ilusión
nombre

Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

Vivimos en una sociedad en la cual los medios de comunicación, los gobiernos, las grandes corporaciones, los grupos religiosos y las agrupaciones políticas fabrican falsas realidades. En mis escritos, planteo: ¿Qué es real? Porque incesantemente somos bombardeados con pseudorealidades fabricadas por gente muy sofisticada que utiliza mecanismos electrónicos muy refinados.

Philip K. Dick

La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad, y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro.

José Ortega y Gasset

Por lo pronto, la vida es un caos, dice José Ortega y Gasset; y por eso, ante esa espantosa realidad, se corre una cortina de fantasía. Es demasiado compleja, demasiado sucia, está excesivamente llena de incertidumbres y desconocimientos que solo perturbarían a las masas. Después de todo, la gente necesita ser reconfortada. Esta es la razón por la cual los medios de comunicación fabrican otra realidad. Puesto que somos bombardeados y asaltados por falsas realidades, Philip K. Dick se pregunta qué es real. Nosotros podríamos hacernos la misma pregunta: ¿qué es real? Quizá nuestro crimen perfecto haya sido esconder tan bien lo real que nuestras sociedades modernas se han aventurado más allá de la propia ilusión de realidad. El encubrimiento impecable es el crimen perfecto. La facultad de tomar mejores decisiones pasa por poder disponer de información. La información ha sido la savia de nuestras sociedades y culturas y a través de los siglos se ha vigilado tenazmente. Ya sea el sagrado conocimiento «divino» o la información sobre cómo mejorar nuestras vidas en general, todo ello ha sido resguardado a lo largo de la historia por diversas instituciones. Desde los reyes sacerdotes hasta los chamanes; desde los personajes religiosos hasta los científicos; desde los guías personales hasta los gurús; y desde los gobiernos hasta los principales medios de comunicación, la información siempre ha tenido un coste, si es que ha llegado a estar disponible.

La información era algo que por tradición se le daba a la gente de una manera controlada. En general, a las masas se les proveía de información de acuerdo con su nivel de inteligencia y si era necesario que la tuvieran. Y tradicionalmente ambos factores se restringían notablemente. Los antropólogos tienden a estar de acuerdo en que el homo sapiens conquistó el globo debido a su flexible capacidad de cooperar de forma masiva y con desconocidos. Y los historiadores añaden que las sociedades humanas han demostrado tener tanto éxito porque, en tanto se mantenga el orden, los humanos son capaces de organizarse socialmente y sobrevivir. Es decir, las élites unificadas han podido dominar a las masas desordenadas». Las masas, si carecen de acceso suficiente a una información fidedigna, permanecen desorganizadas. Y es aquí donde el culto a la información y el espectáculo del entretenimiento entran en escena.
La vida moderna se ha visto inundada de información puesta a disposición de las masas. La era de las masas iletradas escuchando los sermones de su iglesia local a fin de recibir la guía de la palabra divina hace mucho tiempo que pasó. La imprenta de Gutenberg marcó la señal del fin del monopolio de los escribas. Los libros empezaron a aportar a las masas —que aprendieron a leer con prontitud—, información nueva e inspiradora. Y entonces, a finales del siglo XX, sucedió algo extraordinariamente poderoso: los canales de comunicación se multiplicaron y la gente empezó a replicar masivamente. La gente dejó de ser exclusivamente receptora de información como en el pasado; ahora podía producirla por sí misma y compartirla por todo el globo con una audiencia potencial de millones de personas. Se abrió la caja parlanchina planetaria y la gente fue descubriendo que tenía voz. Y es entonces cuando la propaganda ascendió un escalón para convertirse aún más en una ciencia dura y una herramienta de gobierno.

