En el hombre la imaginación es la estrella

Paracelsus

La imaginación será el camino de oro hacia un nuevo hiperespacio cultural

Terence McKenna

 

 

Como partícipes en el orden sagrado del mundo nos corresponde escoger como conectar  y comulgar con la realidad en la cual nos encontramos. Estamos, como el pez, nadando dentro de las aguas de nuestra propia existencia. Y muchos de nosotros,  como el pez, ignoramos el medio que nos sustenta y dentro del cual nos desarrollamos. Las culturas humanas se nutren de la calidad de sus imaginaciones; del poder de sus percepciones y la capacidad de expresar y manifestar una gran visión. Nuestra civilización planetaria, con su variada mezcla de vida y culturas, se encuentra también dentro de una espiral mucho mayor de dinámicas cósmicas y movimientos galácticos, cuya escala es tan inmensa, está tan más allá de nosotros, que si nos limitamos a mordisquearla con los dientes racionales de la física y las matemáticas no logramos comprender su majestuosidad. Nos vemos obligados a investigar más a fondo con la sonda de largo alcance de la psique humana, con curiosidad creativa e imaginativa  y placer visionario.  Seguir el camino racional elude lo mágico de lo sagrado y bebe en el pozo mecanicista donde el agua puede sustentarnos pero es menos dulce.

 

En una frase célebre el semántico Alfred Korzybski dijo que el mapa no es el territorio, pero en el mundo de la imaginación el mapa sí lo es. Nuestra imaginación inscribe el territorio de nuestra realidad del mundo sobre el mapa que, como un palimpsesto, contiene en sus capas todas las concepciones, imágenes y cosmovisiones que con anterioridad, a lo largo de los eones de nuestra existencia autoconsciente, han emanado de la psique humana. Y desde las profundidades de nuestra imaginación levantamos una esquina del velo para vislumbrar el mundo de lo imaginal, el cual  participa de lo mágico, y ambos juntos crean un conjunto de futuros potenciales. El reino de lo imaginal – el mundus imaginalis – no se refiere simplemente a la imaginación o a lo imaginario sino a las potencialidades, las visiones y el «plénum[I] creativo» de la consciencia imaginativa a punto de hacerse realidad. Hace referencia a cómo, mediante la correspondiente intervención de la consciencia creativa,  la matriz de realidad se ve influida para manifestarse. Es decir, la consciencia creativa del ser humano actúa como un puente para alcanzar el reino imaginal – el hogar vibrante de los arquetipos y la visión original – y mediante la imaginación brindar al mundo esas imágenes e ideas clarividentes.

 

El reino imaginal es ese campo intangible, transpersonal, donde nuestra consciencia imaginativa negocia con el poder ostensible de la matriz de realidad que informa nuestro mundo material. Aquello que «llega a ser» es una correspondencia y un acuerdo negociados. No se trata de ser el observador o lo observado, sólo hay participación mutua. El mundo imaginal es donde todo está en potencia, y nuestra resonancia con este universo es un aspecto inherente y esencial del impulso sagrado.

 

La sacralidad de la vida en un universo inteligente, creativo, consiste en evocar  posibilidades basadas en potencialidades.  Como colaboradores sensibles de la mente participativa,  nosotros también influimos en cómo este universo particular tal como lo percibimos se despliega y se manifiesta. Como si el universo quisiera a propósito ofrecernos otro ejemplo más de nuestra relación, en febrero de 2016 la ciencia anunció que había «descubierto» la existencia de ondas gravitacionales, tal como Einstein había predicho por primera vez un siglo antes. A veces, un potencial imaginal solo necesita tiempo para materializarse en la matriz de realidad física. El mundo imaginal guía y define nuestro camino a través del mundo físico mediante signos, sincronicidades e intuiciones inspiradas. El reino imaginal explora la auténtica experiencia, el modo intuitivo directo de la psique humana. La sociedad moderna teme ese modo y lo ha reprimido sistemáticamente en tanto veneraba la máscara de la falsa personalidad condicionada. La razón por la que el desorden abunda en la cultura moderna es que en lo más profundo todos sentimos esta fragmentación y perturbación del ser. El renacimiento de la comprensión sagrada busca reparar y volver a equilibrar esta desarmonía admitiendo que el modo intuitivo directo opere más directamente en nuestras culturas; es decir, permitiendo que una manifestación más clara del reino imaginal se haga patente en la imaginación humana. Como dijo el gran medico-filósofo Paracelso: «La imaginación tiene prioridad sobre todo lo demás: la imaginación decidida puede conseguirlo todo». La sabiduría no es una cuestión de creencia, ni una acumulación de conocimiento; es un reflejo de la resonancia que tenemos entre lo imaginal y la imaginación y cómo la expresamos mediante la experiencia consciente humana.

