«No debo temer. El miedo es el asesino de la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la aniquilación total. Afrontaré mi miedo. Permitiré que pase por encima y a través de mí. Y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para ver su camino. Donde haya estado el miedo, no habrá nada. Solo permaneceré yo.»

Frank Herbert, Dune

 

En una reflexión previa, consideraba la idea de que acabamos de experimentar un momento de «reinicialización» en la historia humana, provocado por los eventos actuales que, como cada lector es ahora consciente, han puesto a la sociedad global en un modo «parada» repentino. Hemos frenado bruscamente. Esto me recuerda un ejercicio físico-psicológico usado por el místico griego-armenio G.I. Gurdjieff, que lo llamó su ejercicio del «alto». Según sus propias palabras:

…a la orden de «alto», o ante una señal previamente acordada, cada  estudiante debe parar de inmediato cualquier movimiento, sea donde sea que esté y sea lo que sea que esté haciendo…mientras esté en ese estado de movimiento detenido, el estudiante también debe detener el flujo de sus pensamientos y no admitir ningún nuevo pensamiento sea del tipo que sea…esto es simplemente un estado de movimiento detenido en el momento de pasar de una postura a otra…en general pasamos tan rápidamente de una a otra que no nos damos cuenta de las actitudes que adoptamos al hacerlo. El ejercicio del «alto» nos brinda la posibilidad de ver y sentir nuestro propio cuerpo en posturas y actitudes que son completamente desacostumbradas y antinaturales para él…el estilo de los movimientos y las posturas de cada época, cada raza y cada clase está indisolublemente conectado con formas distintivas de pensamiento y sensación. Y están tan estrechamente vinculados que una persona no puede cambiar la forma de su pensamiento ni de su sentimiento sin haber cambiado su repertorio de posturas[i]

 

Este extracto ilustra que su función era brindar al «estudiante» un momento necesario para una autoobservación sin trabas. Una persona, comentaba Gurdjieff, generalmente no es consciente de cuando pasa de una postura a otra: estamos «totalmente desacostumbrados» a este momento de observación, hasta el punto de que nos resulta antinatural.  La única manera de ponerlo en funcionamiento es mediante un estado de movimiento detenido producido desde fuera.

Es interesante que Gurdjieff diga que cada época, raza y clase tiene sus formas distintivas de pensamiento que están tan estrechamente vinculadas a su «postura» que no se pueden cambiar. Más adelante en su descripción señala que:

El análisis psicológico y el estudio de las funciones psicomotoras, aplicados de una manera determinada, demuestran que cada uno de nuestros movimientos, voluntario o involuntario, es una transición inconsciente desde una postura automáticamente establecida a otra igualmente automática… nuestros pensamientos y sensaciones son igualmente automáticos.

Si ahora lo consideramos a mayor escala, esto implica que la gente está culturalmente vinculada a unas «posturas» particulares de pensamiento (por otro nombre: condicionamiento social); y que estos pensamientos y sensaciones son automáticas (programadas). El método de Gurdjieff de romper estos automatismos para que se pudieran observar era imponer una orden externa de «alto» que debía obedecerse. Entonces, ¿qué pasa si esto se aplica a la situación actual de cuarentena social global en vigor y a la parada del comercio y los negocios globales? ¿Acaso no estamos justamente experimentando una orden de «alto» impuesta por un impacto externo en respuesta a la pandemia del 2020?

Localmente, y por todo el mundo, la humanidad ha entrado en un enorme experimento. Por primera vez en nuestra historia conocida, la civilización humana en la mayoría de sus formas ha llegado a un alto. Se nos ha parado en una postura intermedia –un estado de movimiento detenido– y se nos ha colocado en un espacio al que no estamos acostumbrados en absoluto. En estos momentos, ¿no se trata de «frenar el flujo de pensamientos», –es decir, de nuestra programación habitual– para entrar en un periodo de autoobservación? ¿Qué es lo que probablemente vamos a encontrar en este momento de introspección «congelada»? ¿Cuáles son las implicaciones de que se haya apretado el botón de reinicialización?

Hemos entrado en una fase de «alto» a nivel individual, comunitario y global. Nunca antes ha ocurrido esto, ni ha sido posible.  Durante la mayor parte de la evolución humana, hemos existido como aspectos localizados de la psique y la consciencia. Participábamos en la «vida mental» de quienes nos rodeaban: la comunidad, y más adelante el país.  Solo dentro de un periodo de tiempo relativamente corto nuestra especie ha adquirido una perspectiva global. Esto empezó con las rutas comerciales, los exploradores y las conquistas. A lo largo del siglo pasado, se expandió de manera que la gente tuvo un mayor acceso a la movilidad y a las noticias de los principales medios de comunicación.  Pero solo desde el advenimiento de las tecnologías de comunicación se han puesto de manifiesto los comienzos rudimentarios de una psique global consciente.  Mientras ha existido una mente colectiva inconsciente de la especie, esta se situaba por debajo de la percepción consciente de la mayoría de la gente. Ahora esto «se ha volteado» hacia una presencia física, en el sentido de que muchísima más gente es actualmente consciente de las fluctuaciones psíquicas a lo largo de todo el mundo. En este momento, durante la pandemia del 2020, estamos experimentando estas fluctuaciones. Esto no era posible antes, incluso en la época de la llamada gripe española del periodo 1918-20. ¿Por qué importa esto? Porque los efectos de la consciencia, aunque aparentemente inconscientes, son sencillamente tan importantes como los efectos físicos tangibles, de los que generalmente somos más conscientes.

