CONSCIENCIA, COSMOS, PROPÓSITO 

Parte II – Coherencia en el Cosmos

Si el universo que observamos es en efecto una proyección – ‘está in-formado’ – a partir de una matriz consciente subyacente (tal como sugiere la teoría holográfica), entonces uno esperaría que el universo manifestase un grado destacado de orden. Es decir, existiría evidencia de que el universo que habitamos no es el resultado final de un ensamblaje aleatorio de fuerzas.  De hecho, la ciencia de vanguardia ha mostrado actualmente que nuestro universo es extraordinariamente coherente. Dicha coherencia, que estadísticamente está mucho más allá de la aleatoriedad[i], revela que en el universo la coherencia es el eje impulsor dominante (atractor)[ii]. Desde el comportamiento cuántico – las entidades observables más pequeñas – hasta los átomos, las moléculas complejas y los organismos vivos, la coherencia parece ser un propósito subyacente.  De un extremo al otro del universo existen, eso parece, relaciones coherentes entre eventos. Puede que el universo no sea un sistema totalmente coherente, pero la coherencia parece ser una orientación universal innata. Esta naturaleza no aleatoria del universo sugiere un orden de rango superior al azar. Actualmente dicho orden se ha medido científicamente de dos formas principales: los parámetros numéricos del universo y el alineamiento (o sintonización fina)  de sus constantes físicas.

Por lo que respecta a los parámetros numéricos del universo existen varias  ‘coincidencias.’ Una de las primeras en descubrirse (por Arthur Eddington y Paul Dirac en los años 30 del siglo pasado) era el cociente entre la fuerza eléctrica y la fuerza gravitacional, que es aproximadamente 1040. Asimismo, el cociente entre el tamaño observable del universo y el de las partículas elementales es igualmente de alrededor de 1040. También existen otros alineamientos numéricos, tal como el cociente entre las partículas elementales y la longitud de Plank (que es 1020) y el número de nucleones en el universo[iii].

De igual modo, los procesos físicos que subyacen en nuestro universo parecen estar sutilmente sintonizados de manera increíble. Dentro del ámbito de este artículo no es posible enumerar todas las constantes universales asombrosamente precisas que  ‘simplemente sucedió’ que ocurrieron para que la vida tal y como la conocemos surgiese en el universo. Un ejemplo concierne a la tasa de expansión del universo inicial. Si dicha tasa hubiese sido una milmillonésima parte menor de lo que fue, en tal caso el universo se habría vuelto a colapsar casi de inmediato. De igual modo, si la tasa de expansión hubiese sido una milmillonésima parte mayor, se habría separado tan rápido que no se habría podido formar la materia. Existe otra sintonización sutil precisa entre la fuerza del campo electromagnético y el campo gravitacional. Si la diferencia hubiese sido otra de la que es las estrellas estables, como nuestro propio sol, no se hubiesen formado. Por consiguiente, en función de las leyes conocidas la evolución de la vida en los planetas no habría sido posible. Aún más, otro ejemplo es la diferencia entre las masas del neutrón y el protón. Si la masa del neutrón no fuese exactamente el doble de la del electrón no se podrían producir reacciones químicas sustanciales. En términos de materia, nuestro universo posee una configuración estable, precisamente porque las cargas eléctricas de electrones y protones tienen un equilibrio exacto. En otras palabras, de manera asombrosa nuestro universo está finamente sintonizado más allá de cualquier posibilidad de azar. Podría decirse que existimos en un universo ‘simplemente perfecto’.  Según los cálculos del físico matemático Roger Penrose, la probabilidad de encontrarnos por selección aleatoria con tal universo, sutilmente ajustado a la vida, es de 1 sobre 1010123. El físico  Bernard Haisch ha destacado con sarcasmo que ¡existe una probabilidad mayor que esa de que nuestro universo rebose de vida inteligente! No hay otras palabras para expresarlo – más allá de nuestra comprensión nuestro universo es espectacularmente coherente. Y ese impulso hacia una coherencia emergente también impregna nuestra evolución biológica. Según Laszlo, esta tendencia se refleja a través de toda la vida en el planeta Tierra.

