¿Tiempo de responsabilidad personal?

«El individuo tiene que vivir en la humanidad así como la humanidad en el individuo»

Sri Aurobindo

En el evangelio gnóstico de Tomás está escrito que Jesús pronunció: «Hay luz dentro de un hombre de luz, e ilumina todo el mundo. Si no brilla, hay oscuridad». Más aún: «Si das a luz lo que está dentro de ti, lo que crees te salvará. Si no das a luz lo que está dentro de ti, lo que no crees te destruirá». Los recursos internos que cada persona tiene dentro de sí pueden aportar percepción, consciencia, y conocimiento experiencial a los asuntos contemporáneos y a su aflicción. Es esencial traer el mundo interior para sostener el mundo físico, material. Ambas esferas deben participar y ser congruentes. Para conseguir soluciones genuinas, cada uno de nosotros debe estar preparado para cambiar y transformarse desde dentro, y no solo para cambiar sus ideas. Cada persona tiene una responsabilidad no solo con el mundo exterior sino también con su vida interior individual.

Una persona no puede vivir solo según las convenciones de la sociedad, o de los impactos e influencias de la vida cotidiana. Necesitamos nutrición de una fuente que está más allá de todas las instituciones sociales y de las distracciones y atracciones de la vida física. Tenemos que distanciarnos de las diatribas que nos trae la vida. Irónicamente, las nuevas reglas impuestas de distanciamiento social pueden ayudarnos indirectamente activando un conocimiento de una manera de distanciarse en términos de relación y atención. Con ello, como antídoto frente al estado general de inconsciencia social, quizá se pueda desarrollar un estado más acusado de autoconsciencia. Una de las cuestiones de nuestro tiempo debería ser cómo resistir las convenciones condicionadas de la mente de masas cultivando nuevos músculos de percepción. Es una cuestión de libertad personal de pensamiento y perspectiva. Nuestra elección es por tanto doble: por un lado reconocer las fuerzas inconscientes de la mente de masas y por otro aspirar al desarrollo personal de nuestra consciencia para actuar como individuos. La libertad es un asunto del que somos responsables. Y nuestra responsabilidad es igualmente una cuestión de libertad.

Dag Hammerskjold[1], el diplomático sueco, escribió en su diario: «No sé Quién  –o Qué– esbozó la pregunta ni cuándo se planteó. Ni siquiera recuerdo haber contestado; pero en algún momento respondí a Alguien –o Algo–, y desde ese instante tuve la certeza de que la existencia tiene sentido y de que, por lo tanto, mi vida tenía un objetivo en la auto entrega».[2] Para Hammerskjold, la responsabilidad de la libertad consistía en decir «Sí» a la desconocida e inefable fuente de confianza en uno  mismo.

Tal sentido no puede enseñarse o darse si no que debe vivirse y experimentarse. La vivencia de ese sentido es un proceso misterioso que se revela mediante las conexiones vitales espontáneas poéticas y lúcidas. Este es también el poder de los mitos, los sueños y la imaginación. La intuición interior puede romper nuestras jaulas de condicionamiento y permitir que veamos con más claridad la situación en la que estamos. Esta comprensión tiene el poder de cambiar directamente nuestras vidas. La libertad humana, con el conocimiento consciente genuino, reconoce también la necesidad de la comunidad social, pero no como una comunidad inconsciente. La comunidad humana necesita unirse con al menos un mínimo de percepción psicológica. Como el sabio indio Sri Aurobindo dijo: «El individuo tiene que vivir en la humanidad así como la humanidad en el individuo».

Cuando las comunidades y los individuos carecen de percepción psicológica, están abiertas y son vulnerables a los impulsos de lo inconsciente tanto desde dentro como desde fuera. Es decir, las manifestaciones del inconsciente no solo tienen lugar dentro de la mente del individuo sino también dentro de la psique de masas de la colectividad. El desconocimiento de tales fuerzas puede ocasionar inestabilidad emocional, mental y física. Es una característica psicológica que cuando nuestras mentes reconocen dentro de nosotros mismos una fuerza reprimida, una expresión correspondiente se pone de manifiesto en nuestro mundo físico externo. El origen de tantos padecimientos reside dentro de nosotros, Esto se debe a que la realidad psíquica o anímica es real. Estamos condicionados para pensar que los elementos «psíquicos» o las cosas del espíritu son inferiores a las cosas físicas de la vida porque son no-materiales. Sin embargo, las imágenes que tenemos dentro de nosotros, pueden ser tan poderosas como las que están afuera. La sociedad moderna ha descuidado, o considerado sin importancia, el poder de los fenómenos psíquicos. Como resultado de ello, estamos oprimidos por fuerzas que pueden dominar nuestras propias vidas psíquicas.