En un pasado no tan distante, si uno quería conquistar el poder político en un país normalmente el primer paso era controlar el ejército y la policía, es decir las instituciones de fuerza bruta. Actualmente, solo en los países menos «democráticos», cuando las dictaduras intentan dar un golpe de estado todavía utilizan esa fuerza manifiesta. La guerra real es la guerra de las mentes. En la antigua Unión Soviética, el día después de la caída de Khrushchev, los editores de Pravda, Izvestiia, y los jefes de la radio y la televisión fueron reemplazados, pero no se llamó al ejército. Más recientemente, en Julio del 2016, tras el fallido intento de golpe en Turquía, el gobierno de turno cayó con fuerza sobre los que se consideraban medios de comunicación alternativos del país. La consecuencia inmediata fue que 148 periodistas y trabajadores de los medios fueros encarcelados, y 169 publicaciones impresas se cerraron bajo el estado de excepción . Y eso solo fue el principio. En cualquier sociedad es importante quien controla y cómo se difunde la información de las noticias. Pero puesto que ahora vivimos en una «era de Internet», de comunicación global y redes informativas, cada vez es más difícil mantener un control férreo de las cosas. En cierto sentido, la caja de Pandora ya se ha abierto. Y si hay tanta información por ahí fuera ¿cómo mantener el orden? La mejor solución es suministrar más información, tanta que la gente se anegue en ella. Y luego añadir alguna más para desacreditar la que ya anda por ahí fuera. Entonces, la gente no solo nada en información sino que empieza a ahogarse en ella. Y lo demás: bueno, ¡eso es el entretenimiento!

La ilusión de verdad
Mientras intentamos mantenernos a flote, nuestras principales instituciones nos están vendiendo una versión simplificada de los acontecimientos y del mundo con el fin de crear una sensación de realidad apropiada para nosotros. Es un intento de crear a nuestro alrededor una burbuja sensorial que, se nos dice, hará la vida más fácil. Al fin y al cabo, demasiados «acontecimientos de la realidad» solo servirían para romper esa burbuja simplificada y darnos a todos un dolor de cabeza. Así que a través de nuestros principales medios de comunicación y sus noticias se crea una ilusión espectral con el fin de ofrecernos una visión simplificada del mundo. Es nosotros contra ellos; bueno contra malo; desarrollado frente a no desarrollado; legal contra ilegal; y todo el resto de insípidas dicotomías que se blanden como verdades profundas.

Tenemos una «cultura oficial» que funciona como el éter; aunque no nos demos cuenta estamos inmersos en él, como los peces en el mar que no suelen deliberar sobre el agua. Esta cultura oficial crea los signos y los símbolos que dictan con eficacia nuestra rebanada de realidad: dinero, crédito, estatus, intelecto, política, deportes de masas, deportes minoritarios, famosos, películas buenas, películas malas, libros populares, libros ignorados, amor, erotismo, seducción, desengaño etcétera, etcétera. Nos tragamos tan a fondo estos términos que no resulta sorprendente enterarse de que somos una especie cultural en terapia. Hemos sido criados y «educados» para protegernos a nosotros mismos con la ilusión de la verdad. Todo se repliega detrás de su propia apariencia, de manera que las cosas parecen suceder incluso cuando no lo hacen. Esta es la gran ausencia en nuestras vidas: excusas plagadas de ilusión, escondiéndose tras falsas apariencias que nos dejan descifrando el mundo, intentando descorrer las cortinas ilusorias. El crimen de la vida es su carácter incompleto: una ausencia de vida que nos carcome. Vamos a la deriva entre noticias de segunda mano como los fantasmas vagan entre muros. Si todo el mundo cree una mentira, eso no impide que lo sea, ni la convierte en una verdad.
A menudo, la ilusión es lo que mucha gente desea oír, en lugar de las brutalidades o la realidad mundana de la vida. Desear ver una parte de nosotros mismos en aquellos a quienes idealizamos o veneramos es un «síndrome popular». Con frecuencia es una proyección desesperada o inconsciente de auto-negación. Es como si, a modo de complemento de nuestro propio sentido de realidad restringida, prefiriésemos información anodina, noticias filtradas o chismorreos de los famosos. La mayoría de las sociedades modernas prosperan fomentando la ilusión. Al final, puede que tales culturas de la ilusión tengan éxito arrebatando a las masas sus habilidades perceptivas para separar lo ilusorio de lo verdadero. Como dice el periodista Chris Hedges: «nunca desde las dictaduras fascistas y soviética, y quizá el brutal control autoritario de la iglesia católica durante la Edad Media, se ha controlado y manipulado el contenido de la información tan diestra y despiadadamente» . Nuestras así llamadas sociedades desarrolladas manufacturan y venden su ilusión de realidad tanto como pueden. Y cualquier denuncia o duda acerca de esa ilusión se encuentra inmediatamente con una defensa sistemática que etiqueta a los críticos de teóricos de la conspiración, anarquistas o antisociales. En otras palabras, quienes cuestionan la narrativa cultural (también conocida como ilusión) son tildados de ilusos. Es lo último en el manejo de la percepción. Y si todos nos volviéramos locos: ¿qué pasaría? La realidad, se diría, es lo que cree la mayoría, como se muestra en una versión revisada de un antiguo cuento:

Había una vez un poderoso presidente que gobernaba su república en un remoto lugar del globo. En aquella parte del mundo el presidente actuaba de manera muy parecida a la de un rey, pues sentía que era el único gobernante autorizado de su pueblo. Ciertamente, la democracia no ocupaba un lugar preeminente en su programa ya que sentía que era más eficaz gobernar mediante el poder que a través del voto electoral. Y así, el presidente era temido y nadie osaba pronunciarse en su contra porque en un país donde los medios de comunicación trabajaban para él no había libertad de expresión.

