural establecemos un abanico de entrelazamientos externos. Cuando las alianzas sociales se convierten en un lugar de discordia dichos entrelazamientos, tanto físicos como energéticos, son propensos a sentir la presión. La cuestión aquí, como dice Kipling, es que debemos «conservar nuestras cabezas».

La vida moderna ya proporciona suficientes estímulos a la persona promedio. Ahora, las condiciones sociales y culturales son susceptibles de entrar en un periodo de sobre-estimulación en términos de información, desinformación, y ansiedad social. No cabe duda de que muchas sociedades y comunidades van a experimentar más tensiones en sus relaciones y alianzas sociales. La situación actual acerca del tema de la «seguridad sanitaria» se va a expresar a través de las personas tanto como lo está haciendo a través de nuestras instituciones de poder y de los medios de comunicación. Cada persona no solo va a tomar sus propias decisiones y formarse sus propias opiniones, también va a exponerse a las decisiones y opiniones de otra gente. Y esto puede generar enfrentamientos; sobre todo si algunas personas deciden proyectar enérgicamente sus opiniones sobre los demás. Pero si la gente empieza a reñir entre sí, está desviando inadvertidamente el enfoque de las cuestiones reales. La tensión social y los altercados son una forma de distracción social de lo que son los asuntos reales; y estos tienen que ver con que necesitamos distinguir entre lo que son verdades necesarias y lo que son mentiras deliberadas. En este momento, en los límites de lo humano, hay grandes energías de discordia; y es crucial que cada persona en lugar de lanzarse a actuar de manera inconsciente emplee su pensamiento crítico. En tiempos así, tenemos que trascender nuestras polaridades y diferencias manufacturadas.

También es probable que durante este periodo, y más adelante, haya a la vez una desconfianza creciente en las instituciones ortodoxas. Muchas personas pueden comenzar a cuestionarlo todo, desde sí mismas, hasta sus amigos, sus comunidades, su fe, y las instituciones culturales y sociales en las que hace tiempo confiaban en que les decían la verdad y les protegían. En estos tiempos, muchos pueden sentir una necesidad urgente de elegir, en tanto que otros también pueden experimentar disonancia por no querer o no saber cómo escoger en absoluto. Hay aspectos de la condición humana que van a empezar a destacar y a estar en el centro de atención, quizá como nunca antes. Como seres sociales, las personas existen dentro de un gran tapiz de entrelazamientos externos que también tiran de ellas y les influyen, más de los que ellas mismas se dan cuenta. Además, muchos de estos entrelazamientos son energéticos y emocionales y nos afectan personalmente. Reaccionamos instantáneamente a empujoncitos externos ya sea a una palabra, una mirada o una sensación. Ahora, muchos podemos hacernos más sensibles a impactos tales como un sentimiento de ansiedad social, desconfianza o incertidumbre, y la duda y la inseguridad generales empiezan a aumentar. Será vital no permitir que situaciones y circunstancias, por inesperadas que sean, nos saquen de nosotros mismos. Es tiempo de recuperarlas y recogerlas y de, por así decirlo, no estar tan dispuestos a «volver a lanzarse afuera». Cuanto más se aleja una persona de su centro de gravedad, más se dispersa y se involucra en entrelazamientos externos, y menos estable está. Ahora es tiempo de encontrar nuestros fundamentos individuales y edificar sólidamente sobre ellos: lo vamos a necesitar.

Con observación crítica, una persona debería ser capaz de sentir cuando alguien o algo sigue reduciendo su energía, y actuar a partir de esta observación.  Toda persona tiene la capacidad de liberarse de eso. Actualmente deberíamos confiar en nosotros mismos y actuar a partir de ese conocimiento. Ya no es beneficioso seguir aferrados a apegos o relaciones de energía obsoletas. Lo que antaño nos sirvió puede que haya dejado de ser un beneficio constructivo. Es hora de elegir nuestras relaciones como escogemos nuestras alianzas. Lo que alguna vez funcionó, bien puede ser que ahora no lo haga. En todo caso, es hora de darse cuenta y elegir aquellas relaciones que nutren y siguen aumentando nuestras energías. Puede que sea un momento para estar más cerca de la familia y los amigos, especialmente de aquellos con quienes hay una resonancia positiva compartida. A medida que llegamos a ser más conscientes de nuestras relaciones, deberíamos elegir estar en contacto con quienes nos empoderan y refuerzan nuestro bienestar. Cada uno de nosotros necesita saber exactamente dónde está, y no solo físicamente sino, lo que es más importante, energética, emocional y psicológicamente. Dándonos permiso a nosotros mismos también se lo damos a los demás. No juzgándonos, tampoco juzgamos a los demás. Tenemos que sentirlo y percibir dónde estamos cada uno en relación con esta transición en la que vivimos actualmente. Conocer aquello que se siente pesado y anticuado beneficiará a cada persona. Es una oportunidad para ralentizar nuestra participación en los proyectos menos significativos y redirigirla a aquellas actividades que nos proporcionan una sensación de equilibrio y calma.