Todos los intrincados elementos y procesos que conforman lo que llamamos vida exhiben formas de entrelazamiento que, según la ciencia cuántica, muestran una  extraordinaria coherencia. Lo físicos Eric Cornell, Wolfgang Ketterle y Carl E. Wieman demostraron que las moléculas complejas, las células e incluso los organismos vivientes exhiben procesos de tipo cuántico (en 1995 recibieron el Premio Nobel por su descubrimiento).  Lo que esto nos dice es que los organismos complejos podrían no haber evolucionado en este planeta sin alguna forma de coherencia cuántica. El cuerpo humano es un ejemplo, donde cada célula produce 10,000 reacciones bio-electro-químicas por segundo, y existe un flujo constante de inter-reacciones y procesos que conectan moléculas, células, órganos y fluidos por todo el cerebro, el cuerpo y el sistema nervioso. Hallazgos recientes en biofísica han demostrado que dentro de los sistemas biológicos vivientes opera una forma de coherencia cuántica mediante lo que se conoce como excitaciones biológicas y emisión de biofotones. Lo que esto quiere decir es que la energía metabólica se almacena como un tipo de excitaciones electromecánicas y electromagnéticas. Más aún, existe en los organismos una correlación a nivel cuántico que no se limita a ellos mismos sino que también funciona entre diversos organismos. Es decir, en este planeta existe una compleja ecología de organismos ‘sintonizada’ mediante campos coherentes que establecen una biosfera interactiva y participativa. La vida en este planeta es una danza de coherencia entre organismos y su medio ambiente.

La coherencia física, química y biológica conducen finalmente a un grado de percepción/comprensión (Laszlo utiliza el término prehensión, que toma prestado de Alfred North Whitehead) respecto a los tipos de relaciones y la inter-conectividad. Lo que esto implica es un elemento de inter-conectividad consciente entre las diversas sub-partes de cualquier sistema. Es decir, a medida que las partes de un sistema determinado se hacen más complejas e interdependientes, surge un mayor grado de ‘percepción emergente’ respecto a las relaciones de inter-conectividad. En otras palabras, la coherencia deviene un propósito consciente. Como la coherencia es el impulsor/atractor dominante en el desarrollo físico, químico y biológico (especies), así mismo puede ser una expresión del desarrollo social. Por lo tanto, una sociedad puede exhibir un comportamiento caótico, aleatorio y perturbador y aún así estar gobernada a un nivel innato y esencial por una extraordinaria coherencia. De hecho, esto puede ser una necesidad y un prerrequisito no sólo para sostener la vida, sino para su futuro desarrollo. Las implicaciones de ello son que los desequilibrios sociales y culturales (incluyendo perturbaciones, sucesos caóticos y anomalías) pueden funcionar en el contexto  social como ‘ajustes de sintonización’ necesarios para potencialidades de desarrollo. Esta perspectiva coloca las perturbaciones sociales (disruptores caóticos) como mecanismos para ajustar las potencialidades de modo que permitan mayores grados de coherencia. Dicho claramente, las perturbaciones sociales y los sucesos caóticos se podrían considerar como acontecimientos físicos que ayudan en el ámbito social al impulso hacia una mayor coherencia.

Existe una tendencia generalizada hacia la coherencia tanto en el universo físico – en sus leyes y procesos (químicos y físicos) – como entre los organismos vivientes (la esfera biológica). Parece que dicha tendencia se dirige hacia una coherencia más sensitiva y estable, y asimismo es un impulso hacia una inter-conectividad consciente emergente. Se ha hipotetizado que detrás de este fenómeno existe una matriz cósmica de inteligencia consciente. El orden social a escala planetaria – una civilización planetaria – bien podría ser la manifestación física definitiva de coherencia.  ¿Podría ser éste el ámbito donde el orden universal inmanente se encuentre con una consciencia trascendental emergente?

 

Coherencia Social a Escala Planetaria

Una visión panorámica de la historia mostrará el auge y la caída de innumerables civilizaciones, imperios y manifestaciones culturales. Desde otro punto de vista también revelará un cambio notorio en los rasgos perceptivos de la consciencia humana. Nuestra manera de ver el mundo y el lugar que ocupamos en él ha influido en cómo participamos en el orbe que nos rodea. Y hasta muy recientemente el consenso ha sido ver el mundo como externo a nosotros – separado y fragmentado. Los imperios previos buscaban conquistar y controlar, y crear, hasta donde resultaba posible, su idea de un mundo unipolar. Pero jamás ningún imperio triunfó verdaderamente en este empeño. Las ciudades-estado, sociedades, civilizaciones e imperios anteriores han representado el surgimiento de agrupaciones (sistemas) que buscaban mayor estabilidad y alcance – en una palabra, coherencia. Esa necesidad básica de coherencia y estabilidad que acompañaba a las agrupaciones complejas a menudo se centraba crucialmente en los recursos. La superación de una sociedad/sistema social, enfrentada a la disminución de recursos, se traducía a menudo en un derrumbe repentino.[iv] Como en los ejemplos físicos, químicos y biológicos mencionados con anterioridad, el atractor dominante es la coherencia. El impulso hacia la consecución de mayores niveles de coherencia – especialmente entre los sistemas cada vez más complejos – parece ser una tendencia universal. De acuerdo con esta hipótesis, si aplicamos el atractor coherente a los sistemas sociales el engrandecimiento definitivo en este planeta sería una civilización planetaria. ¿Estamos actualmente en la antesala de un impulso de desarrollo hacia una civilización planetaria?  ¿Es éste el propósito/impulso detrás del orden coherente que subyace a la existencia en nuestro espacio-tiempo?