Pero sucedió que en tanto el presidente gobernaba poderosamente sobre la tierra no supo reconocer que su debilidad residía justo debajo de sus pies.

Una noche un anciano, que era un respetado químico en la capital, se coló en la principal planta de suministro de agua de la ciudad y sus alrededores. Mientras los habitantes de la ciudad estaban durmiendo, y sin que ninguno de los guardias de la planta lo sospechase, vertió un extraño brebaje en el sistema principal del agua. El viejo químico suspiró, porque estaba cansado de su presidente y de la insensata autoridad que había impuesto sobre la que una vez fuera su orgullosa tierra.

«A partir de ahora, quienquiera que beba esta agua se volverá loco», dijo. Y se fue, sabiendo que al día siguiente él mismo también bebería de ella.

A la mañana siguiente todos los habitantes abrieron los grifos y comenzaron a beber el agua suministrada por la planta principal, excepto el presidente que siempre bebía agua embotellada. En los días siguientes todo el mundo se fue volviendo loco, tal como había predicho el químico. Al poco tiempo todos se habían vuelto locos y empezaron a recorrer las calles y a reunirse en las plazas públicas protestando contra el presidente. Abiertamente, y sin temor, pregonaban:

«El presidente está loco. Ha perdido la razón y ya no es apto para gobernarnos. Debemos derrocarlo: ¡abajo el presidente!» Pronto la gente se reunió en el exterior del palacio con grandes pancartas en las que se leía «El presidente está loco, el pueblo está cuerdo».

El presidente ordenó una investigación, pero todos pensaban que estaba loco. Sin la pasiva conformidad del pueblo el presidente se dio cuenta de que no tenía poder real, y eso le hizo sentirse realmente enojado. Iracundo como estaba le entró sed y, en su precipitación, y sin sirvientes que le trajeran su agua embotellada, abrió sus propios grifos y bebió de ellos.

Al día siguiente todo se aclaró. Se dio cuenta de que, después de todo, era él quien estaba totalmente equivocado. Todo era, por supuesto, cuestión de perspectiva: ahora lo sabía.

Al poco hubo un gran regocijo por toda la república porque el presidente había recuperado la cordura, todo había vuelto a estar equilibrado, y todos estaban contentos… o eso razonaron.

Se ha dicho que cuando una cultura, y sus gentes se quedan sin amarre a la realidad se retiran a un mundo de fantasía. Y entonces ese modo fantasioso puede invertir significados, verdades, y cualquier sentido de lo que está pasando. Esas ilusiones colectivas, o «realidades burbuja», pueden alimentar al pueblo con palabras y frases gatillo como guerra contra el terror o sí, nosotros podemos, o hagámonos grandes de nuevo, y dentro de estos estrechos parámetros hipnóticos cualquier pensamiento crítico, ambigüedad, y observación consciente se desvanecen. Y cuando la gente ya no puede distinguir entre lo que es verdad y lo que es ficción (irreal), entonces la realidad se usurpa y el mundo de fantasía toma el relevo.

Una epidemia de información puede fácilmente convertirse en una pandemia de desinformación. De muchas maneras ya lo ha hecho. La información siempre se ha usado como una herramienta de la guerra psicológica porque forma parte de operaciones financiadas por el estado que sirven como una nueva puerta trasera en la mente de la gente. Una vez que la información falsa se ha plantado en nuestras mentes resulta más difícil ser objetivo o establecer distinciones claras. Tal información puede convertirse en un hashtag, una tendencia, y hacerse viral, que es una expresión común en la actualidad utilizada para indicar cosas, tanto positivas como negativas, que han ganado popularidad rápida y a menudo inesperadamente. La palabra viral solía indicar el comportamiento de un virus, es decir de un minúsculo agente infeccioso. La analogía es adecuada: actualmente agentes infecciosos están constantemente deambulando por nuestras redes de información y penetrando en nuestras mentes. La información que recibimos probablemente está infectada por un «agente viral», al igual que toser puede, y de hecho lo hace, diseminar el resfriado común. Y unos de los mayores esparcidores de «virus del pensamiento» son los medios sociales que con noticias y anuncios con dianas personalizadas están reforzando cada vez más las opiniones, los puntos de vista y las creencias que ya hemos elegido aceptar en lugar de plantearnos nuevos retos. Terminamos por reforzar nuestras propias burbujas de percepción en lugar de expandirlas.

