A muchos de nosotros, el 2012 nos ha parecido una continua prueba de resistencia ante los cambios y desafíos experimentados por diversos aspectos de nuestras vidas. Desde que los mercados financieros se derrumbaron en Septiembre del 2008, el mundo globalizado de los medios internacionales de comunicación nos ha estado contando que todos estamos en crisis. Los bancos, eso nos dicen, están quebrando sometidos a una deuda increíble – a pesar de los   billones de billetes que se ofrecieron para reflotar el mundo financiero y llevarlo  hacia el Edén. El resultado es que, a medida que las deudas crediticias se amontonan, se reclaman los préstamos, no se pueden pagar las hipotecas, se pierden puestos de trabajo o se trasladan a otros sitios, etc., etc., un número incalculable de personas se ven abocadas a situaciones de estrés y dificultades financieras – y los medios nos bombardean sin parar con una gama desconcertante de noticias sobre la crisis, banalidades domésticas y entretenimientos (o deberíamos llamarlos “arrastres”)* para distraernos. Naturalmente, todo esto sirve de poco excepto para crear y abonar un estado mental de confusión.

Esta confusión se construye en el mundo que nos rodea cuando nuestras proyecciones externas – los deseos, las esperanzas, la avaricia, la seguridad, las posesiones, etc., se manifiestan en nuestras cabezas como objetos que hay que buscar fuera de nosotros mismos. En otras palabras, nos hemos acostumbrado a vivir en proyecciones en lugar de en un espacio real (a nuestro alcance). **

La consecuencia de esta conducta, y de este estado mental, es que muchos de nosotros estamos viviendo más allá de nuestros recursos. Luego regularizamos  esta situación; y si nos escabullimos de ella entonces la deseamos más. Cuanto más acostumbrados estamos a vivir en nuestras proyecciones externas de posesión y seguridad, más vulnerables nos hacemos a su ausencia, y a sus terribles costes financieros.  La crisis es, a menudo, un estado mental porque vivimos en un mundo que no está en el presente, o que quizás ni siquiera es posible para nosotros – de modo que creamos un mundo de falsedades para alimentar las necesidades que creemos, o nos hacen creer, que precisamos.

Nos sentimos encolerizados con los bancos porque son los nuevos “barones ladrones”***que se aprovecharon de nuestros deseos y necesidades de préstamos, casas,  coches nuevos, cocinas modernas, etc. Luego, cuando las  turbias prácticas comerciales de los bancos se fueron al traste, se les reembolsó  con dinero de los contribuyentes. Así que, no viviendo en la realidad de nuestro presente – viviendo dentro del embrujo de nuestras proyecciones externas – nos hacemos débiles y vulnerables a esas tentaciones y promesas de progreso. Sus crisis son ahora, para muchos de nosotros, nuestras crisis porque entramos en el mismo juego,  entendamos o no sus reglas. Compartimos un estado mental similar; y esa “mente” fue arrullada para que viviese en un mundo en el que pensábamos que podríamos tenerlo todo a un pequeño coste extra.  Nos olvidamos de pagar al barquero****, sus interés del 20 por ciento por encima de la inflación. Para continuar con esta metáfora, es como estar empantanados en el rio, a merced de los remos de otros. Los medios de comunicación globalizados adoran esa imagen que pone de manifiesto nuestra difícil situación colectiva. Solo que no es una crisis colectiva.

La transición global es, como pone en el envase, un fenómeno global. Y sin embargo la “crisis” es tanto un estado local como un estado mental; y ese estado local no es universal. El lugar en el que vive una persona dicta, de acuerdo a  diversos grados de influencia, el cómo vive. Como viajero he vivido y viajado por diversos lugares a los que, como “occidental” nacido en Inglaterra, no estoy  socialmente acostumbrado. Esos lugares incluyen Turquía, Jordania, Egipto, Marruecos, y recientemente la India. Cuando conducía por Marruecos a finales del 2009 – al año de los primeros problemas financieros – me di cuenta de que la gente no parecía estar implicada en nuestra crisis, pues tenía que atender sus propios asuntos de supervivencia diaria. Vivían con las necesidades y las luchas de sus circunstancias cotidianas. Esa forma de vivir estaba enfocada otro tipo de mundo. Seguía siendo un mundo en el que existían las crisis, solo que tales desafíos adoptaban formas relacionadas con su contexto cultural. Eran necesidades inmediatas, y aún así mucho más al alcance de sus posibilidades.

En mi reciente viaje a la India, con las intensas experiencias que me ofreció, tuve una sensación similar de gente que vivía en el presente. Para muchos de los indios locales, la noción de una crisis bancaria y crediticia global simplemente no forma parte de su experiencia diaria. Y ¿por qué debería hacerlo? Después de todo, se trata de un contexto y una situación que en gran medida ha sido erigida  y mantenida por los pueblos de occidente al falsificar un mundo que existe para proveernos más allá de nuestros recursos. Esto, al igual que nuestra insaciable explotación de las limitadas fuentes de energía, es claramente insostenible. Entonces ¿por qué tantos de nosotros somos “adictos” a vivir en un mundo que se proyecta más allá de nuestros actuales recursos? ¿Es nuestra mentalidad – nuestra codicia de necesidades – insaciable?

Quizás esta sea una de las razones por las que el mundo parece volverse cada vez más confuso para tantísima gente. Se está convirtiendo en una fantasía distorsionada – como si anduviésemos por un salón de espejos de carnaval en el que las formas y los tamaños están extraña y grotescamente distorsionados. Estas son las distorsiones y distracciones de nuestros objetos externalizados – nuestras proyecciones sobre el lienzo de la realidad que nos rodea. De igual modo que las etiquetas de los espejos laterales de seguridad de nuestros vehículos de motor expresamente nos advierten: Los objetos que se ven en el espejo están más cerca de lo que parece. Esto es así porque la convexidad de los espejos,  a la vez que nos suministra un campo de visión conveniente, también hace que los objetos parezcan más pequeños. De un modo similar, los espejos de nuestra percepción distorsionan la inmediatez de nuestra situación. En lugar de vivir intentando alcanzar un mundo que aparentemente se construye para nosotros más lejos – es decir, más allá de nuestros recursos – necesitamos vivir mucho más en el presente, y por tanto con necesidades y deseos sostenibles.

La inmediatez de nuestro mundo – la “realidad de nuestra vida esencial – está más cerca de nosotros de lo que parece. Quizás los espejos laterales con los que maniobramos en nuestras móviles vidas deberían servir como signos para despertar en nosotros algo más.

*Juego de palabras no traducible: “entertainment” (entretenimiento) y “entrainment” (arrastre)

** Juego de palabras no traducible: “in outreach” y “within reach” (fuera de y a nuestro alcance)

*** En el original “robber barons”, término bien conocido y usado en el siglo XIX para designar a los hombre de negocios, y por ende a las empresas, que se consideraba que habían utilizado prácticas cuestionables para amasar su fortuna.

**** Una referencia a la mitología griega, donde Caronte o Carón es el barquero de Hades.

Descargar pdf – LA CRISIS ES UN ESTADO LOCAL Y MENTAL