 

Es hora de redefinir la tranquilidad no como aburrimiento sino como paz.

 

La humanidad ha entrado en una fase disruptiva de su vida colectiva y diversas ondas de perturbación se manifestarán a lo largo de sociedades y culturas. Podemos decir que es un tiempo de transición, como hacen muchos. La pregunta es: ¿una transición hacia qué? Hasta que se responda esta pregunta, experimentaremos diferentes fuerzas en juego rivalizando por sus programas y sus resultados preferidos. Esta fuerzas en contienda van a proporcionar muchos impactos y estímulos, así como crear más confusión y fricción entre la gente. Son tiempos en los cuales pueden atraernos entrelazamientos potenciales y, antes de que podamos darnos cuenta, encontrarnos reaccionando con una emoción y una energía que nos agotan. Siempre se no ha animado a tomar parte activa en nuestras vidas y a no tener miedo de «zambullirnos». Pero son generalizaciones y no se pueden aplicar a todas las ocasiones y en todas las circunstancias. En cualquier situación tenemos que observar el contexto. Algunas personas pueden creer que necesitan estímulos y entusiasmo; pero la mayoría de las veces solo es un estado al que llegamos a acostumbrarnos. Siempre hay tiempos en los que tenemos que retroceder y encontrar un lugar o un momento de consciencia tranquila; respirar profundamente y relajar alguno de los entrelazamientos que nos atan.

Echad un vistazo a lo que pasa a vuestro alrededor. Fuerzas/gente/organizaciones externas nos están diciendo que elijamos una cosa sobre otra; una categoría sobre otra; una creencia sobre otra. Nos empujan a aceptar una narrativa descartando las demás. Y cada vez que tomamos esas decisiones, nos estamos limitando al crear una burbuja personalizada que nos rodea. Y este es un tiempo peligroso para vivir dentro de burbujas. Cuanto más construimos nuestras burbujas más separaciones creamos en nuestras vidas. Generamos segregaciones de aquellas cosas que hemos excluido de nuestro mundo «personalizado». La vida moderna, de alguna manera, ha tomado un camino de división y separación más que de unidad. Las experiencias vitales se han hecho compartimentadas. Es parecido al proceso del lavado de cerebro en el cual el sujeto se programa para compartimentar su mente, solo que ahora es a escala global. La sociedad moderna está siendo impulsada hacia unidades compartimentadas por temas tales como raza, género, religión, ideales, creencias, y muchos más. Pero estas, en esencia, solo son posiciones mentales. Alguna gente se refiere a ellas como «identidades». Son los asuntos con los que aprendemos a identificarnos: yo soy «este» tipo de persona que «cree» en «esto» y no en «aquello». Es como si fuésemos niños en una tienda de chucherías, llenando nuestras bolsas con nuestros dulces preferidos. Cuanto más transitemos a lo largo de este camino, más estrecharemos los parámetros de nuestra experiencia vital. Y cuanto más tiempo hayamos fijado estas incorporaciones en nuestra experiencia vital, más rígida y pesada se hará nuestra vida.

Viajar por una vida plena quizá consista más en viajar ligero de equipaje. Mientras acumulamos ciertas cosas durante la experiencia vital, deberíamos permitir que otras desapareciesen. Y en todo tiempo, cada cual debería buscar esos momentos para hallar un espacio para una consciencia tranquila, y respirar profundamente.

Si nos tomamos el tiempo para respirar, encontraremos que lo que hace que una experiencia vital fluya con más suavidad no es agobiarse con pesados entrelazamientos energéticos sino más bien encarnar una conciliación consciente. Buscando activamente una resolución positiva, permitimos que las cosas sigan adelante en lugar de aferrarse a nosotros. Nuestras burbujas se convierten en porosas en lugar de en una gruesa membrana viscosa que no permite que entren cosas nuevas o salgan cosas viejas.  En estos tiempos de incertidumbre creciente, no hay espacio para apegarnos inconscientemente a identidades, categorías o programas manipulados externos. Más bien lo contrario: tenemos que ser fluidos, observadores, y estar en un buen espacio personal. Y entonces, desde ese espacio, podemos elegir conscientemente la conciliación en lugar de ser arrastrados a conflictos que no son nuestros. Si tuviera que decir algo, sería esto: no tengáis miedo de los momentos tranquilos. No huyáis de estar solos con vosotros mismos. Respirad profundamente y hacedlo con frecuencia. Y tomaos tiempo para buscar esas oportunidades para un espacio de consciencia tranquila. Convertíos en el observador. Y mantened porosa vuestra burbuja vital personalizada. Y peregrino: buen camino[*].

[*] En español en el original.