El «Evento Covid» regaló al mundo irreal su gran golpe maestro al espacio de lo real. Esta intervención perceptiva proporcionó el estímulo final necesario para inclinar el siglo veintiuno hacia una esperada realidad tecnológicamente manipulada. Un nuevo panorama en el cual, por primera vez la mente humana se encuentra fuera-de-lugar dentro de su propio territorio, está emergiendo. Los que ahora se designan como paisajes «post-pandémicos» emergentes probablemente sean un territorio peligroso para nuestros estados mentales, emocionales y físicos. La condición humana se está modificando.

Nuevas formas de poder, integradas dentro de estructuras de seguridad sanitaria, están aumentando y re-imaginando nuestras vidas sociales, los lugares donde vivimos y trabajamos, y nuestros movimientos físicos y digitales. Hasta ahora, la tela de araña de control social operaba principalmente bajo la línea de flotación, en un espacio donde existía un mundo casi intangible más allá de la gobernanza y la rendición de cuentas. La bestia de la modificación del comportamiento extiende sus tentáculos sin vergüenza a través de nuestras instituciones sociales y culturales más establecidas, todo en nombre de la seguridad sanitaria (el nuevo seudónimo de la gestión social). Estas instituciones incluyen los medios de comunicación, la vida civil, la oficina y –quizá sobre todo–el mundo digital online. La modificación de estos espacios se configura para desensibilizarnos, anestesiarnos y deshumanizarnos más a fondo. Es como si la mente colectiva humana se estuviese aseando y preparando para una nueva realidad consensuada de «disonancia normalizada».

El panorama post-pandémico mezcla pandemias físicas con sus propias epidemias digitales virales que infectan la psique humana. El filósofo italiano Franco Berardi ha señalado que nuestro «mediascape[2] electrónico» pone «el organismo sensible en un estado de electrocución permanente»[3]. El cuerpo social está siendo deliberadamente fijado como objetivo de estrategias que causan ansiedad, fragmentación, agotamiento, confusión, polarización y miedo. Podemos visualizarlo a través de los confinamientos nacionales y locales; el distanciamiento social; la interacción anti-social; la marginación social; la pérdida de independencia económica, y más. A principios de Julio, el profesor Sir Venki Ramakrishnan, presidente de la Royal Society (la academia de la ciencia del Reino Unido) declaró públicamente que las mascarillas debían usarse en todos los espacios públicos (como ya sucede en muchos lugares de Europa y por todo el mundo). No usarlas, añadía, «debería considerarse como “anti-social”, al igual que conducir habiendo bebido o sin llevar el cinturón de seguridad»[4]. Esto no es ni más ni menos que alentar un régimen de vergüenza pública. La condición humana está siendo sometida a un nuevo ritmo de la moderna máquina de poder que está destruyendo nuestras alianzas sociales.

Las condiciones establecidas que crearon una sensación de realidad social se están disolviendo y remplazando por procesos destinados a gestionar las masas a través de formas de separación y cuantificación; es decir, las técnicas necesarias para iniciar la formación de una humanidad tecnificada. Estos procesos buscan reducir la vida humana, y su entorno, a algo cuantificable y predecible: una vida ordenada por algoritmos. Estos cambios impuestos están creando un desequilibrio en la psique humana: una fragmentación del ser humano. Más aún, buscan romper nuestras relaciones sociales de confianza.

Algo insidioso se acerca sigilosamente al colectivo global tratando de crear un mundo de sonámbulos, atiborrados de pastillas para el miedo, puestos al día de vacunas, programados con sandeces y displicentes con el pensamiento alternativo. Como organismo biológico consciente se nos está preparando para imitar el automatismo de la máquina. La humanidad está mentalmente dormida y se desliza hacia el vacío donde nos espera una nueva forma de «colectivo social».

Se están diseñando y empleando técnicas para producir un comportamiento normalizado y estandarizado a fin de crear una población socialmente gestionada. La mente humana colectiva se adapta y adopta una infraestructura de control que opera en gran medida mediante formas de conectividad digital. Yo me refiero a este mecanismo creciente de ingeniería social como la moderna máquina de poder que ejerce control sobre la expresión y la autonomía de la conducta humana. Para promulgarlo se ha seleccionado un consorcio de instituciones a fin de estructurar las sociedades contemporáneas hacia funciones específicas que ofrezcan la promesa de seguridad y bienestar humano mientras desarrollan un incremento de la dependencia social. Este es el panorama post-pandémico que en la actualidad está surgiendo rápidamente y en el cual nacerán todas las generaciones futuras.