Los criterios y la legitimidad de la verdad han sido sustituidos por la promoción de falsedades increíbles a través de nuestros medios de comunicación. Ahora tenemos un serio problema de credibilidad con nuestras principales instituciones sociales: medios de comunicación, política, educación y finanzas. Los principales medios de comunicación representan el ilusionismo triunfante; la ambigüedad del espectáculo que embauca y anestesia la imaginación. El bombardeo gradual y uniforme de información ha logrado nivelar la diferencia y ahora nos encontramos con que la mayor parte del contenido viene a ser casi lo mismo. La diversidad es solo un entretenimiento de prestidigitación superficial. En realidad no importa con cuál de los principales canales de noticias nos sintonizamos, todos ellos obtienen su información a partir de una selección muy limitada de fuentes. La información se dispersa desde una esfera de poder fuertemente centralizada.

Centralización de los medios
Hoy en día la mayoría de las organizaciones mediáticas occidentales son propiedad de solo un puñado de conglomerados gigantes. Estas corporaciones gigantes incluyen Comcast; Disney; Time Warner; News Corp; Viacom; Vivendi Universal; y Bertelsmann. A lo largo del tiempo han ido absorbiendo a las compañías rivales, es lo que se llaman fusiones, y expandiendo el alcance de su difusión. Comcast es actualmente la mayor compañía de radiotelevisión del mundo con MSNBC, CNBC y Universal Pictures, y el mayor servicio de suministro de Internet a domicilio en los Estados Unidos. Disney (The Walt Disney Company), la segunda multinacional más grande de medios de difusión y entretenimiento del mundo es propietaria de las redes de televisión ABC, Disney Channel, ESPN, A&E, e History Channel, así como de compañías subsidiarias de edición, comercialización y teatro. También poseen Walt Disney Pictures, Touchstone Pictures, Hollywood Pictures, Miramax Film Corp., Dimension, y Buena Vista International, así como once parques temáticos alrededor del mundo. Oh sí, y recientemente también han comprado la famosa franquicia Star Wars. En la actualidad, el siguiente gran conglomerado de medios de comunicación y entretenimiento, detrás de Comcast y Disney, es Time Warner, Inc. que es propietaria de 50 revistas; un estudio de filmación así como varios distribuidores de películas; más de 40 sellos musicales (que incluyen Warner Bros, Atlantic, y Elektra); y diversas redes de televisión (tales como HBO, Cartoon Network, y CNN).

De manera similar, Viacom posee, como parte de su imperio mediático, las redes de televisión CBS, MTV, VH1, Nickelodeon, Comedy Central, Paramount Pictures, y cerca de 2.000 cines. Y Vivendi Universal tiene el 27% de la ventas musicales merced a marcas como Interscope, Geffen, A&M, Island, Def Jam, MCA, Mercury, Motown y Universal. También es dueña de Universal Studios, Studio Canal, Polygram Films, Canal+, y de numerosas compañías de Internet y telefonía móvil. Luego está Bertelsmann que, como corporación global de medios, opera la segunda compañía más grande de Europa de televisión, radio y producción (el grupo RTL) con 45 estaciones de televisión y 32 canales radiofónicos; la mayor firma europea de edición e impresión (Gruner &Jahr); la mayor marca en lengua inglesa de edición y comercialización de libros (Random House); el mayor club mundial de libros y música (Direct Group); y un proveedor internacional de servicios mediáticos y de comunicación (Arvato AG).