 

Los poetas y los filósofos románticos lo comprendieron y se esforzaron por expresar el entrelazamiento entre la naturaleza, el alma y la imaginación creativa: se movilizaron contra el desencanto y el desmembramiento del racionalismo moderno. Los románticos percibían al individuo no como un espectador de las experiencias vitales sino como un participante activo en su despliegue. La psique era algo que se expandía desde dentro e irradiaba hacia afuera expresándose físicamente, lo que contradice la visión mecanicista de la vida que nos considera externamente influenciados, a partir de lo cual desarrollamos nuestra personalidad. Samuel Taylor Coleridge decía: «Mantengo que la imaginación primaria es el poder viviente y el primer agente de toda percepción humana, una repetición en la mente finita del eterno acto de creación en el infinito: YO SOY». William Blake escribió la célebre frase: «Pero para el ojo del hombre de imaginación, la naturaleza es en sí misma imaginación». No existe una distinción establecida entre lo que se transcribe mediante las facultades imaginativas de la psique humana y los acontecimientos del mundo. Preguntémonos: ¿el mundo subatómico con sus partículas virtuales es de algún modo menos «real» que el mundo de la mente imaginativa?  Algunos físicos consideran incluso que el reino subatómico es esencialmente metafórico. [II] El fantasmagórico reino de la física cuántica, con su principio de incertidumbre y el efecto del observador, transmite un mundo que es la esfera de la consciencia participativa; es el reino de la filosofía perenne, las tradiciones alquímicas y similares. Es una realidad en la cual la psique humana no confronta lo externo, el mundo material, sino que lo impregna por completo. Este estado de consciencia participativa es donde opera el reino imaginal y también es el puente hacia nuestro paisaje psíquico interno. Además es la conexión con la energía y el arte de la transformación.

 

En ausencia de una realidad interior abordamos la transformación de nuestro mundo material exterior a costa de una realidad íntima, vibrante, fértil, eterna y mágica. Es por eso por lo que siempre han existido las grandes artes y tradiciones: para permitirnos, con unos medios de percepción diferente, un vislumbre más allá del velo.  Este acceso sagrado subyace en el acto de imaginar: una fuerza de voluntad, o un destello de inspiración  que puede perforar y penetrar la frontera entre lo Real y sus reflejos. Durante un tiempo el mundo occidental moderno perdió contacto y se separó de la naturaleza transformativa de la imaginación. Las modernas culturas occidentales erradicaron los caminos iniciáticos y nuestras tribus sociales se volvieron laicas y fragmentadas en lugar de sagradas e integrales. Se perdió la sensación de comunión creativa con un cosmos interconectado y el alma moderna se quedó tan vacía como los armarios de Mother Hubbard[III].

