Dios vive, la magia está en marcha
Dios está vivo, la magia marcha

Dios está en marcha, la magia vive

la vida está en marcha, la magia nunca muere[i]
Leonard Cohen

 

El sentido de lo sagrado no necesita ninguna imagen de los dioses. Ya no habrá más catedrales góticas para exaltar la humanidad hacia los cielos; ni más profetas que la conduzcan hacia lo divino; ni más Santos Griales que la atraigan hacia la Búsqueda: ahora mismo lo sagrado nos empapa en masa, manifestándose tanto en lo tangible como en lo intangible. Nuestras culturas se han renovado de dentro afuera delicadamente por una vibración sutil que nos ha llegado de formas diferentes a través de una miríada de emanaciones. Observad las conversaciones que mantenemos actualmente entre nosotros; mirad cuantísimos proyectos creativos promueven  y lideran por todo el mundo personas jóvenes. Las generaciones precedentes no debatían sobre la trascendencia de las tecnologías del espíritu de una forma tan pública y franca. Nuestra era ha exteriorizado abiertamente el mundo interior y lo ha puesto en el punto de mira. Lo sagrado no es un concepto sino una comprensión experiencial de la vida más allá de nuestros yos limitados: de la trascendencia y la inmersión simultáneas. Hace sólo dos o tres generaciones no existía un mundo interior que explorar públicamente. Antes del surgimiento de las ciencias psicológicas no había un lenguaje cultural para explorar el subconsciente. Alejados de la persecución, los místicos, los visionarios, los expertos, los chamanes y los iniciados exploraban y navegaban discretamente por el paisaje interior del ser humano.

Durante milenios las artes sagradas fueron corrompidas, hostigadas y discriminadas. Las artes mágicas también entraron en esa mancillada categoría. Y, no obstante, la magia y la alquimia se encuentran por todo el mundo, en todas las culturas tradicionales con manifestaciones notablemente similares. La realización espiritual no ha sido nunca una búsqueda de masas; habitualmente la han proseguido unos cuantos individuos a menudo catalogados como marginados. De modo que en nuestras sociedades la presencia de lo sagrado ha pasado siempre desapercibida, operando de forma invisible y discreta. Siempre ha estado presente y funcionando, solo que de maneras que la humanidad no sospecha. También lo mágico ha estado siempre presente con variadas apariencias: la magia está en marcha, la magia vive, la magia nunca muere. Lo mágico, en su forma original, es aquello que concentra e irradia la mente; es un campo de fuerzas de compasión y comunión profundamente penetrante. Nuestra matriz de realidad se compone de energía; todo lo que está en su interior es un tipo de energía en diversos estados que se pueden modificar, como la delicada afinación de un instrumento, para crear un sonido más armonioso. Las tradiciones de sabiduría, la filosofía perenne, hablan de cómo los seres humanos mediante su propio ascenso espiritual, son capaces de animar y elevar el mundo que los rodea.  La emanación de las energías sagradas promueve la realización espiritual dentro de la realidad material.

La mayoría de lo que hoy día se etiqueta como sobrenatural no es sino un residuo de lo sagrado inherente a la humanidad y al mundo, por mucho que lo ignoremos o lo descartemos.  Sin saberlo, recreamos ese sentido de lo sagrado mediante nuestras  búsquedas y nuestros pasatiempos. Lo mágico puede impresionar al profano, pero ha existido como una experiencia central desde mucho antes de que tuviésemos idea alguna de lo que era realmente. Como comenta el historiador y erudito Arthur Versluis:

La razón por la que la magia no tiene buena reputación en Occidente es que se basa en la unidad fundamental entre el hombre y el cosmos, de manera que entra en conflicto con el dualismo inherente a la visión moderna. Pero lo mágico seguirá existiendo mucho después de que la era moderna haya desaparecido: no puede ser de otra forma, porque lo mágico es la expresión física de la eterna e interna transmutación espiritual (1)

Cuando se trata de la «eterna e interna transmutación espiritual» no hay leyes absolutas, simplemente el despliegue continuo. Como seres humanos cada uno interactúa con el mundo de formas diferentes porque percibimos el mundo de manera distinta. Actuando de formas diferentes cada uno contribuye a crear un mundo distinto. La realidad sagrada entiende que existimos como parte de un cosmos participativo. Es esa sacralidad sin nombre la que infunde la condición humana. Ser un ser humano es estar inherentemente imbuido de una fuerza espiritual que nos anima de maneras de las que en gran parte no somos conscientes. Y, aún así, mediante esa fuerza animada vemos el mundo que nos rodea: cultiva nuestra visión del mundo y nuestros valores, y es la fuente de nuestra búsqueda de sentido. Y la posesión más preciada de una civilización es su visión del mundo.

