Como dice el célebre pensador Edward de Bono: ‘Si todo el mundo va en la misma dirección, cualquiera que vaya en una dirección diferente está “equivocado”. La otra dirección puede que sea mejor – pero sigue siendo errónea’

Tal es el poderoso arrastre del conformismo de la sociedad. No se puede confiar plenamente  en quienes dicen y hacen lo que ellos piensan que es correcto, si todos aquellos que les rodean expresan una opinión diferente. Esto se debe a que el arrastre del conformismo de la sociedad, ya sea consciente o inconsciente, es sencillamente demasiado fuerte. El riesgo de esto reside en que, en tal entorno, es probable que una persona abandone su propia responsabilidad en lugar de actuar de acuerdo con ella. Por lo general, un grupo muestra falta de compromiso por parte de sus miembros porque cada persona piensa que la responsabilidad global puede compartirse. Puesto que no existe una culpabilidad individual acumulable, el sujeto tiende a renunciar a su propia responsabilidad personal. El resultado es que cada persona refuerza la inercia de las demás. Así, efectivamente, la inacción se convierte en la norma aceptada dentro del grupo. Entonces, ya que se ha invertido tanto en el grupo, la inercia se refuerza y se valida, a menudo mediante la racionalización personal. Estar equivocado puede causarle demasiada angustia a un individuo; por tanto le resulta preferible racionalizar que las propias acciones son correctas. Este ‘miedo a la responsabilidad’ es producto de la socialización y hace al individuo menos capaz de hacerse cargo con fluidez de las incertidumbres y complejidades de una vida plena. El resultado es que existe una tendencia en la gente a preferir sumergirse en ‘la masa’; en otras palabras, a ser una parte silenciosa del comportamiento colectivo de la misma. Y este tipo de conducta  es exactamente el que ha sido repetidamente aprovechado por los dictadores y los ‘líderes’ deshonestos como forma de conseguir autoridad y legitimidad.

La obediencia a las figuras de autoridad

[1] es un rasgo que ha sido condicionado en el individuo durante mucho tiempo. Un niño, desde su temprana edad, está expuesto en primer lugar a sus padres, luego a los profesores en la escuela; más adelante a los funcionarios públicos uniformados; y finalmente a los jefes. Por tanto, el individuo es entrenado sobre cómo debe actuar y responder correctamente dentro del sistema social jerárquico establecido. Esto genera la ‘creencia’ de que la persona nunca es totalmente libre en lo que se refiere a su conducta; las personas están casi siempre sometidas a la autoridad de alguien que está por encima y que influye en los acontecimientos. Paradójicamente, mucha gente se repite a si misma que tiene libertad personal, si bien  externamente temen mostrar ‘demasiada” libertad. Se ha observado que las personas que más se amoldan son las que más probablemente presentan menor tolerancia a la incertidumbre y la ambigüedad. De este modo, el conformismo social, ha inculcado una sensación de seguridad: la pertenencia es un refugio seguro donde la persona se siente protegida. Pero tales emociones – de comodidad e incomodidad – a menudo son programas socialmente condicionados desde el nacimiento. Gran parte de nuestro ‘comportamiento humano’  procede de las influencias que nos han conformado. Pero de lo que a menudo no nos damos cuenta es de hasta qué punto estas fuerzas sociales  han sido deliberadamente elaboradas con el fin de conformar y gobernar una masa colectiva. A través de un abanico de diversas instituciones sociales se establecen ‘sistemas de conocimiento’ específicos que con frecuencia sirven para suministrar un dócil y consentido conjunto de estímulos. La ‘realidad’ de la situación es que somos sutilmente coaccionados a enrolarnos en sistemas de imitación merced a los cuales somos entrenados para memorizar información que se hace pasar por conocimiento. A su vez, esta información se refuerza mediante instituciones de autoridad (tales como la ciencia y el ‘expertismo’*), que le dan apariencia de verdad.

Entre los diversos métodos utilizados se incluye la manera en que los estados nacionales utilizan la ‘realidad de la verdad’ divulgando estadísticas aparentemente precisas que nos hablan de situaciones plausibles. De nuevo, es la táctica del ‘experto de bata blanca’. Para que tal información sea eficaz no puede estar muy alejada de la verdad; en otras palabras, debe tener la apariencia de realidad. El comercio, el empleo, y las cifras financieras son un ejemplo de ello. Y ¿quiénes de entre el público general disponen del conocimiento y/o los recursos para comprobar y confirmar tales cifras? ¿Y a quién le importa realmente? Aquellas personas que saben son, habitualmente, quienes tienen un interés particular en mantener la ilusión, como es el caso de los negociantes y los financieros. Y una vez que una afirmación falsa (o ‘docta’) se disemina y es aceptada por el público, se consolida y resulta difícil invalidarla o deconstruirla.

La libertad de pensamiento ‘permitida’ en la sociedad es generalmente expresión del pensamiento libre dentro de un sistema preestablecido: no significa una libertad externa al sistema. Ejemplo de ello sería la variedad interminable de clichés del rock que inspiran a rebeldes impulsivos, como las rabiosas travesuras de destrozar habitaciones de hotel y arrojar televisores por la ventana. Más adelante, los departamentos de relaciones públicas del rock transforman todo esto en sucedáneos.  En esencia, a esos ‘rebeldes’ se les permite, e incluso se les anima, porque sus travesuras venden discos. La rebeldía de este tipo es, por tanto, una contribución más a una sociedad consumista, aunque desde una óptica diferente.

Por otra parte, los sistemas alternativos de pensamiento a menudo se etiquetan como subversivos y los actos humanos se someten a rectificación y/o rechazo. De esta manera, determinadas pautas físicas, mentales y emocionales son engranadas, reforzadas, y moduladas por las instituciones humanas. La estandarización se ha utilizado como elemento clave de una sociedad ordenada densamente poblada. Pero este mismo método de consciencia consensual y pautas controladas de pensamiento es anatema para la necesidad natural de un pensamiento evolutivo consciente. Este procedimiento conduce paulatinamente a la gente a ser pastoreada hacia un entorno social crecientemente controlado y, también, por su naturaleza intrínseca, sirve para debilitar a los agentes de cambio social.

Los agentes de cambio social son aquellas personas, en cada sociedad, que no tienen miedo a desprenderse de las normas de condicionamiento social y de pensar por si mismas – a menudo en contra del arrastre de las masas que van por el mal camino en la dirección ‘correcta’. Ahora, más que nunca, se necesita al individuo ‘despierto’, de manera que el pensamiento y la conducta conscientes puedan co-crear una manera de avanzar a través del laberinto que nos rodea, e iluminar el paso para discurrir por el buen camino en la dirección ‘equivocada’.

*N.T.: En el original ‘expertism’, neologismo que se refiere a la cualidad del experto.


[1] Véanse los famosos experimentos de Stanley Milgram sobre ‘Obediencia a laAutoridad’

Descargar pdf – Ir por el buen camino en la dirección equivocada