Hemos entrado en un periodo en el que ya no es posible un mundo unipolar – la era de los imperios ha terminado. Nuestro mundo multipolar actual refleja un nivel de profunda inter-conectividad entre las naciones, los estados y los bloques regionales dominantes y no dominantes. Sin embargo, paradójicamente, esta fase inicial de inter-conectividad e interdependencia global está creando conflictos entre los principales participantes  – exactamente lo contrario de lo que esperaríamos ver en un impulso hacia la coherencia. De modo que ¿dónde radica la coherencia subyacente que está detrás de este despliegue de perturbación social?

En los últimos años hemos sido testigos del aumento de una consciencia empática entre los diversos pueblos del mundo[v]. Un catalizador primordial de esta aparición han sido nuestras tecnologías globales de comunicación. Como se señaló anteriormente, el grado de desarrollo de la percepción de la interconexión entre las partes de un todo sirve tanto como una expresión de coherencia como un impulso hacia un aumento de la misma. La Web Mundial – nuestro Internet global – representa una forma externa de esa necesidad subyacente de manifestación de la inter-conectividad.  Interpretaciones previas sobre el aumento de la inter-conectividad global  hablaban en términos de un “Cerebro Global”.’[vi] Sabemos por la neurociencia reciente que la mente opera a través del cuerpo, y se centra en gran medida en el corazón humano. El concepto del cerebro humano y de su funcionamiento es lo que se conoce cada vez más como mente extendida. Nuestras tecnologías de conexión y comunicación sirven como expresión tangible de la mente extendida de nuestra especie, y como tal funcionan como canales para nuestra comunicación consciente. El mundo post-industrial está estableciendo un entorno global en el que, a través de  redes distribuidas (e inalambricas), flujos de información sin precedentes están permitiendo nuevos niveles de conexión, colaboración, consciencia y compasión.

Nos hemos ido haciendo cada vez más conscientes de nuestra inherente inter-conectividad a nivel social/físico, así como virtual/digital y no local. Por otra parte, a medida que los antiguos límites y fronteras (reales e inventados) que nos separan en este planeta se siguen disolviendo, nos encontramos con que dentro de nuestra diversidad existe una unidad mayor de lo que creíamos – y nuestros miedos sociales también se disuelven. Y cómo vemos el mundo también influye en cómo interpretamos nuestra consciencia recibida. Es probable que el impulso actual hacia la coherencia social en el planeta Tierra surja en primer lugar a través de nuestras  consciencias individuales. De Internet a los smartphones (teléfonos inteligentes), de los medios de comunicación social a la compartición de videos, del blogging[vii] al vlogging[viii] – estamos conectados, apasionados (y compasivos) y nos esforzamos por colaborar como nunca antes en la historia de nuestra especie. Y gran parte de este cambio tiene lugar bajo el radar del status quo convencional. El impulso básico universal hacia una mayor coherencia bien puede ser que se esté manifestando a través de un cambio pronunciado en la consciencia humana que actúa cada vez más en un ámbito global.

 

[i] Ver ‘Consciousness in the Cosmos: Part II – The Evidence of Consciousness in the Cosmos’, Watkins Mind Body Spirit magazine, vol. 40

[ii] https://es.wikipedia.org/wiki/Atractor

[iii] Para más alineamientos numéricos ver ‘Consciousness in the Cosmos: Part II – The Evidence of Consciousness in the Cosmos’, Watkins Mind Body Spirit magazine, vol. 40

[iv] Ver The Collapse of Complex Societies de Joespeh Tainter

[v] http://www.kingsleydennis.com/awakening-to-our-empathic-mind-pt-1/

[vi] En particular Awakening Earth – The Global Brain de Peter Russell

[vii] https://es.wikipedia.org/wiki/Blog

[viii] https://en.wikipedia.org/wiki/Video_blog