 

El final de la infancia

Luciano Floridi, una profesora de filosofía y ética de la información, cree que la civilización humana está cambiando hacia una fase de «hiperhistoria». Una sociedad hiperhistórica que depende de tecnologías integrativas, dice Floridi, también podría llegar a ser independiente del humano, es decir, no nos necesitaría. La vida en este planeta se está convirtiendo en una infraestructura que favorece la inteligencia maquinizada y los organismos artificiales, y de este modo des-territorializa la experiencia humana. Nuestros ambientes urbanos pueden ser más propicios a la vida artificial que los biológicos. Nadie está listo todavía para la mutación por llegar.  Estamos siendo programados para hacernos cargo de una nueva posición en el mundo que mermará la posibilidad de trascendencia humana; un mundo donde el «robot de carne» se convertirá finalmente en la realidad consensuada.

Estamos presenciando una migración sin precedentes desde el espacio físico hacia la esfera digital: un entorno de vigilancia y gestión social tecnocráticas. Las generaciones que llegan no reconocerán las diferencias fundamentales entre la esfera digital y el mundo físico ya que esta fusión formará parte de la realidad en la que nacerán. Para las nuevas generaciones, la esfera-digital-física será su única realidad porque habrán nacido sin la distinción offline-online. En palabras de Luciano Floridi, habrán nacido en la vida conectada. Esta es ahora su realidad, y es «vida conectada».  El mundo que muchos de nosotros reconocíamos como humano nunca volverá a ser igual. Con la modalidad «vida conectada» comienza una nueva era histórica. La infancia llega a su fin cuando dejan de ser niños y se convierten en usuarios; es entonces cuando habitan realidades completamente nuevas que creen que son «creadas por los usuarios» cuando, de hecho, es precisamente lo contrario.

La conectividad y el acceso formarán parte del régimen de la nueva máquina de poder. Y los derechos de acceso van a ser un asunto del consenso de seguridad sanitaria. Formar parte de la máquina de poder significará optar por las conexiones autorizadas y vigiladas. Pronto, excluirse será una alternativa casi imposible. Conectarse con la máquina de poder se convertirá en la nueva cartografía de la «realidad humana». Cuando la vida humana llegue a estar regulada automáticamente, vivir «manualmente» llegará a ser uno de los pocos lugares de resistencia residuales.

 

La ciudad como cuna maquinal

La vida moderna, especialmente dentro de las densas metrópolis urbanas, así como dentro de los vecindarios asolados por la pobreza, afecta severamente al estado psicológico y al sistema nervioso humano. Naomi Klein ha señalado cómo está surgiendo un tipo de «doctrina del shock pandémico» en la cual las ciudades metropolitanas están estableciendo alianzas sospechosas con grandes conglomerados tecnológicos para rediseñar la vida en las ciudades. Klein ha afirmado que los confinamientos por cuarentena no eran tanto para salvar vidas «sino un laboratorio viviente para un futuro permanente y sumamente lucrativo de no-contacto».[5] Un director ejecutivo tecnológico a quien entrevistó Klein comentaba que: «Ha habido un entusiasmo claro por una tecnología menos humana, con menos contacto… Los humanos son un peligro biológico, las máquinas no».[6] Varios gobiernos municipales locales están negociando con grandes compañías tecnológicas privadas para crear una «integración perfecta» entre gobiernos municipales y operaciones educativas, sanitarias y policiales. Más aún, el hogar individual se convertirá en un centro smart-enclosed (encerrado inteligente) para el residente urbano. Todo esto, y más, como una «respuesta pandémica de vanguardia».

