Memes autocumplidos

 

Es importante tener en cuenta la información y las entradas que recibimos y procesamos ya que esos datos afectan nuestro sentido de realidad. Es hora de reconocer que la burbuja de percepción que forma la realidad propia no es una estructura sólida.  Es fluida y cambia, se readapta continuamente y, de vez en cuando, se tambalea. Recientemente, esta burbuja de realidad consensuada a la que la mayoría de la gente ha adherido sus sentidos, ha estado fluctuando de manera peculiar. Las nociones de lo que es verdad y lo que es falso han perdido el equilibrio. Las cosas en las que creímos; aquellas cosas, personas, o instituciones en las que confiábamos; aquellas en las que nos basamos; el presentimiento de un futuro sólido: todo se ha vuelto fluido.  Esto ha estado ocurriendo desde hace años y ha empezado a afectarnos. Al principio fue algo sutil y entró en el subconsciente a través del campo de la consciencia colectiva. Si no éramos conscientes de ello, nos corroía desde el fondo de nuestra mente. Y luego lo proyectamos en nuestros medios de comunicación, libros, películas y obras de arte. Este es el origen de los memes autocumplidos que en los últimos años se han convertido en una parte importante de nuestra cultura popular. La mayoría no éramos conscientes de ello, pero nos estábamos programando a través de nuestros memes.

La perturbación actual de nuestra burbuja colectiva de realidad, a la que me refiero como el colapso del consenso de realidad, está creando impactos psicológicos, físicos y emocionales que afectan nuestro bienestar colectivo. Los principales medios de comunicación participan y promueven la mutación de la narrativa consensuada de realidad presentando de manera sensacionalista eventos específicos que establecen como objetivo. Aprovechan un tema determinado que inflama la imaginación colectiva. De esta manera, la mente humana se ve forzada constantemente a recordar y repetir nuestros miedos colectivos proyectados. En lugar de prevenir el desastre ahora nos dedicamos a pensamientos de preparación para la supervivencia o el desastre. Hemos llegado a aceptar que algo está llegando y nos va a dañar, sea lo que sea. De esta manera, en nuestras sociedades, junto a los biológicos, nos estamos enfrentando a muchos «virus de pensamiento». En momentos como estos, deberíamos ser conscientes de lo que estamos proyectando hacia los demás mediante nuestros mensajes a través de los medios sociales, nuestras comunicaciones cotidianas, y nuestros estados emocionales y mentales. Todo lo que publicamos se convierte en alimento vibratorio para nosotros mismos y los demás. Y como se dice: eres lo que comes.

Mucha gente aún no está totalmente fundamentada en sí misma, y esta falta de cimientos puede hacer a la persona más vulnerable a las manipulaciones externas de las opiniones condicionadas y las narrativas fabricadas. Deberíamos aprender de los árboles. En su mundo exterior son suficientemente flexibles como para permitir que el viento sople a su través sin ofrecer demasiada resistencia. Y bajo tierra, en su mundo interior, se mantienen firmes y se fortalecen gracias a sus raíces. Precisamente ahora un gran vendaval está soplando por todo el mundo, y está transformando tanto nuestras vidas cómo la manera de verlas. Puede que estemos enfrentándonos a un periodo de gran turbulencia interna y externa. En muchos sentidos, hemos llegado a un momento de «reinicializar».

Ahora hay muchas incertidumbres que alimentan un aumento de disonancia, malestar y desinterés. Una vez más, es importante que no nos programemos inadvertidamente a través de nuestros memes proyectados. Un tiempo de reinicialización no debería ser un tiempo de retorno.

 

Memes autocumplidos

Psicológicamente se sabe que cuando no nos damos cuenta o procesamos conscientemente un deseo psíquico interno o inconsciente, este buscará manifestarse en el mundo externo. El ansia interior (o sombra) buscará expresarse a través de otros medios: catárticos o destructivos. Como señaló Carl Jung: «El inconsciente opera a veces con el más asombroso de los ingenios, planificando determinadas situaciones y experiencias fatales que hacen despertar a la gente».[i] Jung era optimista respecto a que tales situaciones pueden funcionar para activarnos hacia una percepción más consciente; para «despertarnos» a nuestro potencial de desarrollo. En otras palabras, lo que nos hiere también puede ser una fuente de sanación. Solo cabe esperar que este sea el caso. Esto puede explicar la reciente oleada de artefactos culturales distópicos que ha llegado a nuestras orillas.