La consciencia es tan contagiosa como cualquier virus biológico. Puede que más, ya que no está vinculada a parámetros físicos de movimiento. La consciencia es un escenario abierto, y se difunde como las ondas a lo largo de campos interconectados, fluidos e intangibles. Cada persona también crea esas ondas, que a continuación se imponen a través de los campos de consciencia de las comunidades y las naciones más grandes. De manera similar a lo que decía Gurdjieff, estamos creando posturas de pensamiento que pertenecen a colectividades de pensamiento humano. Y cuando mucha gente toma conciencia de ellas, las cosas iguales atraen y resuenan con las cosas iguales. Sucede lo mismo con el pensamiento. Esta es la razón por la que tantas personas «afines» se agrupan. Comparten un vínculo común en su pensamiento.  Al mismo tiempo, estos agrupamientos físicos crean campos colectivos de consciencia que pueden hacerse poderosos y muy influyentes. Han operado a lo largo y ancho de casos extremos, tales como la guerra, donde la gente se ha comportado en contra de su «sentido común». Asimismo, han actuado durante momentos de violencia y psicosis colectiva. Quedar atrapados dentro de tales colectividades de pensamiento es fácil, razón por la cual son tan contagiosas. Y ahora, cuando la psique colectiva de nuestra especie está creciendo y desarrollándose, tales «contagios de consciencia» son extremadamente poderosos.

Generalmente, a medida que las personas se transforman por capas de condicionamiento en «socialmente programadas», son absorbidas dentro de la «psique nacional» de sus respectivos países. Esto siempre ha operado como una función útil de manejo social.  Cuando las personas aprenden a descondicionarse a sí mismas, y a desechar esas capas de su condicionamiento psicológico, crean estados de consciencia más expansivos accediendo a una gama más amplia de campos de consciencia. Estas son las personas que tienen una influencia fuera de lo normal sobre los demás, especialmente cuando están muy cerca.  Cada uno de nosotros se ve afectado por las «ondas de consciencia» que emanan de otros. Así es como actúa la ecología de la consciencia. Y puesto que es una ecología interconectada, el despertar individual –o expansión de la consciencia– no se queda solo a nivel individual. Como propone el investigador transpersonal Chris Bache: la ecología de la consciencia es inherentemente colectiva. Lo que introducimos en nuestros campos localizados de consciencia entrará luego a formar parte de un organismo o campo de consciencia mayor. Y esto, finalmente, formará parte de un campo resonante de consciencia colectiva más grande, a nivel comunitario, nacional y global.  De manera que, lo que pensamos y cómo lo pensamos es, de hecho, parte de nuestra responsabilidad. Como dijo Sri Aurobindo: «Pero ahora, de manera muy notable y rápida, está saliendo a la superficie esta nueva tendencia psicológica de consciencia comunitaria.»[ii]

Lo que actualmente estamos experimentando no es solo una pandemia biológica sino también psicológica. Cómo la alimentemos y de qué se nutra,  creará el tono de una resonancia psíquica global. Y este campo integral de resonancia puede ser coherente o disonante, y muchos otros grados intermedios. Es decir, si se crea un entorno psicológico de miedo, pánico y ansiedad a través de miles, o incluso millones, de campos de consciencia individualizada, esto se expandirá como una ola para cuajar en un campo colectivo más grande de densidad psíquica aumentada. La resonancia de la perturbación será de una escala que exceda por mucho el nivel individual. De manera similar, si se transmiten ondas localizadas de coherencia, esperanza, confianza y empoderamiento, esto no solo influirá en los entornos locales y comunitarios a nivel psicológico sino también en la psique global más grande. Esto no es vudú o pensamiento mágico, refleja cómo operan las esferas intangibles de los pensamientos y la consciencia humana. Reiterando lo dicho por Chris Bache: la ecología de la consciencia es inherentemente colectiva. Psicológicamente, no estamos solos. Cada persona existe como una parte del mundo y no aparte de él, y tiene la responsabilidad de gestionar sus pensamientos, lo que recibe y procesa, así como lo que transmite.

Este momento actual de una fase de «alto» global debería brindarnos tiempo para la reflexión y la consideración. Nuestros movimientos automáticos y nuestros patrones de pensamiento se han puesto en espera. Deberíamos aprovechar esta oportunidad única; puede que nunca vuelva a suceder. Es probable que recibamos en nuestras vidas impactos externos que nos hagan detenernos como individuos, pero los impactos globales ocurren muy raramente. En este momento excepcional deberíamos reflexionar cuidadosamente. Ahora habrá preguntas de gran importancia. Por ejemplo: ¿Cómo debería reaccionar a esta situación? ¿Qué información debería permitir que influya en mí y en mi estado psicológico? ¿Debería sumarme al miedo generalizado? ¿Qué va a servir mejor, tanto para mí como para los demás: la conducta precavida o el pánico?

Estás serán las preguntas de nuestro época. Por que cómo pensamos no solo nos afecta a nosotros mismos, afecta a quienes nos rodean, y luego más y más afuera. Después de todo, la consciencia humana no existe aparte sino que forma parte de una ecología colectiva maravillosa. Es hora de pensar como seres humanos reales y no como autómatas.

 

[i] Extraído de «Charlas con Gurdjieff»: diversas fuentes online

[ii] Aurobindo, S. (1999 [1950]). The Human Cycle: The Psychology of Social Development. Twin Lakes, WI, Lotus Light Publications, pág. 38