 

Un renacimiento de lo sagrado está a punto de rehabilitar esas tradiciones que buscan establecer la correspondencia entre los dominios de lo invisible y lo visible. Es una implicación  – una afinidad sensible –  con las fuerzas creativas entre ambos mundos. En otras palabras, lo sagrado trata de desgastar el velo del plano invisible que sostiene la vida en el reino de lo visible. En palabras de Henryk Skolimowski: «En cada cultura hay fuerzas y presencias que interactúan e interfieren con las realidades visibles. Constituyen  la matriz profunda subyacente… Todos vivimos gracias a lo invisible. Lo invisible controla lo visible»[1]

 

Como respuesta al abandono del vínculo vital  entre los planos visible e invisible inevitablemente se producirá un renacimiento de lo oculto. En este sentido, lo oculto se refiere a aquellos aspectos del mundo mágico donde lo imaginal y la imaginación deambulan juntos. Lo oculto, en sus variadas formas, siempre ha existido – de modos diferentes y en tiempos y lugares variados – como respuesta a un retroceso de la participación con el reino imaginal. Lo oculto ha sido una reacción contra la atrofia de los sentidos humanos, debido a la cual la realidad quedó atrapada dentro de un rango muy limitado de los fenómenos. Cuando la moderna «mente consensuada» se rebeló en contra de las realidades positivas del misterio y el enigma, y una imaginación laica tomó el mando, muchos caminos sagrados desaparecieron de la mirada pública. No estaban escondidos; al contrario, en gran medida estaban en la vida pública, pero solo eran visibles para quienes tenían ojos para ver. Como en todo, es cuestión de perspectiva. Los conceptos y nociones que estructuran nuestra realidad consensuada se formulan con un conjunto inmenso de restricciones, la mayor parte de las cuales son increíblemente insensatas.

 

La pérdida de la conexión con la facultad imaginativa nos ha alejado de la música de la sinfonía cósmica que nos sintoniza con la correspondencia y las sincronicidades.  Era una música bien conocida por los del mundo antiguo porque resuena y nos conecta con una realidad interior activa. Debido a que hemos separado y encajonado el mundo interior, el mundo exterior arremete contra nosotros con uñas y dientes. La «mente moderna», desprovista del vínculo imaginal, ha tratado de dominar, dictar y devorar el mundo exterior sin escrúpulo alguno. La consciencia moderna que nos ha guiado hasta donde estamos actualmente no concibe la unidad de lo físico y lo místico, de los componentes de lo material y lo sagrado. No reconoce nuestra comunión con las estrellas, nuestros cuerpos de polvo de estrellas, nuestras psiques moldeadas en las fraguas de las supernovas. Según Jung, este proceso de fisión que separó la physika de la mystika, tuvo lugar a finales del siglo dieciséis. Y por ello el mundo imaginal busca de nuevo «resurgir en la consciencia» por medio de la imaginación, que es donde reside nuestro autentico anhelo de sentido.

 

El mundo puede ser mágico o estéril. Shakespeare sabía bien todo esto cuando encarnaba las capas sutiles de la mente humana como personajes de sus obras. Hamlet veía el mundo como «extenuado, rancio, plano e inútil». A menudo Shakespeare, en cada diálogo inaugural, daba pistas acerca del tema de sus obras. Las primeras líneas de Hamlet corresponden al personaje de Bernardo que grita «¿Quién anda ahí?» (Acto 1, Escena 1). ¡Exacto! Shakespeare, en su estudio de la condición humana, pregunta quién está ahí. Y la respuesta procede de Francisco, el segundo personaje, quien confiesa: «Estoy enfermo del corazón» o más bien enfermo del alma, sospecho.  Lamentablemente, en Hamlet la condición humana se nos revela como un espejo o más bien, quizá, como un código. El reino imaginal que siembra nuestro mundo creativo dándole vida no nos llega únicamente a través del arte sino mediante códigos. La idea de que nuestra matriz de realidad es una simulación  – un mundo con codificación gnóstica –  la filosofó Nick Bostrom, la teorizó Jean Baudrillard, y la visualizaron los  Wachowski en su trilogía de Matrix. El arte, como el de los poetas románticos, ha simbolizado el mundo como una imaginación hecha Realidad. Los gamers[IV] son una nueva raza de participantes conscientes en los constructos de la imaginación activa, la cual codifica nuestros cerebros y reconecta nuestros diseños neurales. Estamos aprendiendo que la «naturaleza de la imaginación nos da una clave más perspicaz para la comprensión de la mente que un centenar de estudios neuropsicológicos». [2]