Lo que la humanidad está experimentando actualmente es, en gran medida, la incertidumbre moral que precede a una nueva comprensión en tanto la vieja moralidad entra en su fase mortal. Cuando cada uno aumente su comprensión y confiemos en nuestra  intuición –nuestra gnosis personal–, lograremos una nueva orientación para el mundo; saldremos de la jaula y encontraremos una nueva libertad. La cuestión humana definitiva consiste en encontrar esta libertad y avanzar hacia ella.

El primer paso y la primera responsabilidad es reconocer e identificar las sombras de nuestro inconsciente que a continuación se manifiestan como fuerzas externas dominantes. Al final nos ayudarán a conocer y aceptar la presencia de fuerzas opresivas cercanas a nosotros. El equilibrio mental y emocional procede no solo de la aceptación de la realidad de las fuerzas malévolas sino además del reconocimiento del falso optimismo, cuya presencia es como la del oro falso, que existe porque el oro real existe. La comercialización y el consumismo del falso optimismo forma parte de lo que ha llegado a conocerse como el fenómeno «Nueva Era». Aunque tener un foco claro, concentración y una mentalidad con los pies sobre la tierra es importante, las rosas doradas que nos distraen del estado de alerta de la visión interna son peligrosas. Las gafas con cristales de color de rosa no son una compensación para nuestra perspicaz mirada intuitiva propia. Al final, podemos preguntarnos: ¿ante todos estos retos y frente al peligro de una felicidad ilusoria: qué puedo hacer yo?

A esta pregunta el extraordinario Carl Gustav Jung contestaba: «Para la pregunta constantemente reiterada de “¿qué puedo hacer?”, no conozco otra respuesta que: «conviértete en lo que siempre has sido”, a saber, esa plenitud que hemos perdido en medio de nuestra existencia consciente civilizada, una totalidad que siempre fuimos sin saberlo».[3] Mientras que la mayoría de la gente espere que todos los problemas se resuelvan fuera de sí misma, nuestras sociedades seguirán siendo dominadas por fuerzas ingobernables. La cuestión de la liberación humana de esas fuerzas depende de que la gente quiera asumir la responsabilidad del conocimiento consciente. Cada uno de nosotros tiene poder para generar un cambio que, literalmente, lleva consigo a su alrededor en cada momento de su vida: ¿por qué tanta gente no hace uso de ello? La gran tarea perenne de la humanidad siempre ha sido la misma: convertirse en lo que siempre ha sido, y mostrar a los demás el camino mediante su presencia y su conducta individual. A través de nuestra presencia deliberada y consciente podemos ayudar a otros a llegar a ser lo que ellos también han sido siempre. Como está escrito, hace casi dos mil años, en el Evangelio de la Verdad gnóstico:

«Que es en ti donde esa luz, que no falla, mora… Habla de la verdad con quienes la buscan…Vosotros que sois los niños del corazón comprensivo… Felicidad para el hombre que se ha descubierto a sí mismo, y despierto y bendecido es quien abre las mentes de los ciegos».[4]

Se nos pide ser «niños del corazón comprensivo»: una llamada que ha sonado durante milenios. Es una llamada perenne y siempre continuará sonando, para aquellos que tengan oídos para escuchar. Se nos llama a transformarnos de «yo soy lo que tengo», a «yo soy lo que hago», a «yo soy lo que soy».

Esta es la respuesta a una de las preguntas de nuestro tiempo, y es la cuestión humana. Jung estaba en lo cierto cuando decía que deberíamos llegar a ser lo que siempre hemos sido: yo soy lo que soy. Cuando por fin podamos sanarnos desde dentro entonces, y solo entonces, podremos sanar a otros y al mundo exterior. Todo comienza desde la fuente: Yo soy. El poder para cambiar empieza y termina con nosotros: el individuo, no de la mano de una élite minoritaria. El individuo tiene que vivir dentro del corazón de la humanidad, al igual que la humanidad siempre existirá dentro del corazón de cada persona. La cuestión de la responsabilidad es resistir las fuerzas de la deshumanización; desafiar las fuerzas que nos sitúan como números anónimos dentro de los algoritmos. La responsabilidad es convertirnos en nuestra humanidad y llegar a ser la humanidad que siempre nos ha esperado. Una humanidad dentro de cada individuo, un individuo dentro de nuestra humanidad. Yo soy porque nosotros somos.

[1] Hammersjold, Dag. 1964. Markings. New York: Alfred A. Knopf, pág. 169.

[2] Hammerskjold también fue el segundo secretario general de Naciones Unidas desde abril de 1953 hasta su muerte en septiembre de 1961 en un accidente aéreo.

[3] Citado en Hoeller, Stephan A. 2014. The Gnostic Jung and the Seven Sermons to the Dead. Wheaton, IL: Quest Books, pag. 215

[4] Citado en Hoeller, Stephan A. 2014. The Gnostic Jung and the Seven Sermons to the Dead. Wheaton, IL: Quest Books, pag. 216-7.