Todo procede de esa percepción primaria: una mirada colectiva de asombro…o de limitación. La comprensión básica, fundamental es que no podemos observar el mundo sin cambiarlo. Y la presencia de lo sagrado es tan crucial en nuestras vidas que sin ella nuestro propia condición  humana se pone en cuestión. El orden sagrado del pasado existía en una época en la que el mundo era diferente, cuando sus necesidades eran distintas. En cada momento articulamos la condición humana en el contexto de nuestra época. Las energías sagradas, los impulsos espirituales, son un medio –y un instrumento– mediante el cual  llegamos a conocer y a expresar nuestra condición humana. Y estas expresiones surgen en respuesta a un cambio y una apertura en la comprensión del cosmos y de nuestra matriz de realidad. Antes de que surgieran las religiones humanas institucionalizadas la condición humana se articulaba en «formas pre-religiosas» de espiritualidad. Cualquiera que sea el momento, el impulso sagrado intenta ser conocido. Durante grandes periodos, en las sociedades humanas, mientras luchábamos con las crudas energías de la materialidad bruta con «uñas y dientes enrojecidos»  bajo el manto del racionalismo mecánico, el impulso sagrado era casi invisible; pero ahora está surgiendo en nuevas formas, expresiones y medios culturales.

Lo mágico juega un papel ayudando a dar forma y substancia a nuestros significados. Lo mágico nos enseña que el camino hacia delante, la manera de sanar la escisión de nuestra matriz de realidad, es mediante la unión de lo espiritual y lo profano, lo celestial y lo mundano. En nuestra realidad, cada día vivido es una expresión de lo espiritual y lo sagrado que, invisibles como un aliento silencioso, existen a través nuestro. Pero lo mágico nunca muere, está en marcha (parafraseando a Leonard Cohen). Para nosotros, ahora, «el mayor peligro no surgirá de lo “mágico”,  sino más bien si lo verdaderamente mágico, la verdadera transmutación desaparece». (2) El mundo se está convirtiendo de nuevo en un dominio apasionante, mágico y misterioso; y, de manera similar, dentro del mismo, la tecnología se desplaza desde su posición de herramienta mecanicista tosca hacia una parte mágica fluida, casi sin interrupciones, de nuestra realidad aumentada. El mundo está reviviendo su sentido de ser un Misterium Tremendes, un lugar sagrado en el que habitar. Vivir como parte de lo sagrado es vivir lo que pasa a través nuestro: debemos transmitirlo como faros e iluminar el camino de cada viajero en marcha. La verdad es una fuerza espiritualizadora que se actualiza en nosotros. El impulso sagrado es también la fuerza creativa y dinámica de la trascendencia. Y, aún así, debe ser una energía sagrada para nuestro tiempo. Debe estar viva y ser relevante, de otro modo se convierte en otra reliquia  idolatrada y venerada en lugar de vivida. El sentido de lo sagrado es el de un trabajo viviente.

Nuestro cuerpo físico global –nuestros sistemas y estructuras– responden a esta necesidad cambiando desde estructuras de arriba abajo a redes descentralizadas. Mientras esto se despliega necesitamos encontrar esta transformación cambiando las maneras de pensar, modificando las formas de hacer las cosas; permitiendo que la consciencia y las energías sagradas fluyan en el mundo para discurrir a través nuestro. Es decir, poner de manifiesto las cualidades, las actitudes y nuestra presencia en el mundo para recibir, mantener y transmitir esta consciencia con la máxima eficacia. Ahora mismo, esta responsabilidad también forma parte de nuestro trabajo viviente. La época de trabajar recluidos terminó: la nueva energía sagrada no respalda la vida monástica. Lo sagrado se esfuerza para conectar con fluidez nuestros mundos interior y exterior; no es una tarea monacal sino que está en las avenidas y los mercados activos de la vida. Los altos castillos, los enclaves sacerdotales, los santuarios de los gurús, etcétera, son edificios del pasado que contenían energías diferentes. El renacimiento sagrado de hoy día es una energía femenina nutriente que vive a través de la gente; que se siente tan cómoda entre los mutantes superhéroes de licra de nuestras pantallas como con el contacto agradecido, la palabra de apoyo, la mirada tranquilizadora que cada uno de nosotros puede entretejer en su vida. Éste es el impulso sagrado de nuestra época: aquél que es parte de la sustancia viviente que llega a través nuestro. Es un alma viviente que contiene dentro de sí la especie corporal. Como dijo Meister Eckhart: «El alma no está en el cuerpo; el cuerpo está en el alma».