Ahora, la educación online, la oficina en casa, la telemedicina y el comercio online forman parte de un panorama de inversión emergente para convertir las infraestructuras físicas-digitales en otras «basadas en la nube» que se incorporarán a la red 5 G plenamente lograda que se avecina. Todo ello en nombre de suministrar a los ciudadanos un panorama titulizado «libre de virus». Erich Schmidt, ex director ejecutivo de Google/Alphabet y actualmente presidente del consejo de innovación de la defensa (Defense Innovation Board) que asesora al departamento de defensa sobre IA (inteligencia artificial) militar, anunció públicamente con rostro impasible:

«El beneficio de estas corporaciones, a las que nos encanta difamar, en su capacidad en materia de comunicación, de ocuparse de la salud, y de obtener información es profundo. Piensen cómo sería su vida en América sin Amazon».[7]

Ahora Schmidt ha sido contratado para encabezar el grupo de trabajo encargado de re-imaginar la realidad post-Covid en Nueva York. Y no estará solo. Actualmente, la tecnología punta está actuando agresivamente para asociarse con los gobiernos municipales para ofrecer a la sociedad civil un paisaje más seguro, «titulizado»: todo en «nuestro» beneficio.

El panorama de las oficinas de negocios también se está reorganizando para regular y aislar aún más las interacciones sociales entre colegas de trabajo. Puede decirse que una nueva forma de modificación de la conducta en los negocios está en proceso. Un análisis reciente de los negocios publicado en Bloomberg por Jeff Green y Michelle F. Davis, sugería que:

Los lugares de trabajo pre-Covid, con sus escritorios compartidos y áreas comunes, diseñados para «colisiones creativas», se están reformando para la era del distanciamiento social. Hasta ahora, los empleadores han ideado una combinación del estilo de seguridad de los protocolos y la vigilancia en las entradas a los aeropuertos y las precauciones que ya se ven en los supermercados como protecciones y mamparas anti estornudos.[8]

Los autores del informe también prevén que los trabajadores que vuelvan a sus oficinas probablemente se encerrarán en cubículos improvisados hechos de láminas de plexiglás.   Claramente es un nuevo modo de anti-interacción en los trabajos.

Cientos de grandes compañías, al menos, planean lo que llaman «programas de reorientación de los empleados» y ya han alquilado, según las fuentes del artículo, «escáneres térmicos» para monitorizar la presencia de fiebre en los empleados. Los autores también destacan que ha habido un pico en los puestos de trabajo para «rastreadores» que localizarían los contactos de cualquiera que diese positivo en las pruebas para el virus covid-19. En resumen, ahora las compañías están buscando una serie de soluciones para mantener separada a la gente a lo largo de toda la jornada de trabajo. IBM, por ejemplo, está considerando usar sensores o encontrar nuevas tecnologías para detectar cuándo la gente está demasiado junta o «tiene tendencia» a ir en esa dirección. Otro informe del Reino Unido[9] destacaba cómo las compañías estaban evaluando el desarrollo de sus propias apps especializadas para los smartphones de los empleados que harían funcionar los ascensores sin usar las manos. El lenguaje que las empresas están utilizando incluye «burbujas seguras» que rodeen a los empleados y los monitoricen para que dichas burbujas no se solapen. ¿Cómo gestionarían semejante vigilancia?

Diversas compañías, sigue diciendo el informe del Reino Unido, están recurriendo a enseñar a las inteligencias artificiales (IA) a monitorizar las videocámaras que vigilan a los empleados. El director de tecnología de Soluciones Motorola (radicada en Boston), Dr Mahesh Saptharishi, explicaba que los algoritmos IA pueden ofrecer feedback de los «pinch points» (puntos de estrechamiento) donde la gente esté demasiado junta. En lugar de que los jefes (léase «humanos») tengan que dedicar el tiempo (léase «perder el tiempo») observando el vídeo real, pueden «preguntar» a la IA qué tal se cumple en general la distancia social y dónde están los puntos problemáticos.[10] Así se resuelve el asunto. Simplemente dependeremos de los algoritmos de IA para que nos digan cómo mantener la «distancia social» en nuestras burbujas sin interacción, y así poder modificar nuestra conducta de acuerdo con ello. ¡Trabajo terminado!

