CONSCIENCIA, COSMOS, PROPÓSITO 

Parte I – Implicaciones de una Visión No-local de la Consciencia Humana

Durante siglos, filósofos, artistas y científicos han estado debatiendo las cuestiones acerca de la consciencia humana: qué es y cómo surge. Este asunto también ha estado en el núcleo de muchas enseñanzas místicas, aunque en este caso ha tendido a basarse en la revelación en lugar de en la investigación y el debate. En el trascurso de numerosas y variadas indagaciones, las discusiones se han dividido entre visiones del mundo materiales y otras que, en líneas generales, podrían denominarse espirituales-materiales. En décadas recientes, gracias en gran medida al avance de tecnologías y métodos científicos sofisticados, los investigadores han sido capaces de mapear y estudiar el cerebro humano, incluyendo esquemas neuronales, desordenes cerebrales y rutas del pensamiento.  Esto ha llevado a muchos científicos a una certidumbre cada vez mayor de una visión material de la consciencia humana. En otras palabras, la consciencia es un subproducto del cerebro físico y como tal no puede existir sin función cerebral. Este es el paradigma dominante entre los científicos y los pensadores materialistas.  En los últimos años, con ulteriores investigaciones sobre los fenómenos no-locales y las teorías sobre la realidad como constructo holográfico, diversos científicos han reexaminado la comprensión aceptada de la consciencia humana. A partir de estas perspectivas renovadas, se ha ido produciendo una revisión de la naturaleza de la consciencia. En este artículo que he dividido en tres partes analizo, en particular, los puntos de vista del filósofo científico Ervin Laszlo y cómo el hecho de adoptar una visión espiritual-material del mundo, en lugar de una simplemente materialista,  puede conducir a nuevas ideas acerca de la naturaleza de la consciencia humana. Además, una comprensión no-local de la consciencia puede proporcionar repercusiones vanguardistas para una sociedad humana cada vez más interconectada. La investigación que se presenta en este artículo implica asimismo que, en gran medida, el futuro de la evolución humana en este planeta también tiene que ver con la evolución de la consciencia – específicamente, la evolución consciente. Paso ahora a examinar algunas de las nuevas perspectivas o ‘conceptos’ acerca de la consciencia humana.

 

En su trilogía Consciousness in the Cosmos[i] Ervin Laszlo propone lo que denomina  ‘Tercer Concepto de Consciencia.’ En resumen, el Dr. Laszlo describe diversas anomalías en las actuales teorías científicas ortodoxas sobre la consciencia. En su exposición Laszlo clarifica por qué es improbable que la consciencia sea producida por el cerebro como una especie de subproducto – lo que él llama ‘teoría de la turbina.’ En dicha teoría, que es el actual modelo dominante, el conjunto de experiencias que definimos como consciencia se genera por el cerebro vivo. Esto es similar a cómo funciona una turbina produciendo una corriente de electrones (de ahí la denominación de Laszlo). Por lo tanto, al igual que la electricidad es un subproducto de la turbina, así también la consciencia humana lo es del funcionamiento del cerebro humano. Esta teoría postula que la consciencia humana es  local puesto que se produce a partir de algo tangible. Asimismo, cuando el productor deja de funcionar – es decir, cuando el cerebro deja de estar vivo – la consciencia y las secuencias de experiencia relacionadas cesan igualmente. La ciencia médica,  mediante reiteradas investigaciones sobre cómo el funcionamiento deteriorado del cerebro produce una consciencia distorsionada, ha recorrido un gran trecho para validar la ‘teoría de la turbina’ de la consciencia.

La premisa básica de esta comprensión es que las redes neuronales del cerebro humano han evolucionado hasta tal nivel de complejidad que producen un nivel de auto-consciencia superior al de cualquier otro animal del planeta (excepto quizá delfines y marsopas). Por tanto, la ‘teoría de la turbina’ no se limita sólo a los seres humanos sino que es aplicable a la extensa gama de seres vivos del planeta. Además, en esta teoría, el nivel de complejidad en la evolución biológica se relaciona con el grado de consciencia producido por cada criatura viviente específica.