En lo que se refiere a libros que no son de ficción, en el mundo de habla inglesa, a partir del 2003 ha habido muchos que han abordado específicamente al «catastrofismo» a largo plazo tal como se lo llama. Esto incluye, pero no se limita,  los siguientes: Our Final Century (Rees, 2003), Collapse (Diamond, 2005), Catastrophes and Lesser Calamities (Hallam, 2005), The Party’s Over (Heinberg, 2005), The Next World War (Woodbridge, 2005), The Upside of Down (Homer-Dixon, 2006), The Long Emergency (Kunstler, 2006), The Revenge of Gaia (Lovelock, 2006), When the Rivers Run Dry (Pearce, 2006), The Suicidal Planet (Hillman, Fawcett, Raja, 2007), The Shock Doctrine (Klein, 2007), Field Notes from a Catastrophe (Kolbert, 2007), With Speed and Violence (Pearce, 2007), The Next Catastrophe (Perrow, 2007), An Uncertain Future (Abbott, 2008), Reinventing Collapse (Orlov, 2008), World at Risk (Beck, 2009), Time’s Up! (Farnish, 2009), Down to the Wire (Orr, 2009), Requiem for a Species (Hamilton, 2010), Tropic of Chaos (Parenti, 2011), Living in the End Times (Zizek, 2011), Convergence of Catastrophes (Faye, 2012), The Great Disruption (Gilding, 2012), Crisis Without End? (Gamble, 2014), After Fukushima: The Equivalence of Catastrophes (Nancy, 2014), The Collapse of Western Civilization (Oreskes, Conway, 2014), The Resilience Dividend (Rodin, 2014), The Sixth Extinction (Kolbert, 2015), In Catastrophic Times: Resisting the Coming Barbarism (Stengers, 2015), Crime and the Imaginary of Disaster: Post-Apocalyptic Fictions and the Crisis of Social Order (Yar, 2015), y muchos más.

Los que siguen también han sido libros y/o películas  populares en años recientes:  Oryx and Crake (2003), The Road (libro, 2006; película, 2009), Children of Men (libro, 1992; película, 2006), The Age of Stupid (2009), The Year of the Flood (2009), The Book of Eli (2010), The Hunger Games (libro, 2008; película, 2012), MaddAddam (2013), Snowpiercer (2013), The Giver (libro, 1993; película, 2014), Automata (2014), The Maze Runner (libro, 2009; película, 2014), Divergent (libro, 2011; película, 2014), Mad Max – Fury Road (2015), Ready Player One (2018), The Testaments (2019).

Recientemente ha habido una oleada de películas de serie A y B que tratan de supervivencia postapocalíptica, escenarios post-petróleo y post-agua, comunidades precarias, supervivencia individualista, y la lista continúa.

Estos memes e ideas presentan a nuestra mente colectiva la tesis de que la mejora y el progreso continuo no es algo que se da por hecho automáticamente. De hecho, las sociedades pueden colapsar y caer en la ruina. Nos muestran que tras un evento de ese tipo es probable que se produzca una regresión de la naturaleza humana y la gente vuelva al canibalismo (The Road), al totalitarismo (The Hunger Games), o a lo tribal y barbárico (Mad Max). Muchos de estos libros y películas catastrofistas comparten un elemento común: el orden social se desintegra en ausencia de control social y valores consensuados, es decir de «condicionamiento colectivo». Más aún, que para mantener una forma de orden post-colapso se necesitan regímenes más fuertes y autoritarios. Nuevas formas de orden y control son esenciales para gestionar recursos limitados, bienes materiales, y la supervivencia humana. Los temas que siempre están presentes en las narrativas distópicas son la eliminación y la regresión.

