Un famoso poema persa del siglo XIII cuenta la historia de una anciana que al encontrarse con un águila en el alféizar de su ventana la atrapó, pues nunca hasta entonces había visto algo semejante. La anciana contempló el extraño pájaro y al cabo dijo ‘¡qué paloma tan rara!’ Y entonces procedió a cortarle las alas, enderezarle el pico y recortarle las garras con el fin de cambiar su apariencia y adaptarla a sus propias ideas sobre cuál debería ser el aspecto de un pájaro. Este poema persa refleja el condicionamiento social del pensamiento humano: modificar lo no familiar o lo “otro” para hacerlo aceptable y que encaje con las percepciones contemporáneas. En otras palabras, cortado y recortado para ajustarse a un ‘modelo básico’.

A lo largo de nuestra vida somos adoctrinados por una estructura sistémica de procesos e instituciones. En este entorno condicionante las creencias prácticamente se ‘reencarnan’ en nosotros. Y una vez que forman parte de nuestro yo socialmente construido, se mantienen, refuerzan, y protegen, a menudo inconscientemente, mediante procesos psicológicos de percepción. Salvo raras excepciones, todo el mundo se educa en ambientes específicos culturalmente definidos. El medio social predominante en el que vivimos intenta brindarnos un surtido de normas social y culturalmente aceptadas de pensamiento y conducta. Esto puede funcionar de diversas maneras, tales como la fe personal; religión; ciencia; lenguaje y emociones; negación y duda; seguridad y protección (identidad y pertenencia); felicidad y miedo; bienestar y materialismo. Una vez inculcados, la persona tiende a perpetuar tales rasgos creyendo que los ha obtenido mediante el ‘libre pensamiento’. Al final, reforzamos las creencias que se han encarnado en nosotros, aceptándolas y defendiéndolas como propias. De manera que cuando decimos ‘yo no creo’, a menudo lo que realmente queremos decir es ‘yo rechazo automáticamente todo aquello que mi cerebro no está “cableado” para recibir’. El resultado final es que la mayoría de nosotros solo ‘cree’ aquello que quiere creer, o que encaja dentro de sus propios paradigmas de percepción y/o experiencias. Y puesto que nos hemos comprometido con tales creencias sentimos como imperativo apoyar la inversión que hemos realizado. Después de todo, ¿a quién le gusta que le demuestren que está equivocado?

Con frecuencia, no solo nos esforzamos por apoyar nuestras preciadas creencias sino que además terminamos por estar de acuerdo con quien sea, o con lo que sea, que aparente coincidir con nosotros. Por ejemplo, dense cuenta como a menudo ‘votamos’ favorablemente reseñas online positivas sobre cosas que nos gustan, ya sea un libro o una película, mientras que ignoramos, o es improbable que votemos como ‘útiles’, reseñas desagradables. Por naturaleza las personas buscan ratificar sus estructuras de creencia e identidad promoviendo aquellas actividades y experiencias que sirven para reforzar y validar sus propios esquemas condicionados. La gente rara vez busca aquellas experiencias que desafían seriamente sus percepciones y con ello generan incertidumbre y/o duda. ¿Cuántos conservadores de extrema derecha gastarán el tiempo leyendo el último boletín socialista? Pero la idea fija es el enemigo del pensamiento libre.

A menudo se da el caso que para que nos vaya bien en la vida sea importante ‘encajar’ con la gente; evitar ser un inadaptado social o un individuo alienado. Tenemos que aprender cómo llevarnos bien con todos los demás. Somos, después de todo, animales sociales. Intentar vivir de acuerdo a otra cosa que no sea la ‘norma’ o la conducta social y el pensamiento aceptados, generalmente trae dificultades y un cierto nivel de distanciamiento. Puede decirse, especialmente en los tiempos que corren, que cada vez más el liderazgo pertenece a los mediocres. Y mientras que el famoso edicto del templo de Delfos establece ‘Conócete a ti mismo’, tales ideales se han visto menoscabados, o al menos mermados, en sucesivas generaciones. Los templos antiguos de ese tipo han sido reemplazados por edificios de educación, religión, ley, o política. Diversas características individuales se han convertido en ‘autorizadas’ por unas pocas y selectas   instituciones culturales y/o religiosas emblemáticas.

Mucha gente puede no ser totalmente consciente de estos procesos que actúan en sus vidas porque los impactos a menudo son graduales y no repentinos. Y el proceso comienza temprano en la vida de la persona. Mediante la combinación del adoctrinamiento precoz en la infancia, la socialización parental, y los impactos educacionales, a menudo somos satisfactoriamente condicionados para una ‘realidad cognitiva y perceptiva’ específica. Una vez establecidos, estos conjuntos de creencias modelan una suerte de dependencia.

La sociedad colectiva sirve aún más para reforzar y modificar la mayor parte de la conducta física, mental y emocional. Así, la persona que llega a ser considerada como más valiosa socialmente es a menudo aquella que ha demostrado su habilidad para adoptar (y adaptarse a) los patrones y conductas consensuales. Y cuando tales creencias individuales nunca, o rara vez, son cuestionadas por el medio social, es más fácil que la persona olvide por qué las mantiene. Debería recordarse que las creencias no son hechos: una creencia es ‘creencia’ porque no es ni conocimiento ni verdad. Es una convicción de fe – un pensamiento-creado respaldado por apego emocional. Muchas creencias, cuando se las examina, se encuentra que son resultado del adoctrinamiento a través de diversos procesos, tales como el lenguaje emocional y las asociaciones con una profunda carga emotiva. Entre otros  ejemplos pueden mencionarse el amor al país (patriotismo, nacionalismo); el amor a dios; el amor a la familia y la tribu; el amor a los principios y un sentimiento de identidad moral. Por muchas de estas creencias todo un grupo de personas – incluso una nación – puede hacer grandes sacrificios en defensa de inversiones emocionales compartidas. Y si la mayoría de la gente  comparte la(s) misma(s) creencia(s) entonces es improbable que estas se pongan en entredicho. Hacerlo podría dar lugar a que una persona exhibiese un comportamiento ‘anormal’.

Puede decirse que la sociedad ‘corta y recorta’ la mente humana – nuestra consciencia y nuestras precepciones cotidianas – con el fin de establecer un consenso general de pensamiento. De esta manera, una masa colectiva se hace más manejable – el águila se transforma en paloma.

Se trata de procesos de los que necesitamos ser conscientes, de modo que podamos reflexionar sobre nuestra conducta, nuestros roles sociales, y nuestras actitudes. El mundo, nuestro medio social, está experimentando cambios rápidos. Son tiempos, por tanto, de empezar a desarrollar nuestra conciencia, y de participar plenamente en la expansión de la consciencia que nos aguarda.

*N.T.: ‘Clipped & Trimmed’ (en el original): expresión usada habitualmente para referirse al cuidado de animales como pájaros, perros o caballos, mediante el cortado y recortado de alas, uñas, crines, pelo, etc.

Kingsley L. Dennis

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