Incluso aunque en los últimos años han aparecido voces innovadoras acerca de las bases neurológicas de la consciencia, tales teorías pioneras aún mantienen una posición ortodoxa. Por ejemplo, el neurocientífico Christof Koch, director científico del Allen Institute for Brain Science, ha afirmado públicamente que ‘la consciencia surge dentro de cualquier sistema procesador de información suficientemente complejo. Todos los animales, desde los humanos hasta las lombrices, son conscientes…Esta es simplemente la manera de funcionar del universo.’[ii] Para Koch, la consciencia es un subproducto de la complejidad; por tanto, los sistemas complejos producen diversos niveles de consciencia, y ‘la cantidad depende de cuántos enlaces  tienen y de cómo están conectados.’[iii] Otra así llamada ‘teoría científica de vanguardia’ es la “reducción objetiva orquestada” (‘Orch OR’), propuesta por primera vez a mitad de los años 90 por el eminente físico y matemático Sir Roger Penrose y el destacado anestesiólogo Stuart Hameroff.[iv] Esta teoría argumenta que la consciencia procede  de un nivel más profundo, de actividades a una escala más fina dentro de las neuronas cerebrales. Aunque controvertida en su momento, en la actualidad ha ganado mayor credibilidad a partir del reciente descubrimiento dentro de dichas células de vibraciones cuánticas en “microtúbulos”, lo que parece corroborar esa teoría. Pero a pesar de estos ejemplos recientes de nuevas teorías científicas radicales sobre la consciencia, éstas todavía se aferran a las bases de un viejo paradigma: la ‘teoría de la turbina’. En otras palabras, que la consciencia es un fenómeno secundario resultante de una actividad primaria localizada en el cerebro humano.

A pesar del aparente fortalecimiento de la visión dominante de la consciencia, y debido a una serie de experiencias que parecen sembrar dudas sobre su validez, esta perspectiva está siendo sometida a reparos críticos crecientes.  Los desafíos a la ‘teoría de la turbina’ de la consciencia proceden de la evidencia gradual de experiencias conscientes ‘después de la muerte.’ Según el punto de vista ortodoxo, la consciencia cesa cuando el cerebro muere – es decir, sin generador no hay corriente. Para la mayoría de nosotros esto puede parecer una deducción obvia. No obstante, en la actualidad existe evidencia antagónica que contradice esta teoría. En muchos casos se está comprobando que la consciencia humana se mantiene incluso aun cuando una persona haya sido diagnosticada técnicamente de muerte cerebral. Un número suficientemente grande de personas diagnosticadas de muerte-cerebral ha informado de ‘experiencias cercanas a la muerte’ (conocidas como ECMs – en inglés NDEs: near-death experiences).  En cerca de un 25 por ciento de casos seguidos de personas con muerte cerebral se ha informado de experiencias conscientes. El fenómeno ECM ha sido descrito y debatido ampliamente por muchas fuentes dignas de confianza.[v] Además, este fenómeno no es nuevo y existen informes de ECMs sucedidos en tiempos medievales.[vi]  En ausencia de función cerebral, la existencia de consciencia – un subproducto de la actividad cerebral – no puede explicarse por la teoría dominante de la turbina. También hay numerosos indicios de que en casos de muerte permanente existe consciencia humana.  Es decir, muchos años después de que una persona haya muerto su consciencia permanece accesible al contacto y la comunicación mediante  canalización o formas de percepción extrasensorial. No obstante, en estos casos, la propia persona es incapaz de volver a la vida para corroborar personalmente la experiencia.  Aún así, en la actualidad hay suficiente evidencia creíble como para poner en duda la teoría dominante de que la consciencia es únicamente un subproducto de actividad cerebral localizada.

Partiendo de esta posición de incertidumbre crítica, Lazslo dio el siguiente paso sugiriendo que una manera de dar cuenta de tales anomalías es asumir que la consciencia se conserva en cierto modo más allá del cerebro; es decir, como un fenómeno no-local. Laszlo, utilizando la terminología informática,  postuló la ‘teoría de la nube’. En esta hipótesis, la consciencia es algo almacenado externamente al cerebro. En términos de la ‘teoría computacional’ de la consciencia de Laszlo, esto sería similar a cómo se conserva la información en plataformas digitales accesibles a las redes informáticas u otros dispositivos de computación en la nube. De igual modo,  usando esta analogía, la teoría dominante de la consciencia sería similar a un ordenador anticuado sin memoria interna que perdería todos sus datos al apagarse. Al respecto, la teoría de la nube plantea la consciencia como no-local, en lugar de cómo localizada dentro del cerebro. Además permite que el almacenamiento y la memoria, de la consciencia no sean solo individuales sino múltiples. Esta perspectiva de acceso a múltiples consciencias, más allá de la individual, recuerda la consciencia colectiva de Jung. Esta teoría parecería dar apoyo a las observaciones de psiquiatras e investigadores que han inducido estados alterados de consciencia en sus clientes.  Cuando se encuentra en dichos estados, la gran mayoría de la gente tiene la capacidad de recordar prácticamente todo lo que le ha sucedido. Más aún, su recuerdo no se limita únicamente a su propia experiencia sino que también puede incluir  las experiencias de otras personas.[vii] Esta teoría de la nube sugiere por tanto algo parecido a un campo colectivo de consciencia que hace disponible una información completa relativa al modo de acceso. Esta perspectiva comparte semejanzas con la investigación científica del Campo Akásico[viii] y la Resonancia Mórfica[ix]. Pero también parece que a pesar de lo apropiado de la teoría de la nube, ésta tampoco tiene en cuenta todas las observaciones.