La posibilidad de que estos memes autocumplidos se consumen ya está dentro de nuestra civilización actual. Pueden desarrollarse a través de una cascada de procesos concatenados que incluyen los sistemas energéticos, el medio ambiente, la economía, la población, la comida y el agua, la inmigración/emigración, y la geopolítica. Lo que también se siembra en el actual consenso de realidad fluida es la inevitabilidad de algún tipo de desastre inminente y un fatalismo acerca del futuro.  Otra consecuencia del meme autocumplido o catastrófico es que las poderosas tecnologías –habitualmente relacionadas con la gobernanza y la seguridad– puede que sean la única solución para la continuidad de nuestra supervivencia. Solo hace falta mirar a China para ver como este tema se está desplegando rápidamente.

Es interesante señalar que William Gibson el premiado novelista cyber-punk comentó en una ocasión que en sus novelas omitía determinadas ideas distópicas ¡porque no quería hacerse responsable de contribuir a producirlas! Nuestras fantasías distópicas puede que sean algo más que meros espectáculos de entretenimiento, es probable que también sean parte de las proyecciones (la sombra colectiva) de la mentalidad consensuada de la realidad una vez que comienza a entrar en la fluidez errática o el colapso. Como advertía recientemente el filósofo Franco Berardi:

«El arte, la poesía, la narración, la música y el cine dibujan un panorama de oscuridad inminente: involución social, decadencia física y neuro-totalitarismo… Los festivales de artes libres del nuevo siglo parecen abarrotados de elucubraciones distópicas, descripciones deprimentes del presente, y escenarios aterradores del porvenir inminente.[ii]

 

Aquí el peligro es que, de alguna manera, nuestros memes autocumplidos puedan manifestarse a través de nuestro sueño colectivo como «los escenarios aterradores del porvenir inminente». La pandemia real está en la mente.

 

Una pandemia de la mente

El psiquiatra escocés R.D. Laing señalaba que nuestra especie tiene una sólida capacidad inherente para el autoengaño y que, literalmente, «nosotros mismos nos hemos estafado acerca de nuestras propias mentes». La moderna civilización occidental, aunque externamente esté enormemente desarrollada y tecnológicamente avanzada, interiormente aún es inmadura y está psicológicamente infradesarrollada.    No hemos aprendido plenamente cómo recuperar nuestras propias mentes. O, por decirlo de otra manera, cómo descondicionarnos de esta falsa programación –esas opiniones, ideas y perspectivas– fomentadas en nosotros desde fuentes externas.

Hoy día, en una era de comunicaciones y redes sociales globales, una programación colectiva mental puede convertirse fácilmente en pandémica. Nuestras instituciones –políticas, económicas y militares, etcétera– son portadoras, al igual que lo son los medios de comunicación mediante la televisión, los libros, las películas y las obras de arte. La mayoría de nosotros no nos damos cuenta de la posibilidad de que la inestabilidad colectiva sea cuidadosamente administrada como una «nueva normalidad». Como dice la famosa frase de R.D. Laing: la locura es una adaptación perfectamente racional a un mundo enloquecido. La locura de nuestro mundo se ha generalizado tanto que se ha vuelto normal. Nos hemos condicionado a la manera ilógica e inhumana de funcionar de nuestro mundo y programado para aceptar una realidad mutada.

Las actuales perturbaciones que ahora vemos en el mundo son a lo que Jung se refería como síntomas de una «psicosis totalitaria». También son recordatorios oportunos del papel fundamental que desempeñan nuestros estados mentales en la formación de los eventos mundanos. Nunca antes en la historia humana hemos tenido la posibilidad de manifestar la psique humana a escala global. Por lo tanto es crucial que equilibremos y controlemos esta energía psíquica. Jung dio de lleno en el clavo cuando destacó que al hacer consciente la oscuridad nos iluminamos. En otras palabras, él decía que la misma cosa que es una fuerza destructiva también puede ser lo que nos libere. Lo mismo que nos hace dormir también puede despertarnos.

Y debemos despertar.

 

[i] Citado en Levy, Paul. 2013. Dispelling Wetiko: Breaking the Curse of Evil. Berkeley, CA: North Atlantic Books, pag.192

[ii] Berardi, Franco. 2015. AND: Phenomenology of the End. South Pasadena, CA: Semiotext(e), p146