Estoy bastante seguro de que la persona promedio no habrá oído hablar de Charter Communications. ¿Son conocidos? ¿Son grandes? Son el segundo operador por cable más grande de los Estados Unidos, justo por detrás de Comcast, y está en tercera posición como operador de televisión de pago. En 2015 Charter compró Time-Warner Cable con una oferta de 787.000 millones de dólares. Bueno: eso es mucho dinero. Pero lo que quizá el público conozca mejor sea News Corp que combina una vasta gama de canales y satélites de televisión, conglomerados de revistas y periódicos, compañías de grabación y publicación extendidas por todo el mundo y con una fuerte presencia en los mercados asiáticos. ¿Comenzamos a hacernos una idea? El mundo del entretenimiento está controlado por ingentes conglomerados megalíticos que absorben (perdón, se fusionan) con sus competidores.

Actualmente, tras las corporaciones, las siguientes fuentes de noticias más poderosas quizá sean las convenientemente anónimas «fuentes gubernamentales» que venden las mismas noticias engañosas a todos los consumidores. ¿Qué ha pasado con las fuentes fidedignas? Al público le gustaría saber quién asesinó a Kennedy, y quién mató a «la fuente». Hoy día todo lo que tenemos son sucedáneos, sustitutos anodinos: Associated Press y Reuters News que han engullido la plétora de fuentes que antaño validaban el flujo de información. Ahora las noticias se escupen en amigables frases cortas para no aburrir al consumidor impaciente. Las noticias se han ido convirtiendo cada vez más en esos «acontecimientos que desaparecen», incidentes pasajeros que se van sin dejar huella duradera en nuestra memoria. ¿Quién era esa persona a la que apuñalaron mientras compraba el otro día? ¿Quién dejó el perro en el coche en un día caluroso hasta que alguien que pasaba por allí rompió la ventanilla? ¿Quién apareció en las noticias que fue falsamente arrestado y acusado y luego discretamente puesto en libertad? ¿Quién era el poli al que dispararon? ¿Quién ganó la última edición de Factor X o de Got Talent España, etcétera, etcétera? ¿O fue el poli quien disparó a alguien de quien no se ocuparon las autoridades? Ah sí, fue la «persona de paso por las noticias» que se ha deslizado de vuelta a la no-esfera.

En los Estados Unidos especialmente, el periodismo televisivo se ha convertido en una mascarada. Chris Hedges apunta que «El periodismo televisivo es en gran medida una farsa. Los presentadores famosos, disfrazados de periodistas, ganan millones al año y ofrecen una plataforma a los poderosos y los famosos de manera que pueden dar vueltas, ser ambiguos, y mentir… Si uno es un verdadero periodista, debería empezar a preocuparse si gana 5 millones de dólares al año» . De esta manera, chismes personalizados, historias íntimas de estrellas, políticos y famosos de la élite se hacen pasar por noticias para distraernos. Tal periodismo burdo no busca noticias de calado o valor sino un fantasioso carrusel de personalidades. Y cuanto más legendarias sean las historias más oportunidades tienen de éxito y de llegar al corazón de la gente. Los relatos que hablan de estas personalidades «célebres» consiguen la atención de los medios, en especial cuando están saturadas de chismorreo, relaciones o peleas domésticas. Las personalidades son menos idolatradas cuando se manifiestan en contra de las prácticas de fracking o las propuestas de oleoductos. De alguna manera, no parece correcto que la hermosa estrella de una película de franquicia proteste en chándal y zapatillas deportivas bajo la lluvia. Sencillamente, las dos imágenes no pueden ir de la mano en las cabezas de la gente.

La misma información se ha convertido en su propia suerte de técnica teatral. Y en el mundo moderno actual la mayoría de las noticias están llenas de trampas.

Aviso importante: las noticias son un fraude

Actualmente, la información y las noticias tienen más que ver con el manejo de la percepción que con educar a la gente. Influir en las mentes es más favorable y más lucrativo que informarlas. El resultado final está más garantizado y controlado. La información abierta siempre ha sido algo peligroso, como bien saben las religiones y las instituciones sociales desde hace mucho tiempo. La información controlada busca crear titulares artificiosos, imágenes censuradas y cortadas, y noticias higienizadas. Y como consumidores de esas noticias aceptamos y adquirimos una irrealidad invasora. Es un mundo de sustitución que subvierte la mente. A menudo es más fácil confundir y desinformar que inculcar opinión.

