«Si la humanidad ha de sobrevivir es indispensable una transformación radical de la naturaleza humana»

 

Sri Aurobindo

 

 

La hora del hereje ha llegado. Es el hereje de la consciencia que representa la figura de la resistencia frente al consenso y el pensamiento controlado. El «hereje real» conserva la ventaja y el encanto del forastero. ¿Y qué es esta consciencia herética? Es una forma de perspectiva/percepción que se puede decir que es vertical en lugar de horizontal. No opera dentro de la consciencia restrictiva del sistema sino que empuja más allá con el fin de obtener una perspectiva que no se limite a las principales narrativas del sistema de consenso. Más aún, etimológicamente, herejía significa «elección», y un hereje es aquel que exige libertad de elección para desviarse del pensamiento consensuado y contra el poder de la narrativa dominante. Es decir, buscar una percepción trascendente dentro de la realidad consensuada es la marca de la consciencia herética.

Tal consciencia herética no acepta fácilmente las suposiciones que pertenecen al pensamiento grupal/colectivo. Eso contrasta con el pensamiento consensuado cuyo objetivo es desarrollar, como en la gestión social, una comunidad estable y que generalmente requiere que la gente no cuestione o se implique críticamente con los postulados dominantes. Dentro de esta estructura psicológica, los miembros de la sociedad tienden a estar más preocupados por la búsqueda de comodidad y seguridad; no necesariamente porque las necesiten sino más bien porque están acostumbrados a ello. Dicho de otra manera, la gente tiende a orientarse hacia retener y reforzar sus zonas de confort. Y cuanto más lo fomente la sociedad/cultura, más se refuerza por parte del individuo, como si se tratara de un bucle de retroalimentación negativa.

Para romper con estas ataduras que impiden un mayor desarrollo individual es necesario inculcar una consciencia herética, en primer lugar, pensando de manera diferente; es decir, percibiendo las narrativas consensuadas desde una perspectiva retirada del centro.  El pensamiento herético consiste en percibir las posibilidades que están más allá del estado actual de la persona; si esta continúa pensando dentro de la estructura actual, solo puede avanzar en sus perspectivas dentro de dicha estructura. El consenso dominante no busca la autonomía genuina de la intuición perspicaz. El hereje sigue jugando sabiendo que es un juego. Además, el hereje exhibe una fuerza de voluntad inusualmente intensa. A través de la voluntad humana, el individuo puede ejercitar concentración, enfoque e intención dirigida. La persona puede prestar atención consciente a sus actividades y dar fuerza a sus acciones; lo que, a su vez, le ayuda a estar centrada, enraizada y equilibrada.

Sin embargo, si una persona permanece encadenada a las percepciones condicionadas que propaga la narrativa de consenso dominante no puede ser una fuerza de cambio en su vida. Desde este punto de vista, el hereje es aquel que percibe a través de la lente del pensamiento mágico.

Pensamiento mágico

Ya vivimos en un mundo de magia y pensamiento mágico, solo que esto ha dejado de formar parte de la programación social habitual. Pero el «pensamiento mágico» es lo que confiere sentido y significado a los signos, los símbolos y los eventos. Los conjuros mágicos se han transformado en lenguaje político de programación neurolingüística. Los rituales mágicos se han transformado en estadios inmensos llenos de sacerdotes y sacerdotisas que participan y neófitos que aplauden.  Un panorama de hechizos mágicos trata continuamente de atraernos hacia comportamientos programados. Ya se ha logrado el cambio desde la cultura científico-racional de la Ilustración hacia un pensamiento mágico. Ahora, la «batalla mágica» se libra entre hechizar a la humanidad hacia una realidad consensuada y, simultáneamente, un impulso contrario alejado de la experiencia consensuada y hacia la realidad de la experiencia individual.

El pensamiento mágico –es decir herético– del individuo es una perspectiva que busca sentido y significado, patrones, relaciones y correspondencias en lugar de vínculos. Y lo que es importante, el pensamiento y la consciencia mágicos auténticos consisten en reconocer que uno está jugando un juego y que hay diferentes conjuntos de reglas entre los cuales elegir. Este camino desarrolla y acelera la evolución humana y el pensamiento evolutivo ya que fomenta nuevos modos de experiencia, comprensión y percepción. Donde hay condicionamiento social, adoctrinamiento y una programación de consenso hay un elemento mecánico implicado. En las circunstancias presentes se puede decir que este «elemento mecánico» no es casual porque su presencia expulsa el factor de percepción de la realidad extradimensional que conecta las funciones más elevadas de la mente con la realidad superior. Esta «realidad superior» transciende la programación de la realidad consensuada y activa experiencias perceptivas individuales que están más allá del conocimiento de la materialidad de lo mundano. El mundo cotidiano, con su programación de la realidad, apela a las capas más profundas de la mente evolutiva más antigua que incluye el complejo reptiliano (supervivencia y reproducción) y el sistema límbico de los «mamíferos» (emocional): ambos muy sensibles a las influencias externas del miedo. De ahí que la realidad consensuada dominante opere creando y propagando estrategias de miedo.

Ahora, es necesario que los seres humanos activen el pensamiento de su «mente superior» y eliminen su dependencia, o exceso de supeditación, de las influencias del cerebro inferior.  Esto es, en parte, lo que yo llamo el cambio a una consciencia herética,  que implica romper el hechizo de la programación basada en el miedo y las narrativas de la realidad consensuada orientadas hacia las masas. Es un camino de experiencia perceptiva personal que, como expone Sri Aurobindo,  requiere una transformación radical de la naturaleza humana. La próxima década será enormemente importante para definir el camino que seguirá la humanidad en el futuro. Actualmente el individuo se ve impulsado a desarrollar sus sentidos, junto con su buen juicio. Cada persona debe ser consciente de las elecciones que tiene por delante, y de las posibilidades, opciones y oportunidades a las que puede enfrentarse. Y luego tomar decisiones y actuar en consecuencia. Las decisiones adoptadas por cada individuo terminarán por retroalimentar a la colectividad e informarán la experiencia vital en general: para bien o para mal. Tratemos de hacer que cada experiencia individual cuente.

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