 

Los gamers son jugadores en el universo cuántico donde no hay observadores sólo participantes mutuos en el ámbito trascendente del juego. Al igual que mediante la interrelación de todas sus partes se crea el mundo soñando, así también los gamers  despliegan sus mundos a su derredor. El erudito de los videojuegos Liel Leibovitz considera incluso que éstos, a pesar de su ocasional mala reputación, son de hecho un medio sagrado. Y dicho medio sagrado es el mundo del juego y la invención, en el cual las reglas fundacionales permiten un número casi ilimitado de permutaciones en un cosmos creativo. El teórico holandés Johan Huizinga condensaba la teoría del juego en una idea simple que él llamaba el «círculo mágico»: jugar es aportar perfección a un mundo imperfecto. En otras palabras, es traer la influencia del mundo imaginal (perfección) a nuestras vidas cotidianas (el mundo imperfecto). Nosotros también somos codificadores: codificadores de lo imaginal. Quizá esté más cerca de la verdad que «el futuro de la evolución y de la especie humana pertenece a la mente que pueda concebir lo inconcebible y luego encontrarlo ahí fuera, en el universo, cuando éste y la imaginación se fundan».[3]

 

La responsabilidad de «videojugar online el universo» a partir de nuestra matriz de realidad pertenece a aquellos cuya psique interior se comunica con las dinámicas del cosmos creativo. Ahora a todos se nos llama colectivamente a comunicarnos con el reino imaginal y crear el mundo soñando. El valor más elevado ya no está en los «dioses de ahí afuera» sino en los dioses imaginales interiorizados mediante los cuales creamos soñando e interpretando. Éste es un camino – el camino gnóstico – de tomar consciencia  mediante una interiorización incrementada del mundo. Es también la liberación de los confines restrictivos de una realidad literal y material. Pero de nuevo es nacer mediante un proceso alquímico que da a luz un alma en nosotros y en el mundo:

Despertar a la consciencia, llegar a conocer es un proceso alquímico porque sólo puede ocurrir por medio de una transformación del cuerpo y del mundo. Requiere el desarrollo de un cuerpo sutil, imaginal, un cuerpo resucitado… Eso sólo puede tener lugar en y mediante el mundo imaginal.[4]

 

Por mediación de la imaginación activa tenemos acceso a un reino intermediario que es el mundo imaginal mediante el cual podemos crear nuestro mundo soñando. Y a través de esta ensoñación colectiva, comunitaria, también conectamos, de nuevo, con el alma del mundo: el reino del anima mundi. Ahora el futuro requiere que soñemos menos nuestros pensamientos ociosos y en lugar de ello creemos soñando la poderosa y majestuosa alma del mundo.

 

Adaptado del libro de Kingsley L. Dennis’s de próxima aparición (24 de octubre del 2017) The Sacred Revival: Magic, Mind & Meaning in a Technological Age

 

[I] N.T.: Del latín plenum: completo, lleno.

[II] Ver Physics as Metaphor de Roger Jones.

[III] N.T.: Expresión que hace referencia a los primeros versos de una popular canción infantil en lengua inglesa: “Old Mother Hubbard”

[IV] N.T.: Anglicismo que corresponde a los videojugadores online.  https://es.wikipedia.org/wiki/Jugador_de_videojuegos

Referencias

[1] Skolimowski, Henryk (1994) The Participatory Mind: A New Theory of Knowledge and of the Universe. London, Penguin/Arkana, p269

[2] Skolimowski, Henryk (1984) The Theatre of the Mind. Wheaton, Illinois, Quest Books, p160

[3] Skolimowski, Henryk (1994) The Participatory Mind: A New Theory of Knowledge and of the Universe. London, Penguin/Arkana, p180

[4] Cheetham, Tom (2005) Green Man, Earth Angel. New York, SUNY Press, p67