Hoy día nos enfrentamos a un nuevo tipo de noticias. Hemos entrado en el salón de los espejos del periodismo donde las falsas noticias y los hechos alternativos oscurecen aún más la apariencia de verdad manipulando el ya frágil y fragmentado sentido de realidad. La enfermedad de lo irreal se extiende como una pandemia. ¡La nueva «noticia» es lo falso!
En el último par de años, el meme «hechos alternativos» ha ido ganando terreno, especialmente en el discurso político. Es una manera práctica de restar importancia a las noticias molestas así como de aparentar que se desacredita la fuente de información. No solo eso, también es una manera deliberada de añadir confusión al asunto. Una vez que la gente empieza a cuestionar la validez de las noticias que se difunden y la «veracidad de los hechos» uno no puede volver a estar seguro de lo que y no es real. Esta parece ser que fue una táctica política utilizada en la campaña presidencial de 2016 en Estados Unidos, especialmente por parte del candidato republicano (quien posteriormente se convirtió en presidente). A Trump no solo le gustaba referirse a las noticias inconvenientes como «hechos alternativos» sino que también cultivó (consciente o inconscientemente) el hábito de contradecirse y de ser incoherente en sus políticas. Al final, se ha comprobado que para los periodistas resulta confuso definirle y los medios sociales estaban inundados por un diluvio de declaraciones, opiniones y críticas contradictorias. Nadie sabía lo que representaba, política o personalmente, y al final se diría no solo que a muchos no les importó, sino que lo más probable es que la incertidumbre y la confusión jugaran a su favor.

De manera similar, comentaristas sagaces señalaron que en Rusia el gobierno de Putin también jugaba la «carta de la incertidumbre» actuando en ambos lados del juego político. En su documental Hypernormalization, Adam Curtis señala que el régimen de Putin respaldó y apoyó, sin que lo supiesen, a muchos de sus oponentes políticos y de las facciones críticas, y luego expuso públicamente esta táctica. El resultado es que la credibilidad en la esfera política se erosionó y a raíz de ello quedaron la incertidumbre y la confusión. El papel de la «verdad» ya no seguía siendo viable. Para cualquiera es difícil discernir lo que es real y lo que es una información creíble cuando el campo de juego se manipula deliberadamente con desinformación. Las agencias de espías gubernamentales de todo el mundo han usado una estrategia similar. De hecho, sería acertado decir que una gran cantidad de la información convencional que actualmente está en circulación es desinformación. Es decir, ha sido alterada, adulterada, censurada o falsificada. Quizá la única «verdad» es aquello que nos llega mediante la experiencia personal. El resto es una falsificación del mundo. El fenómeno reciente, muy publicitado, de las «noticias falsas» no es algo nuevo, solo que hace mucho tiempo se difundían de manera controlada y se las llamaba noticias principales.
Los medios sociales, especialmente desde las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, se han enfrentado al incremento de las noticias falsas. La gente ha ido configurando sitios de noticias online, copiando información de otros sitios, adaptando la perspectiva de las noticias al sesgo político, para publicarlos después con sofisticados vídeos de código abierto y titulares «clickbaits» . Ah sí, este es otro fenómeno que acaba de surgir: los clickbaits. Son titulares pegadizos que hacen que la gente clique en ellos, habitualmente con falsos pretextos, con el único fin de generar ingresos publicitarios. Como un autor de ese tipo de noticias confesaba en una entrevista: «La destreza para escribir un titular clickbait, añadir un video generado por un usuario que se encuentra en YouTube, y redactar apresuradamente una publicación de 400 palabras en 15-30 minutos es una habilidad que no se enseña en las escuelas de periodismo» . Muchos sitios de noticias falsas aparecen de repente durante los meses de elecciones en localizaciones periféricas al país de destino. Un ejemplo notable de ello durante la campaña para las elecciones presidenciales fue la inundación de sitios de noticias falsas en la web aparecidos en una pequeña ciudad de Macedonia donde noticias sensacionalistas generaron enormes ingresos publicitarios. Uno de los responsables, un estudiante macedonio de diecinueve años, comentaba que: «A los americanos les encantan nuestras noticias y nosotros ganamos dinero con ello… ¿A quién le importa si son verdaderas o falsas» .

