Se acerca nuevamente, como hacen siempre tales ciclos. Desde hace varios años, yo (entre otros) vengo hablando de la nueva consciencia que está emergiendo – o más bien desplegándose – en estos tiempos. Sin embargo, hasta ahora el enfoque se había centrado en gran medida en las consecuencias de esta nueva ‘energía consciente’,  más que en las cualidades de la propia energía que aflora. Por ejemplo, he deliberado sobre cómo esta energía que se despliega está cambiando los sistemas sociales humanos – el cómo hacemos las cosas – desde un patrón vertical hacia uno horizontal. Es decir, desde estructuras jerárquicas hacia redes y conectividad. No obstante, recientemente he estado redirigiendo mi enfoque hacia el cambio desde los viejos valores de Competición ~ Conflicto ~ Control ~ Censura – hacia los nuevos valores de Conexión ~ Comunicación ~ Consciencia ~ Compasión. Entonces, ¿qué es lo que todo esto nos dice acerca de esta nueva energía que se despliega sobre la Tierra y está impregnando la humanidad?

Nos dice que la nueva energía es relacional, no es mecánica ni está aislada. Es decir, no prospera en base a la auto-suficiencia si no al contacto y la receptividad para con los demás. Fluye y funciona mediante sistemas orgánicos, no jerárquicos: mediante redes sociales y webs – a través de las hebras que entretejen la totalidad de la vida. Esta energía ya no prospera a través de las estructuras de poder de arriba-abajo; ya no busca los encuentros de uno en uno – fluye como la propia vida.

Darme cuenta de esto me recuerda cómo entre los siglos XVI y XVIII Europa fue testigo de la caza de brujas que ajustició decenas de miles de mujeres acusadas de brujería. Los ejecutores fueron predominantemente hombres que representaban a la jerarquía eclesiástica. Era una energía masculina que durante milenios había estado haciendo desfilar y oscilar la pesada hacha paterna del poder jerárquico. Y las brujas no eran sino otra manifestación del poder femenino que las autoridades eclesiásticas no podían tolerar. Muchas de las así llamadas ‘brujas’ eran mujeres que sabían de hierbas; sabían cómo sanar y fortalecer a la gente; y cómo escuchar la naturaleza (¡otras fueron simplemente víctimas inocentes de las habladurías!). Pero una de las cosas de las que se les acusaba, entre otras muchas, era de reunirse y conspirar juntas. ¿Cómo se reunían? Lo hacían en círculos de brujas… Aquí está la energía del poder jerárquico contra la energía del flujo circular, relacional. Fue el miedo a una ‘presencia mágica’ entre las mujeres lo que alimentó a lo largo de los siglos una profunda represión que se ha convertido en un modelo – la negación de lo sutil, lo integral, lo nutritivo.

Nuestros modernos sistemas e instituciones educativas también han mantenido un gran rechazo hacia esta energía integral y por ello se han engranado con la mente masculina. Nuestros curriculos escolares fueron creados inicialmente por hombres de forma que las mentes juveniles pudieran moldearse para pensar de maneras masculinas; en otras palabras, condicionarse para manifestar una energía y una consciencia masculinas. La comprensión relacional femenina se dejó de lado para ser sustituida por los modelos lineales de pensamiento de la mente masculina. Para algunos fue cómo intentar hacer pasar formas cuadradas por un agujero redondo – o  por un círculo por el que debería fluir el agua. Pero la insistencia en la mente masculina ha intimidado la consciencia femenina.  Ha impulsado su retirada,  socavando la verdadera expresión de esa energía tan necesaria. La mente masculina dominante ha insistido en que la mujer imite sus atributos, juegue sus juegos, y por tanto suprima su propia presencia.

La consciencia masculina también está detrás de la imagen de una divinidad asentada en el cielo.  Desde ‘las alturas’, la dominación de un dios masculino ha hecho permisible el desarrollo de una ciencia que ‘extrajese los secretos de la naturaleza  torturándola’

[1] y con ello se hiciese con el control de nuestro medio ambiente. De esa manera la humanidad ha conseguido divorciarse en gran medida de la sagrada interdependencia de la creación. Nuestras ‘modernas’ culturas materialistas comercializadas reflejan este sentido de alienación e individualismo representado por la autarquía de un dios masculino. La humanidad ya no entiende – ¿o no recuerda? – que es una parte integral esencial de la gran totalidad de la vida. Como especie y como civilización hemos llegado a un punto en el que esta consciencia masculina dominante ya no puede seguir adelante… si queremos tener un futuro viable a largo plazo en este planeta.  Es en este periodo crítico donde existen signos de que actualmente la energía está virando, o más bien está cambiando a medida que nuevas permutaciones están emergiendo en el mundo. Es la energía femenina que busca el flujo, las redes, la conectividad… y se está acercando nuevamente.