Lo sagrado ya nos está afectando, infectando nuestros patrones de pensamiento y nuestra consciencia nos demos cuenta o no. Durante los últimos años, nuestras perspectivas del mundo y del cosmos han cambiado dramáticamente. La mayoría de quienes han pensado con profundidad acerca de la vida y el cosmos han llegado a la conclusión de que no existimos como parte de un universo muerto. Incluso nuestras ciencias, nuestros telescopios, han empezado a dirigir su atención hacia vida inteligente en el cosmos. Nos estamos desenvolviendo, transformándonos lentamente fuera del capullo de la cuarentena cósmica. También el ser humano se ve forzado a ir más allá de la capa protectora condicionada dentro de la cual duerme: a trascender continuamente cada estación que alcanza. Parte de nuestra transformación es reconocer que el ser humano es una partícula sagrada en un universo sagrado.

Durante eones, el estado natural de la humanidad ha sido el encantamiento.  El estado innato de la humanidad es sentirse integral con toda la vida. Esta continuidad solo se ha interrumpido durante cierto número de siglos en tanto que nuestro estado de encantamiento ha permanecido con nosotros durante milenios. Es hora de regresar a ese encantamiento, y a una re-conexión con una fuente de sentido. Esas corrientes de significado, aquellas aguas de sabiduría, siempre han estado con nosotros. Solo dependía de si queríamos mojarnos los pies o no. Como decía el poeta Rainer Maria Rilke: «somos las abejas de lo invisible» y nuestra tarea como individuos es que cada uno sea un canal para la transmutación de las cosas familiares de este mundo en lo trascendente. El impulso sagrado trabaja a través del planeta, de las especies vivientes, y también de cada individuo. Mientras nos reunimos, cada vez más mediante nuestras tecnologías, cada uno puede aportar una chispa a la llama ardiente del trabajo viviente de nuestra transmutación. Como Sri Aurobindo comprendió, nuestro renacimiento sagrado (lo que él consideraba como una era espiritual) debe «estar precedido por la aparición de un número creciente de individuos que ya no se sientan satisfechos con la existencia intelectual, vital y física habitual del hombre, sino que perciban que el objetivo real de la humanidad es una evolución mayor; y que traten de realizarlo en ellos mismos, para conducir a otros hacia ello y hacer que llegue a ser el propósito reconocido de la raza.» (3) La antítesis del renacimiento sagrado, aquellos que intentan lo opuesto a conducir a otros hacia la transición, busca su poder en la brujería del control y la manipulación psicológicas, ahora también a escala masiva. Pero la llamada del impulso sagrado late dentro de cada uno, aunque para algunos suene más alto que para otros.

La presencia sagrada es un reflejo tanto del alma individual como del alma del mundo. La comunión integral del alma es entre el mundo interior del individuo (el alma individual) y el mundo físico externo. Es una síntesis que nos da sentido. Si no renovamos nuestra tarea a diario –reflexionamos sobre el alma– nos tratamos injustamente. Pero no es una tarea fácil. No se puede alcanzar otra relación superior que la que se tiene con la esencia sagrada que está dentro de uno mismo. Antes de poder aportar auténtico significado a la vida de los demás, la vida debe tener sentido para nosotros. Quizá Pierre Teilhard de Chardin lo expresó mejor al decir que convertirse en un humano sagrado no es sólo «para unos pocos privilegiados o algún pueblo escogido con exclusión de todos los demás» sino más bien «va en una dirección en la que todos juntos pueden reunirse y completarse en una regeneración espiritual de la tierra.» (4).

Nuestros antepasados eran conscientes de que vivían en un cosmos sagrado, en el cual el mundo físico existía en comunión con la dimensión invisible que lo dotaba de alma y lo santificaba. No se dibujó una línea rígida entre lo que era el mundo interior y lo que era la realidad externa, porque ambos dominios concordaban. El alma humana individual era parte de la realidad sagrada superior. Y al igual que lo sagrado es un instrumento del humano, el humano es un instrumento de lo sagrado. La visión sagrada del mundo acepta no solo lo metafísico sino además lo mágico y lo misterioso: el maravilloso portento de todo y en todo. Como decían los misterios órficos griegos hace 2.500 años: «Soy hijo de la tierra y del cielo estrellado, pero mi raza sólo es del paraíso.»

 

Referencias

1 Versluis, Arthur (1986) The Philosophy of Magic. London, Arkana, p129

2 Versluis, Arthur (1986) The Philosophy of Magic. London, Arkana, p125

3 Aurobindo, Sri (1999/1950) The Human Cycle: The Psychology of Social Development. Twin Lakes, WI, Lotus Light Publications, p263

4 Citado en Davis, Erik (1998) Techgnosis: myth, magic and mysticism in the age of information. New York, Three Rivers Press, p317

 

Adaptado del libro de Kingsley L. Dennis: ‘The Sacred Revival: Magic, Mind & Meaning in a Technological Age’, que se publicará el 24 de Octubre del 2017.

[i] https://www.youtube.com/watch?v=3enVT53yDLM&index=1&list=RD3enVT53yDLM