En efecto, ¿a quién le importa? La educación solía consistir en adquirir conocimiento. En un mundo de post-verdad y «hechos alternativos» el conocimiento no tiene validez. Hoy en día lo que se cataloga como conocimiento son, más a menudo, datos informativos que se han acordado para su diseminación general. Incluso el fenómeno de las así llamadas «filtraciones» es simplemente otro acontecimiento de seudonoticias falsas. A menudo oímos que algunas noticias urgentes han sido filtradas desde fuentes gubernamentales, o por alguna autoridad, como si eso no se hubiese diseñado para que pasase. Pero la mayoría de nosotros sabemos que solo es una moderna estrategia de relaciones públicas para probar una historia y evaluar la reacción del público, o para prepararlo para algún acontecimiento futuro predeterminado. Filtrar, prácticamente nunca corresponde a una verdadera filtración, solo es otra manera de lanzar una información controlada o falsificada. Un ejemplo (entre otros muchos) es cuando el gobierno de Estados Unidos, antes de la primera invasión de Irak, filtró a la prensa «información de alto secreto» de manera que al día siguiente pudiesen hablar de ello en la televisión nacional porque ya era de dominio público. Esto sucedió en Estados Unidos en la antesala de la invasión de Irak, cuando la oficina de Dick Cheney «filtró» información al New York Times de manera que al día siguiente se pudiese hablar de ello durante los programas de debate dominicales . Las instituciones gubernamentales de todo el mundo utilizan estas tácticas soterradas por todo el mundo; y esto es aplicable no solo a los asuntos globales sino también a la política cotidiana habitual.

En las noticias de cada día encontramos extractos de un discurso político inminente que se han «filtrado» a la prensa. ¿Por qué en casi todos los discursos políticos la prensa parece conocer lo que va a pasar? Para cualquier observador medianamente serio resulta obvio que los gabinetes políticos transmiten deliberadamente partes de sus próximos discursos para tantear el terreno con su contenido y preparar al público para lo que se avecina. Hoy día, canales de filtración es sencillamente otra manera de decir canales de información.

Estos ejemplos demasiado frecuentes de diseminación «legítima» de noticias no son nada si se comparan con las filtraciones, financiadas por el estado, de las agencias gubernamentales. El así llamado escándalo «Rusiagate» solo es otra mezcla de hipocresía y desinformación. Demuestra un nivel de desvergonzada hipocresía ya que es bien sabido, y está documentado, que países como Estados Unidos y China tienen una horda de técnicos cibernéticos que infiltran los foros online, los sitios de chat, las webs de reuniones, los blogs, etcétera, sembrando y difundiendo deliberadamente una gama de (des)información calculada. Esa información puede ser propaganda progubernamental, desinformación premeditada, «hechos» alternativos, o flagrantes irregularidades posverdad destinadas a confundir la infoesfera. Las autopistas de la información son un campo de juego abierto donde muchos actores, agencias y agendas rivalizan por estar presentes, infiltrar y dominar. El juego está ahora en los ámbitos digitales, y todo se trata del manejo de la percepción. Es difícil juzgar con exactitud quien dice qué o por qué.

¿Quién está diciendo qué?
Cada vez es más probable que las noticias que leemos online o en nuestros periódicos favoritos no hayan sido escritas por quien uno pensaba. Echad un vistazo a este ejemplo:

Thomas Keehn no permitió ni una carrera ya que el miércoles los Stags vencieron a los Good Counsel por 1-0. Keehn solo permitió dos hits y provocó dos fly out de Walker hasta el final del juego.
El pitching fue fuerte por ambas partes. Thomas Keehn eliminó a nueve, mientras que Orie sentó a tres.
Los Stags tomaron ventaja en la segunda entrada.
Un single de Grass en la segunda entrada fue un punto positivo para Good Counsel.
Keehn consiguió la victoria para los Stags. Logró siete entradas, no cedió ninguna carrera, dio dos hits y nueve strikes out. Orie cargo con la derrota de los Good Counsel. Logró seis entradas, rindió una carrera, tres hits y tres strikes out.
Timmy Pyne anotó 2-for-2 en el plate para liderar a los Stags en hits. ,

Quizá no sea la más prosaica de las obras; y con seguridad no ganará ningún premio literario. Pero dudo que al autor le importe, porque no es ni un él ni una ella: es un algoritmo. El texto fue escrito por un poderoso motor de inteligencia artificial llamado «Quill», creado por Narrative Science, Inc; una compañía fundada para producir artículos automáticos en una variedad de áreas que incluyen deportes, negocios, y política. Este software inteligente puede generar un reportaje de noticias aproximadamente cada treinta segundos. Muchos de sus artículos automáticos ya se publican y se utilizan en sitios web ampliamente conocidos y respetados que prefieren no revelar este hecho. Una manera rápida de encontrar artículos producidos por «Quill» es realizar una búsqueda usando las siguientes palabras: «Powered by Narrative Science and GameChanger Media», exactamente como yo encontré el extracto anterior. La idea de que la gente escribe todos los reportajes de noticias es solo otra ilusión. En una conferencia de la industria el cofundador de Narrative Science, Kristian Hammond, predijo que dentro de quince años los algoritmos escribirían más del noventa por ciento de los nuevos artículos .