Lo que esto significa es que a fin de poder modificar nuestra conducta, las máquinas inteligentes tendrán que recopilar series de datos cada vez más grandes sobre nosotros. Es decir, las «ciudades inteligentes» y las «oficinas seguras» equivalen a vigilancia incrementada la cual a su vez equivale a series de datos ampliadas. Ahora la «Black Iron Prison» que Philip K. Dick vio venir nos alcanza de lleno en forma del capitalismo de vigilancia.

 

Capitalismo de vigilancia

La profesora Shoshana Zuboff, autora del libro ampliamente aclamado La era del capitalismo de la vigilancia, ha dicho que actualmente la conexión digital es un medio para otros fines comerciales. Con el rápido aumento de la recopilación de datos para el beneficio comercial, Zuboff dice que: «El resultado es que tanto el mundo como nuestras vidas se han traducido de forma generalizada en información».[11] La gente se restringe a ser menos que productos porque se reducen a ser un mero «input» para la creación del producto real que son los datos. Las predicciones sobre el futuro de las personas se venden al mejor postor de manera que pueden aprovecharse o alterarse para favorecer la obtención de mayores ganancias comerciales. Zuboff considera que el capitalismo de vigilancia es, en su núcleo, parasitario y auto-referencial: un parásito que alimenta todos los aspectos de todas las experiencias humanas.

Se considera que la experiencia humana se puede tomar como materia prima gratuita y eso es lo que se convierte en el producto de valor. A partir de este material, las organizaciones deciden intervenir en nuestras vidas para dar forma y modificar la conducta humana a fin de favorecer los resultados más deseables para el beneficio comercial. Actualmente, la modificación del comportamiento está en manos del capital privado, y se asume con la mínima cantidad de control externo. En lo más básico, los humanos se han reducido a «baterías» que producen series de datos que son procesados por algoritmos y aprendizaje automático. Lo que es más preocupante es que, en gran medida, la población general ignora lo que está pasando literalmente bajo sus narices. Como dice Zuboff, sin darse cuenta la gente termina por crear sus propias maneras de dominación.

Mediante sus operaciones de «normalización» tecnocrática y la ruptura deliberada de las alianzas sociales, la era de la máquina de poder está manufacturando una nueva estandarización del cuerpo y la mente humana. Con la intrusión en las intervenciones gestionadas socialmente, la gente se hace vulnerable a la creciente desestabilización del ser humano. El sentido humano y la identidad del «yo» se han convertido en algo frágil; se analiza, se escudriña y se critica a través de los medios sociales de comunicación; se modifica a través del capitalismo de la vigilancia; y cada vez más se representa por los sistemas IA de reconocimiento facial tal como Clear View. Cuando estos paisajes post-pandémicos lleguen a desplegarse cada vez más y en más entornos sociales, probablemente veamos, como consecuencia, una fragmentación cada vez mayor del ser humano.

 

El ser fragmentado

No es una exageración decir que la humanidad está entrando en un periodo de crisis existencial que quizá no se haya presenciado desde la Edad Media. Solo que en esta ocasión no tenemos nuestras instituciones religiosas para ofrecernos la salvación. La responsabilidad de encontrar la salvación, haciéndonos plenamente humanos frente a las fuerzas deshumanizadoras, recae sobre nuestros hombros. En el momento actual, estamos siendo bombardeados con tal cantidad de información contradictoria que mucha gente es incapaz de encontrar coherencia o de formar una imagen completa a partir de los fragmentos. Es decir, la mente humana está encontrando cada vez más difícil ver los patrones y conectar los puntos. Mucha gente estará experimentando ahora formas de disonancia cognitiva. La disonancia cognitiva hace referencia a una situación que implica actitudes, creencias o comportamientos en conflicto, que produce una sensación de malestar mental que conduce a una alteración de las actitudes, creencias o comportamientos propios para reducir el malestar y restaurar el equilibrio.[12]