En varios informes registrados de estados alterados de consciencia parece que ese contacto/acceso no solo se realiza con vestigios de la consciencia no-local de cada uno sino también con una inteligencia consciente característica diferenciada. Es decir, con una consciencia activa que no es la de una persona viva. Tales experiencias, en un tiempo pertenecientes al campo de las tradiciones indígenas o chamánicas, han entrado progresivamente en las culturas dominantes. Con anterioridad, tales ‘encuentros’ se etiquetaron como místicos o fueron simplemente ignorados como una anomalía extravagante. Sin embargo, a medida que la ciencia occidental ha desarrollado su exploración de los ámbitos internos (como en la psicología transpersonal y en prácticas similares), tales experiencias se han generalizado y por tanto deben tenerse en cuenta. De esta evidencia surge una conclusión notable: que la consciencia humana puede conectarse y a menudo comunicarse con entidades conscientes que no solo ponen de manifiesto un sentido del yo, sino que también acarrean información y recuerdos diferentes. Esta experiencia no puede explicarse por la teoría dominante de la turbina ni por la más radical de la nube. Según Ervin Laszlo, la explicación más probable es un ‘tercer concepto’ – que la consciencia es un fenómeno cósmico de cualidades holográficas (la ‘teoría holográfica’).

Para Lazlo, la teoría holográfica plantea que la consciencia puede manifestarse en el espacio-tiempo pero que es una fuente que existe en una esfera más allá del mismo. En otras palabras, la consciencia tiene su origen en una dimensión más profunda (en una ‘matriz cósmica unitaria’), y aún así se manifiesta en nuestra realidad cuantificable como una proyección holográfica.  Esto, dice Laszlo, sugiere que todas las formas de consciencia localizada son manifestaciones de una consciencia integral que está allende el espacio-tiempo. Las implicaciones de esta comprensión son que la consciencia no está en el cerebro, no es producida por el cerebro ni almacenada más allá del mismo, sino que es un aspecto localizado de una inteligencia consciente que impregna el cosmos y que tiene su origen más allá del espacio-tiempo. Tal comprensión nos conduce más allá del pensamiento lineal en el que la consciencia es vista como un subproducto del cerebro, hacia un pensamiento integral que dice que el cerebro recibe e interpreta la consciencia infundida en el cosmos, pero no la produce.  Esta comprensión, apoyada por los hallazgos científicos más recientes, apunta hacia una matriz cósmica unificada  (a la que también se ha aludido previamente como punto-cero, pleno cósmico o vacío) generadora de lo que percibimos como espacio-tiempo. La materialidad del espacio-tiempo es por tanto una proyección holográfica, codificada a partir de una matriz cósmica subyacente, que es la fuente de la inteligencia consciente. Todas las cosas que emergen en nuestra realidad son proyecciones holográficas procedentes de una dimensión más profunda.

La comprensión de que la consciencia pertenece a una dimensión más profunda de la realidad ha pertenecido al ámbito de una extensa tradición perenne aceptada por muchos personajes espirituales y artistas célebres, e incluso por un puñado de científicos intuitivos. En la actualidad está emergiendo como el nuevo paradigma científico de nuestra era. Y la evidencia de ello, al parecer, radica en la increíble coherencia del cosmos.

 

[i] Tal como apareció en la revista Watkins Mind Body Spirit, vols. 39/40/41

[ii] Ver http://www.wired.com/2013/11/christof-koch-panpsychism-consciousness/all/

[iii] Ver http://www.wired.com/2013/11/christof-koch-panpsychism-consciousness/all/

[iv] Ver http://www.sciencedaily.com/releases/2014/01/140116085105.htm

 

[v] Ejemplos notables incluyen: Science and the Near-Death Experience; How Consciousness Survives Death de Chris Carter; Dying to Be Me: My Journey from Cancer, to Near Death, to True Healing de Anita Moorjani; Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife de Eben Alexander;

The Immortal Mind: Science and the Continuity of Consciousness Beyond the Brain de Ervin Laszlo & Anthony Peake; Return from Death: An Exploration of the Near-death Experience de Margot Grey; y Whole in One: The near-death experience and the ethic of interconnectedness de David Lorimer.

[vi] Otherworld Journeys: Accounts of Near-Death Experience in Medieval and Modern Times de Carol G. Zaleski

[vii] Por ejemplo, véase el trabajo de Stanislav Grof – http://www.stanislavgrof.com/

[viii] Science and the Akashic Field: An Integral Theory of Everything de Ervin Laszlo

[ix] Morphic Resonance: The Nature of Formative Causation de Rupert Sheldrake