Tradicionalmente la consciencia femenina ha enaltecido la totalidad de la vida como sagrada; como tal manifiesta una reciprocidad que refleja la inter-conectividad de la vida. Las relaciones con los demás se han hecho más importantes que el aislamiento del ego. El valor de la comunidad está por encima de la búsqueda del logro individual. El proceso de ser tiene prioridad sobre la necesidad de conseguir mediante el hacer.  Y la multitarea es más apropiada que la obsesión por un objetivo final único. Ahora bien, ¿qué aspectos parecen ser los más adecuados para un mundo global inter-conectado que se comunica simultáneamente a través de múltiples redes? Preguntémonos: ¿qué energía y consciencia puede estar más alineada con la manera en la que el mundo se está re-estructurando y re-calibrando a sí mismo?  Envíen sus respuestas en una postal a su ‘Asociación de Hombres Trabajadores’2 local

 

Bienvenidos al siglo XXI en el que las comunicaciones globales han abierto el mundo a las masas. Internet, seamos honestos, representa aspectos de la energía y la consciencia femeninas. Internet conecta a la gente con múltiples relaciones; es responsable de alimentar una creciente empatía en todo el mundo; comparte historias y necesidades, y llega a mucha gente y muchas comunidades. Por supuesto, también tiene sus aspectos negativos – pero esa es la naturaleza de un mundo de dualidad. Centrándonos en los cambios constructivos vemos como individuos, comunidades, negocios, sistemas, etc., se están re-calibrando por todo el mundo para alienarse con la nueva inter-conectividad que simboliza el mundo hacia el que estamos mudando. La manifestación actual de la energía femenina necesita nuevos senderos para entrar e impregnar nuestro mundo material. Nuestras estructuras físicas están respondiendo a esta llamada cambiando desde estructuras de arriba-abajo hacia redes repartidas y descentralizadas. Pero también necesitamos ayudar a esta re-calibración cambiando las maneras de pensar ya que las formas de hacer las cosas no obtendrán perdurabilidad hasta que la consciencia humana cambie. Para permitir que la nueva consciencia entrante fluya en el mundo necesitamos admitir que fluya a través nuestro. Es decir, poner de manifiesto en el mundo cualidades y actitudes, y nuestra propia presencia, para recibir, mantener, y transmitir esta consciencia con la máxima eficacia. Esta responsabilidad es ahora nuestro trabajo viviente.

Los días de trabajar en reclusión han pasado – la nueva energía no respalda el monacato. El flujo debe establecer la conexión entre los estados y los eventos internos y externos. El nuevo trabajo viviente no es un esfuerzo monástico sino que debe existir en los rediles, travesías y mercados activos de la vida. Los altos castillos, los enclaves sacerdotales, los santuarios de los gurús, etc., son edificios del pasado que contenían una energía diferente. La nueva energía – que muestra aspectos de la consciencia femenina – es una energía nutriente que toma vida a través de la gente. En tanto que la energía previa orientada hacia lo masculino deseaba permanecer visible y poderosa como la torre en la colina; la energía femenina es más sutil, y fluye merced al contacto apreciativo, la palabra de apoyo, la mirada tranquilizadora que se difunden a través de cada uno de nosotros mientras encaminamos nuestras vidas.  Aquello que una vez estuvo oculto puede ahora manifestarse a través de nosotros – éste es el trabajo viviente.

El amor no tiene estructuras de poder ni jerarquías; no está a la venta. Pasa libremente de corazón a corazón a lo largo de la red de unicidad que a todos nos conecta.

Llewellyn Vaughan-Lee

 

[1] Una referencia a Sir Francis Bacon cuyo método científico se convirtió en el fundamento de la moderna ciencia empírica.

Una referencia a la “London Working Men’s Association” establecida en 1836

Descargar pdf – El Trabajo Viviente