El resultado de esto es que la mente desea desesperadamente reducir ese malestar y restaurar el equilibrio buscando –o siendo provisto de– una imagen coherente, o bien la aceptación del final. Aquí el peligro es que esta «aceptación del final» o «imagen coherente» puede ser suministrada por una fuente, institución u organismo (una estructura de «autoridad» ortodoxa) y mucha gente se abalanzará sobre ella como una manera de conseguir concluir y así consolarse. Cuando, en realidad, tenemos que encontrar esta coherencia y esta clausura dentro de nosotros mismos, a través de nuestros propios recursos. Con la creciente ruptura de las relaciones sociales y del entorno humano interactivo la consciencia de la gente está siendo aún más empujada hacia la compartimentalización en la cual los eventos se ven como aleatorios en lugar de interrelacionados y significativos. Esta carencia de significación se compensará con el aumento de las atracciones visuales mientras la esfera digital se convierte cada vez más en el hogar «seguro y protegido» hacia el cual se volverá la gente. El pensamiento crítico, la observación perceptiva y el conocimiento intuitivo serán sometidos al ataque invalidante de la modificación del comportamiento.

Como estamos viendo ahora en el espacio público, la auto-identidad (raza, sexualidad, etcétera) se está convirtiendo en un objetivo para dividir y crear más dudas, ansiedad y polarización social. Psicológicamente, la gente se ve impulsada a consentir, someterse y aceptar las medidas que están siendo implementadas como los paisajes post-pandémicos de la «nueva normalidad». Y cuanto más nos sometemos, más vulnerables nos hacemos a más sumisión e impotencia. Los regímenes burocráticos y las estructuras administrativas se deslizarán más en nuestra convivencia, nuestro trabajo y nuestras vidas de ocio hasta que una forma de lo que el filósofo francés Michel Foucault llama poder disciplinario domine la condición humana. Nuevas formas de disciplina social y obediencia colectiva están fomentando un estado de percepción artificial y diseñado. Estamos justo en el centro de un tiempo de intensa «socialización forzada» o a lo que Edward Snowden se refería recientemente como una «arquitectura de opresión». Para algunos la única respuesta a esta abrumadora arquitectura será encontrar sus zonas de confort, tal como sentarse en casa en sus sillones con sus sustitutos deambulando por su parte en el paisaje físico-digital[13].  O como se describe en la película de ciencia ficción animada por computador Wall-E (2008), creciendo perezosos y obesos mientras los robots atienden todas sus necesidades, y ellos se entregan a entretenimientos infantiles. Solo podemos esperar que nunca ocurra esto.

 

La humanidad ha entrado en un tiempo sin precedentes que exige una respuesta sin precedentes. Se diría que ahora se nos pide «dar un paso adelante» para aceptar nuestra responsabilidad en nuestro devenir humano, y por tanto llegar a ser plenamente humanos. No haciendo nada, estamos permitiendo que nuestro comportamiento se modifique y nuestras auto-identidades se astillen. En estos paisajes post-pandémicos, las elecciones que hagamos serán decisiones que, como nunca antes, determinarán nuestro futuro como especie humana. Sugiero que ahora es el momento de no aceptar el empuje de la máquina de poder sobre individuos distanciados e impotentes, declarando nuestra unidad como especie empoderada plenamente humana.

 

 

[1] Una enorme y colosal criatura marina de la mitología escandinava ttps://es.wikipedia.org/wiki/Kraken

[2] El término «paisaje de medios» hace referencia a los medios electrónicos e impresos en los «flujos culturales globales»: indexa las capacidades electrónicas de producción y difusión, así como «las imágenes del mundo creadas por estos medios».

[3] Berardi, Franco. 2015. AND: Phenomenology of the End. South Pasadena, CA: Semiotext(e), p88

[4] Véase  «Coronavirus: use máscaras en espacios públicos abarrotados, dice un organismo científico» https://www.bbc.com/news/uk-53316491

[5] Véase: https://theintercept.com/2020/05/08/andrew-cuomo-eric-schmidt-coronavirus-tech-shock-doctrine/

[6] ibídem

[7] ibídem

[8] Véase – https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-05-01/the-office-you-left-is-not-going-to-be-the-office-you-return-to

[9] Véase: ‘Horrible’ offices look to tempt back workers – https://www.bbc.com/news/business-53056585

[10] ibidem

[11] Véase: https://theintercept.com/2019/03/01/surveillance-capitalism-book-shoshana-zuboff-naomi-klein/

[12] Tomado de www.simplypsychology.org

[13] Véase la película de ciencia ficción Los sustitutos (2009) o léase el libro de David Brin Gente de barro (2002).