En la página web de Narrative Science se afirmaba atrevidamente que:
Narrative Science está humanizando los datos como nunca antes, con tecnología que los interpreta y luego los transforma en narrativas inteligentes a una escala y una velocidad sin precedentes. Con Narrative Science, sus datos se convierten en procesables, un poderoso recurso que usted puede utilizar para tomar mejores decisiones, mejorar las interacciones con los clientes y empoderar a sus empleados .

Así que nuestros datos informativos se están humanizando «como nunca antes» eliminando el elemento humano: ¿cómo es esto? Bien, tan solo es otra ilusión: un gran juego de prestidigitación y el hábil arte del manejo de la percepción. Pero aunque es difícil estar totalmente de acuerdo con la predicción anterior de que en un futuro cercano más del noventa por ciento de las noticias serán escritas por algoritmos, sí muestra como los de la industria perciben nuestro futuro humano menguante. Mi sensación es que con el continuo incremento de los medios sociales habrá un periodismo civil vigoroso procedente directamente de la población local. También es probable que haya un aumento de la recolección y difusión de noticias alternativas. Pero persiste la pregunta de si seremos capaces de discernir la diferencia entre las noticias generadas por humanos o por algoritmos. ¿Cómo saber que algo que se lee online ha sido o no escrito por un algoritmo? Y esto nos conduce al tema de la confianza que, probablemente, sea un área creciente de preocupación durante los próximos años. Mientras la ilusión de nuestra información se intensifique la noción de redes y fuentes fiables llegará a ser fundamental. Y la confianza es cuestión de discernimiento.

En estos tiempos del bardo tendremos que fortalecer nuestros sentidos de discernimiento. Al igual que los mundos «intermedios» de esas épocas pueden ser desconcertantes, llenos de almas perdidas y errantes, así mismo aquí abajo en la tierra el bardo social es una zona de perplejidad. En el ámbito budista del bardo se nos dice que el alma que se reencarna debe encontrar su camino de vuelta al mundo de lo terrenal. En los tiempos del bardo de la vida social es preciso abrirse camino a través de las incertidumbres, las confusiones deliberadas, la desinformación, y los acontecimientos manipulados. El alma, eso parece, no tiene tregua ya sea entre mundos o en este mundo.

Tener discernimiento significa disponer de una facultad crítica activa, lo que quiere decir estar alerta a las fuentes de nuestras noticias, opiniones e información cultural. Y especialmente alertas a lo que se nos dice (o se nos suministra) a través de nuestros canales políticos filtrados. Tenemos que estar alerta y observar cómo se materializa la información a través de nuestros canales institucionales dominantes. La mayoría de las noticias y la información que se exhibirán en la «pantalla pública» a lo largo de los años del bardo irán dirigidas a un nivel emocional. Y mucho de ello también será un péndulo que oscile entre el entretenimiento trivial y el miedo emocional (ver capítulo 9). Para nosotros, el mundo saturado de información en el cual vivimos puede ser una fuente excelente o un circo de distracción: es responsabilidad nuestra decidir qué queremos hacer con ello.

En el ámbito desconcertante del bardo social también nos bombardean con distracciones que sirven para deteriorar el ser. Se nos ofrecen mantras comerciales de auto-ayuda y vídeos monísimos de gatitos (ver capítulo 8). El así llamado «auto-desarrollo» todavía sigue empaquetándose en Ashram Avenue, Guru Boulevard, o la habitación sudorosa del yoga. Y aún así no necesitamos estos artefactos engañosos para trabajar realmente en nuestro sentido de estar enraizados, alerta y críticamente conscientes. Tenemos que ver lo que está pasando realmente y mirar a través del espectáculo. Hay que quitar la basura antes de que tenga la oportunidad de entrar en nuestras mentes. Trabajar para ser el observador enraizado es más sutil de lo que jamás podríamos sospechar. Es más necesario que nunca en nuestras culturas cada vez más carnavalescas y contrarresta los espectáculos efervescentes que nos seducen. El espectáculo está a punto de hacerse mucho más gregario.

 

Extraído de su último libro: Los tiempos del bardo: hiperrealidad, alta velocidad, simulación, automatización, mutación, ¿un fraud